Exposición Individualoct 2004 - dic 2004· Por Victoria Verlichak

Karin Schneider

Galería Dabbah-Torrejón


La artista, que vive y trabaja en Nueva York, examina viviendas familiares y edificios públicos —principalmente de los Estados Unidos—, realizados dejando de lado la demanda por la simetría, variando las proporciones tradicionales, experimentando con diferentes formas y materiales, revolucionando las prácticas de la construcción. Paradigmáticas de distintas etapas del modernismo, estas arquitecturas —luego modificadas por Schneider—, mayormente, tuvieron como marco de referencia el proyecto utópico de comienzos del siglo pasado. Entonces, la promesa de un futuro de progreso y bienestar fue celebrada desde la arquitectura y compartida por las artes visuales, incluida su aceptación de la abstracción.

En primera instancia, las obras denotan la rebelión de la artista contra la dictadura de los arquitectos y sus grandilocuentes proyectos —en primer plano, por los descomunales museos—catedrales construidos en los países centrales en la última década. Bien miradas, las piezas —transmutadas por la artista en objetos escultóricos y, desde una perspectiva de género, en objetos funcionales— son una revelación de un sistema político-económico donde prima lo accesorio antes que lo necesario.

En un mundo con carencias habitacionales espeluznantes, Schneider toma las extravagantes y afamadas construcciones citadas y las despoja de su fin primero, proponiendo nuevos usos.

Exposición Individual: Karin Schneider — imagen 1
Karin Schneider. ¿Un nuevo paisaje doméstico?, 2004. Vista de la instalación y performance.

El inodoro Gegg es “un modelo para la construcción de un inodoro real para instalar en un baño”, creado a partir de la traza del Museo Guggenheim de Nueva York, creado por Frank Lloyd Wright en 1942 (y terminado en 1959). Contundente, Schneider sentó en la maqueta del inodoro a una muñeca negra estilo barbie, vestida con el uniforme de la selección de fútbol brasileña. Doble protesta contra la institución con sede en la Quinta Avenida que pretendió extender su franquicia global a Río de Janeiro, a pagar por el estado y pueblo brasileños, y que albergó la muestra Brasil 500 años, organizada por empresarios brasileños, llena de clichés y convertida en un punto de venta turístico del país.

La casa Coca-Cola es una pequeña refrigeradora transparente modelada tras la Glass House (casa de vidrio) de Phillip Johnson. Este ícono del modernismo fue construido en 1949 en Connecticut, bajo la indiscutida y decisiva influencia de Ludwig Mies van der Rohe, director de la Bauhaus desde 1930 hasta el cierre de la escuela por los nazis en 1933. Es interesante que Schneider utilice la planta de la casa de vidrio para enfriar la bebida más famosa. La artista apunta sus dardos al arquitecto y refuerza el valor de la bebida como emblema de las corporaciones y del consumismo internacional. Johnson y otros cultores del International Style —que siguieron algunos lineamientos de la Bauhaus: contra todo esquema e instalado en lo cotidiano, propiciando la libertad creativa y la sensibilidad para lo nuevo, con claras líneas y luminosidad—, vaciaron al modernismo del tinte socialista que tenía en Europa.

En manos de Schneider la bella (y ahora recuperada) terminal de la quebrada empresa aérea TWA, diseñada por Eero Saarinen (hijo del arquitecto finlandés Eliel Saarinen) y construida en 1956-1963 en el aeropuerto Kennedy, se convierte en una máscara-sombrero que duplica la sensación de movimiento, transición y libertad del edificio original, con sus formas curvilíneas a la manera de alas a punto de echarse a volar. La máscara-sombrero fue creada contra la paranoia instalada actualmente en los aeropuertos, gracias al 11/S y a la política de George W. Bush, y paseada convincentemente por una modelo durante la inauguración.

La casa Suschindler se halla inspirada en la King’s Road House del austriaco Rudolph M. Schindler en West Hollywood (1921-1922). Es una construcción moderna —casa y estudio del arquitecto; pensada para ser compartida con la familia de su ingeniero— de cemento que responde al clima y la luz de California y que terminó por convertirse en prototipo de la arquitectura californiana. Ahora, deviene en mesa para comer sushi para regocijo de los presentes en la muestra, recreando un sitio de encuentro extraído del espíritu original de la casa.

Stazione di Piacere Gio Ponti es una caja que contiene cigarrillos y chocolates, ofrecidos por una joven durante la inauguración. Fue pensada a partir de la Villa Planchart (1955), la casa que el arquitecto y diseñador industrial italiano Gio Ponti realizó en una colina de Caracas para la familia Planchart; ejemplo de una clase dirigente que mira a los modelos externos. Ponti, que fundó la revista Domus en 1928, no sólo realizó la casa sino que diseñó cada uno de los objetos de su interior, desde los muebles hasta la iluminación. Schneider suele cubrir Stazione con un techo alado, quedando como la original “casa de la mariposa”.

Además de cumplir con parámetros de vanidad y belleza, las construcciones abastecen una de las necesidades más importantes del ser humano: el techo. Los objetos nacidos de ellas sirvieron para el análisis y el juego. La artista protestó y la Coca-Cola enfrió. El sombrero paseó y el sushi se comió. Las golosinas y cigarros fueron saboreados.

Schneider es también cofundadora, junto a Nicolás Guagnini, de Unión Gaucha Productions, una compañía de cine experimental.

VICTORIA VERLICHAK

Karin Schneider, por Victoria Verlichak | artnexus