Luis Fernando Peláez (Jericó, 1945) exhibió una serie de siete objetos que aluden a la memoria, reafirmando la pulcritud en sus construcciones para transmitir ideas contenidas en el imaginario colectivo. Son ellas flujos de luz que cobijan la presencia de objetos como vacas, perros, paisajes de río, entre otros, que ahondan en la geografía mental y nos permiten un reconocimiento tan claro e inmediato que no es necesario tener los ojos abiertos porque aquello es un déjà vu. Son cajas que contienen paisajes (en el caso específico de fotografías tomadas por el artista del río Tajo en Lisboa, Portugal) bañados no solamente de nostalgia sino de materia que asemeja humedad, con la cual Peláez ha sabido construir una tradición objetual que recuerda sus trabajos anteriores.
Su obra permite realizar un barrido histórico e hilar entre la sutileza de los cambios que con cada serie plantea. Permite al espectador acercarse de una manera casi personal a la obra que comprende el transcurso del tiempo desde la contemplación de las vacas cruzando el río, y esta frecuencia representa esa calma que observamos entre sus piezas en la galería.

La obra de Luis Fernando Peláez, y específicamente la serie Mediodía, no propone sobresaltos ni sorpresas, más si un estado mental que nos liga al artista y a su manera de calmar el afán del arte por medio de bucólicas escenas contenidas en nuestro archivo personal de recuerdos.
En contraste con lo anterior, José Horacio Martínez presenta una serie de 22 piezas titulada Desde el jardín con la cual pone de manifiesto la diversidad de caminos que recorre con su inquietud artística y, sobre todo, el virtuosismo de transformar un discurso conceptual formado en las entrañas de la academia, en una forma simple, de fácil reconocimiento y bella.
Para describir la obra de José Horacio Martínez hay que recurrir a la utilización de hipérboles y exageraciones porque para entender el poder, la contundencia y la fuerza de su propuesta, son éstas las palabras indicadas que poseen la suficiencia para transmitir la intención.
Desde el jardín es un enorme flujo de sensaciones, esta vez, de actitud hacia el color, sus posibilidades y el atrevimiento con que se aborda.
Grandes lienzos rectangulares (50 x 180 cm c/u) a disposición del poseedor para ser colgados vertical u horizontalmente, enormes superficies de intensidad que, a pesar de contrastar visualmente con las propuestas anteriores, guardaron muy bien el secreto de la sonoridad, es decir, son obras que gritan el color y, por ende, participan de la propuesta plástica que Martínez ha manejado relacionando la pintura con otros elementos no necesariamente visuales en la obra.

Pero es en realidad el contraste de los escenarios pictóricos el que genera un interés en la muestra de la Galería El Museo, y la objetualidad transformada en dispositivo sensorial la que permite un tercer escenario ligado directamente al espectador.
Este tercer componente abarca desde la manera simultánea como se dibuja la imagen del pintor y la forma en que las obras construyen un diálogo con el espectador y le permiten ver la multiplicidad de criterios que su plástica entreteje. Es este escenario el que hace posible dilucidar ante los nombres propios, Peláez y Martínez, un espacio de reflexión que permite la continuidad de la pluma en el papel, debido a la exposición de los placeres simples contenidos en la muestra. Peláez, observando hacia el interior, descubriendo pasajes contenidos en una memoria sin tiempo, que abarca no solamente una pluralidad geográfica, sino una relación estrecha con la vivencia. Martínez, desgranando el color hasta su exuberancia y componiendo a través de él espacios cargados de posibilidades contemplativas, porque como el mismo artista afirma, estas obras “Son espacios capaces de ser poblados”.
ESTEFANÍA SOKOLOFF
