Exposición Individualoct 2004 - dic 2004· Por Graciela Kartofel

Karin Waisman

Haim Chanin Fine Arts


No hablaremos aquí de belleza para no inducir a estereotipos o discusiones acerca de los cambios de cánones. La obra de Waisman evoca ciertos momentos de la historia de la ornamentación. No hay ni debe haber turbación por trabajar con lo ornamental, con el tono rosa, con lo que se desvanece, con lo sutil, con lo sensual. En la mirada de un artista es donde se gestan nuevas epopeyas. En las últimas dos décadas, la arquitectura atiende a la íntima relación entre la función y la armonía a través de novísimos materiales y usos tecnológicos. Las artes visuales establecen nuevos lenguajes, diversas armonías y disonancias.

Exposición Individual: Karin Waisman — imagen 1
Karin Waisman. Relieve II, 2002-2003. Resina fundida. 259 x 259 x 5 cm. (102 x 102 x 2 pulgadas).

En la concatenación de pensamiento y realización, la autora desarrolla su interés por ciertos aspectos ornamentales de la arquitectura, comparables a encajes de los siglos XVI y XVII, y a la germinación. Todos estos elementos coinciden en laboriosos trabajos que Karin Waisman expresa con absoluta levedad matérica aun cuando ocupen grandes dimensiones. En el año 2001, la artista realizó un proyecto que es el antecedente de The Garden of Eden, la pieza central de la exposición que nos ocupa. En todas sus obras, la artista pone de manifiesto con especificaciones y sutilezas un lenguaje barroco, femenino, analítico, organizado por medios geométricos, con intrincados motivos en los cuales lo germinal subroga lo erótico.

Ésta es la primera exposición individual de la artista, The Garden of Eden, llevada a cabo en Nueva York. En ella se presenciaba obra contemporánea que atiende a diversos entretejidos de armonías entre pasado y presente. La integran el siguiente conjunto de piezas: una instalación en forma de cubo, relieves y dibujos. El cubo rosado que daba título a la exposición es una instalación de 3 x 3 x 3 m (10 x 10 x 10 in) en paneles de Styrofoam rosa cortados e insertados constructivamente. En la galería, The Garden of Eden estaba ubicado sesgado, recibiendo a los visitantes a la par que imponiendo un límite a pocos pasos de la puerta. A pesar de ello, de las dimensiones y la apariencia estable de la pieza, la obra brindaba otras varias lecturas dematerializantes debidas a su tono rosado, a los contrastes de luz y a su superficie exterior tersa, en la que se divisaban invitantes mirillas.

A través de las varias mirillas o perforaciones a diversas alturas —“pensando en que los niños también pudieran acceder a las visiones del interior”—, se ampliaban las percepciones que se recibían a la entrada de la galería: opacidad-luz, plano-relieve, exterior sintético-interior orgánico, ocultar-desocultar, despojado-saturado… A través de las pequeñas aberturas, cada uno de los silenciosos paneles exteriores generaba una comunicación diferente, manifiestamente opuesta. La mirada hacia el interior mostraba cada uno de los paneles totalmente trabajados con relieves, en un resuelto horror vacuis. Aún hoy en día, en que las lecturas simbólicas ya no son lo significativas que fueron en otras épocas, corresponde mencionar que paralela a la estética de Garden of Eden, el espectador percibe en el interior del cubo simbólicos impulsos de vida, los cuales también podrían caracterizarse como cálidos laberintos orgánicos. En todos los relieves que realiza Karin Waisman, la saturación de los espacios está pautada por el zigzagueante trabajo sobre la superficie de la obra. Retomando el tema de las perforaciones, que atraviesan de lado a lado el Styrofoam, están resueltas en dimensiones pequeñas; de esta manera se alcanzan a ver secciones pero no todo el interior del cubo. Dada la ubicación de la instalación, el espectador que observara por una perforación desde la cara más cercana a la entrada de la galería, descubría que a través de una coincidencia de mirillas en el cubo, alcanzaba a vislumbrar parcialmente otra de las obras de la exposición, el Relieve II, blanco, ubicado en la pared posterior.

Los dibujos y los relieves aluden a ornatos y jardines inventados, vistos y soñados. Cada vez hay más libertad en el gesto, las obsesivas formas que se obtienen establecen diversos encadenamientos; en la abstracción cohabitan camufladas ciertas formas crustáceas y expansiones amariposadas. Las caladuras dejan respirar a los planos de fondo; el laberíntico discurso lineal lucha con los espacios libres que se defienden de la jungla. En cuanto a los relieves, las densidades de material varían, los continuos y los vacíos se concatenan, los llenos son poco frecuentes. En los relieves, el contorno irregular gorjea ciertas libertades aunque el cuadrado domina la forma general.

El ser del no ser se presencia en trazos de vida y de muerte. Penélope es invocada en los infinitos arabescos del tejido de la historia, y de su paralelo, el tejido de la naturaleza. Es inegable la faceta romántica, es interesante su resolución en materiales sintéticos: resina, vellum, styrofoam. Coinciden en ser todos estos materiales tangibles y livianos, adjetivos que califican definitivamente el hacer de la autora: evidente y etéreo.


GRACIELA KARTOFEL

Karin Waisman, por Graciela Kartofel | artnexus