Exposición Individualoct 2004 - dic 2004· Por Erena Hernández

José Manuel Fors

Casa de las Américas


Precisamente Las cartas fue el título de su exposición. “Las cartas —ha dicho Fors— han sido utilizadas por mí desde hace algún tiempo, como parte de mi afición por la memoria, pero no les había dedicado un espacio exclusivo. Reproduje muchas de las que conservo de familiares y amigos, combinándolas con las fotografías que las acompañan. En ocasiones superpuse la imagen con lo escrito en el dorso. Utilicé transparencias para las impresiones, lo que contribuyó a dar la sensación de capas o superposiciones de imágenes o recuerdos. Todo fue concebido como una obra única, continua, a modo de instalación. La idea era muy simple y bastante personal, y a pesar de que se descubren a través de esas cartas sucesos como las migraciones, el exilio, el aislamiento o la lejanía, eventos felices o no, mi propósito era sólo recrear ese mundo de caligrafías y papeles doblados o manchados”.

Exposición Individual: José Manuel Fors — imagen 1
José Manuel Fors. Las cartas, 2004. Impresión digital sobre cartulina y acetato. 8 x 200 cm. (3 1/5 x 78 3/4 pulgadas).

Fors, un hombre de 48 años, fue el único hijo de un matrimonio que tenía tras de sí una numerosa familia. De ellos, el único que queda en Cuba es Fors, quien comparte su tiempo entre Vigo y La Habana. El resto, o ha muerto o ha emigrado. Aunque no ha vivido encerrado en su casa, el universo de su obra ha estado inmerso en su mundo interior. A la hora de crear, lo que acude a su mente no es lo percibido en el exterior sino lo que está dentro de su hogar.

Un fuerte asidero como material de trabajo ha sido también para él la figura de su abuelo Alberto José Fors (1885-1965), considerado el padre de la silvicultura cubana. Un hombre que en los años 40 se dedicó a reforestar el país, a introducir especies de árboles desconocidos en Cuba, a escribir libros, a conformar un muestrario de maderas y a tomar cuantiosas fotografías que él mismo procesaba.

Para ese silvicultor, en el bosque es difícil encontrar un árbol cuya existencia no dependa en algún modo de los otros. Consideraba a los árboles vecinos de buena fe, quienes conviven sin temores o prejuicios, en forma cooperativa. Para él, caminar por el bosque implicaba sentir la atmósfera de una poderosa influencia, como si el alma encontrara allí un descanso.

El nieto del silvicultor descubrió pronto en su propia casa los recursos técnicos para hacer fotos, y comenzó a fotografiar todo lo que tenía a su alcance (dentro de su casa), y a manipular las fotos y las cartas familiares, fuertemente atado a la memoria. No obstante, cuando uno ve las obras de Fors, no piensa en él como en un fotógrafo en el estricto sentido del término, se le aprecia tan sólo en tanto artista, a secas… alguien con gran sensibilidad, la suficiente para hallar plasticidad en las cosas más insignificantes e inimaginables.

Quizás debido a su formación como museógrafo, Fors es un fanático del espacio y de las formas. Aunque aún utiliza en ocasiones los medios tradicionales de hacer fotografía, se encamina más a trabajarla con todas las posibilidades que le brinda la computación, sobre todo cuando tiene muchos compromisos de exposiciones y debe ganar tiempo. Pero a Fors no le interesa que lo consideren un creador de obra digital: trata que el espectador vea sus imágenes y no logre discernir si han sido hechas por una u otra vía. De hecho lo logra.

Fors, quien formó parte del grupo que hizo la histórica exposición Volumen I en 1981, ha pintado, hecho ensamblajes con objetos encontrados (en su casa), y cuando ha concebido paisajes o instalaciones, ha echado mano a la hojarasca encontrada en el bosque, o ha fotografiado árboles o manipulado el muestrario de maderas de su abuelo. Ya hace tiempo también incorpora objetos a las fotos.

En Las cartas, al igual que en otras exposiciones, al artista no le interesa si el espectador devela o no el contenido de las imágenes, ni en este caso lo que dice la correspondencia caligrafiada en material transparente. Le atrae tan sólo el impacto visual. Procura que las obras resulten casi abstractas, dando predominio siempre al blanco, al negro, al ocre, al verde obscuro y al sepia. De la misma manera que encuentra valor en el diseño de un simple objeto de uso doméstico, le fascina el efecto impactante de las formas geométricas, que prevalecen en sus composiciones.

Aunque los temas y recursos de Fors provienen —además de su mundo íntimo— básicamente de la naturaleza, tampoco puede catalogársele como un artista motivado por la ecología, ni de artista digital. Es tan sólo un creador cuya finalidad es quizá que comprendamos, al igual que él, que la plasticidad y la belleza (no el decorativismo), pueden estar al lado nuestro, y generar en nosotros la misma atmósfera de bienestar y armonía que veía su abuelo entre los árboles del bosque.

ERENA HERNÁNDEZ

José Manuel Fors, por Erena Hernández | artnexus