Exposición Individualoct 2004 - dic 2004· Por Verónica Cordeiro

Jarbas Lopes

André Millan Gallery


Habiendo declarado que “… el esplendor del mundo ha sido enriquecido (…) por la belleza de la velocidad… un ruidoso automóvil que parece prolongarse en fuego de ametralladora…” (ítem 4 del manifiesto), uno se pregunta cuál será el punto de vista de los futuristas con relación a la guerra y la supremacía de la máquina casi cien años después, en una época en la que la obsesión tecnológica y los inmanejables terrores de la guerra determinan los pasos siguientes de la sociedad en el mundo.

Para Jarbas Lopes (Nova Iguaçu, Río de Janeiro, 1964), una de las respuestas a las demoledoras consecuencias de los avances tecnológicos y su sustitución de la fuerza y el trabajo humanos es precisamente contraria a la idea de Marinetti: el desarrollo de sistemas más lentos que funcionarán como antídotos para la progresión motorizada y la velocidad, concentrándose en la reintegración del cuerpo en la vida diaria: lo que su colega artista y escritor Luis Andrade denominó Tecnologia do corpo (Tecnología del cuerpo), que “pone el tema del contacto físico con la producción del contexto en el centro de la acción creativa.”

Algunos de estos sistemas son concebidos para ejecutarlos en la realidad, otros, por los efectos benéficos que su idea puede traer para el imaginario humano. Al invertir en estructuras físicas más precarias, la innecesaria velocidad de la vida actual sería sustituida por pausas reflexivas junto con las cuales vienen la poesía, la música, la lúdica, el ocio y, a manera de interpretación sinónima de estos cuatro, el arte. Un arte que hace énfasis en la importancia del tacto, la intuición, la espontaneidad y, sobre todo, la vivência (experiencia de vida) y la colaboración colectiva: en una forma que no difiere del proceso creativo y participativo del carnaval brasileño, una experiencia importante e inspiradora para Jarbas Lopes.

Exposición Individual: Jarbas Lopes — imagen 1
Jarbas Lopes. Estacionamiento, de la serie Cicloviaérea 2001-2004. Esfero sobre papel. 30 x 21 cm. (11 3/4 x 8 1/4 pulgadas).

Dos de estas “invenciones” recientes constituyeron el núcleo de la última exposición individual del artista en la Galería André Millan: una imaginaria vía aérea para bicicletas, Ciclovía aérea, compuesta de dibujos y bicicletas hechas a mano, que ofrecía una poética alternativa a la vía rápida; y la construcción mimética de la micro-destilería del científico, geólogo y formulador de políticas de energía privadas y públicas, Marcello Guimarães.

Ciclovía aérea tomaba forma gradualmente en la mente del espectador por medio de los dibujos hechos con esferográficos comunes, reflejando el proceso asociativo de su elaboración. Partiendo de ilustraciones más concisas de ruedas de bicicleta, movimientos de spinning, senderos casuales, dispositivos de aparcamiento, los dibujos se desarrollan a partir de la imaginación del artista y se convierten en otros mundos paralelos, como una rueda patas arriba, en alusión al ready made de Duchamp, o el papel del dinero en relación con la naturaleza, empleado para ilustrar billetes brasileños (por ejemplo, la tortuga en el billete de dos reales), sin jerarquía icónica o formal.

La ciclovía existe como un ligero puente en bajada o un sendero en las montañas, una especie de fábula de Calvino, de sueño que transformaría la vida en una experiencia mucho más libre. Pero la ciclovía también es una resistencia a los vapores de la gasolina, el ruido, la prisa y la dureza de la vida callejera cotidiana. La exposición incluyó cuatro hermosas bicicletas de mimbre hechas a mano, la primera de las cuales había sido expuesta en 2002 en la principal avenida financiera de São Paulo, la Avenida Paulista.

Durante la inauguración de la exposición de este año, Janaína, la hija de 10 años de Lopes, cuya firma reivindicaba la autoría de dos dibujos que hacían parte de la exposición (los hijos del artista se unieron al proceso de creación mientras él hacía sus dibujos), se divirtió montando en las bicicletas, tanto dentro como fuera de la galería.

Lejos de las inauguraciones tradicionales con vino y canapés, ésta fue una completa fiesta de samba diurna y performance dirigida por el tradicional compositor y cantante Jorge Melodia y sus percusionistas, todos de Río. A los visitantes se les invitó a participar y se les dieron matracas, cascabeles, tambores o cualquier otro instrumento y una buena dosis de cachaza (licor brasileño a base de caña de azúcar), así como un CD con canciones producidas por Melodia con base en poemas tomados de un texto crítico de Andrade sobre la obra de Lopes. Después de entrar en calor fuera de la galería por unas horas, los músicos, Lopes, su familia y amigos llevaron el sonido y sus cuerpos en movimiento por la exposición, deteniéndose en la micro-destilería, en el salón principal.

Lopes recreó la destilería de Guimarães como una “Destilería alegórica”. Era una réplica del proyecto real, hecha de poliestireno, pintura plateada, PVC y papel. Otros dibujos exhibidos junto con los de Ciclovía aérea mostraban el estudiado ejercicio de comprensión del artista sobre su funcionamiento. La micro-destilería hace parte de un programa de descentralización de la producción de alcohol en Brasil, con el propósito de generar energía de una manera acorde con el medio ambiente, distribuir los ingresos y ampliar el mercado interno del país.

Uno no podía menos que meditar sobre la ironía de esta réplica: si la ciclovía aérea es un invento futurista (con los objetivos ideológicos opuestos de los futuristas), la materialización que hizo Lopes de la micro-destilería —una propuesta real en tándem con variantes de economía alternativa— revela la eterna falla de las visionarias posibilidades políticas del país. Es un proyecto real que ofrece soluciones reales a los gastos de gasolina, la extinción y los desperdicios tóxicos, pero, ¿quién se hará cargo de él?

VERONICA CORDEIRO

Jarbas Lopes, por Verónica Cordeiro | artnexus