La Galería Biaggi Faure en San Juan presentó la exposición del artista Jaime Romano titulada Contraplanos. Una muestra de “objetos” que tiene entre sus notas características el virtuosismo técnico y la elegancia visual. La muestra de 11 piezas en acrílico, arena, lienzo y madera, y 4 ensamblajes en acrílico, papel, arenilla y objetos encontrados sobre planchas de zinc, cobre y madera es descrita por Romano como contraplanos. Romano comenta en el catálogo de la exposición sobre el término con el que identifica sus obras:
"Contraplanos hace referencia a una técnica cinematográfica, enriquecedora de la narrativa. También llamada contracampo, es el paso de una toma de una misma escena a la siguiente desde un punto de vista opuesto. El título posterior a las obras expresa el concepto de unas construcciones irónicamente carentes de narrativa, a cuya totalidad se puede entrar por distintos y contradictorios planos".
Las obras de Romano son objetos que aúnan aspectos de lo pictórico y escultórico y que parecen estar más cerca de un arte realista que de la abstracción, aun cuando en ellas no se aluda a ningún aspecto de la realidad. Son objetos que reafirman la materialidad de sus componentes físicos y los entrantes y salientes que crean los planos de los paneles adosados al muro. El artista ha señalado que no son pinturas. No se recrea en ellas la profundidad espacial mediante la yuxtaposición de manchas de color ni se destaca el signo sobre la superficie.

No obstante, la mayoría de las piezas, aproximadamente de 36 x 45 pulgadas, tienen formatos planos y colores intensos contrastados como gran parte de la pintura abstracta. Las piezas están divididas en dos paneles desiguales unidos por una “incisión” o hendidura pintada. Las superficies de las telas que conforman los paneles de estas piezas tienen capas de arena, pegamento y pigmentos. Romano no las concibe como representaciones de texturas sino que son lo más cercano a las texturas mismas. Contraplanos son objetos planos que pueden mirarse desde distintos ángulos, incluídos los costados; éstos no son bordes o marcos, sino planos estrechos. La obra abstracta de Romano se aleja del gesto biográfico de Pollock y de la aspiración a la trascendencia de Rothko, acercándose a propuestas como la de Jeremy Gilbert Rolfe, en las que la abstracción significa superficie, cambios de punto de mira y materialidad.
Romano se ha insertado, luego de un proceso de experimentación y búsqueda conceptual, en un juego entre la estructura absoluta y la fluidez de la mancha. De una investigación suscitada por la obra que presentó en el Museo de Arte Contemporáneo de Puerto Rico en 2002 sobre el collage y las superficies bidimensionales, renueva la abstracción validando la disolución de los límites entre la pintura y la escultura. Los Contraplanos no pasan de ser un schiacciato de entrantes y salientes con un foco de interés: la superficie. Ésta, rugosa, arenosa y con protuberancias, a veces imperceptibles, atrae al observador atento que no sólo busca mirar sino tocar. No obstante, lo visual no se desatiende a favor de lo escultural, cada plano o panel es una superficie de color intensa que contrasta con su duplo y por la hendidura que le separa.
Una contradicción estructural es intrínseca a la propuesta no representativa de Romano: lo visual atenta con desestabilizar la obra como objeto. Los planos de superficies arenosas reafirman la materialidad del objeto mientras que el cromatismo intenso y vibrante nos hace buscar un espacio pictórico que niega la superficie. Es en esa contradicción donde reside la fuerza conceptual de esta obra. Romano ha puntualizado: “sin referentes externos, el lienzo no es más que lienzo, la madera no es más que madera, la materia y el color sólo se representan a sí mismos". Sin embargo, las asociaciones con lo pictórico no desaparecen. El formato bidimensional y los contrastes de color hacen que, en primera instancia, asociemos estos “objetos” con una pintura. No obstante, surge la pregunta, por la hendidura. Este elemento, a pesar de estar pintado, rompe la secuencia del formato tradicional creando un entrante que reafirma la separación entre los dos paneles de los contraplanos. La hendidura es un relieve bajo que impide la ubicación imaginaria de un paralelo al horizonte, en la parte inferior del cuadro, para proyectar los objetos y construir la perspectiva. Romano ha puntualizado también que este elemento no está en función de separar o unir las dos partes de un díptico, su finalidad es la de permitirle al observador “entrar” o mirar la obra desde distintos planos y puntos de vista.
Pareciera que el observador pudiera leer de dos maneras opuestas las piezas de Contraplanos, dependiendo de las convenciones artísticas que más fuerza tengan en él a la hora de hacerse las preguntas sobre ellas. La esencia camaleónica de la obra de Romano alude al debate sobre la muerte de la pintura. y se inserta en el tema sobre la naturaleza de las imágenes. Sobre el segundo aspecto: el tema de la naturaleza de las imágenes, la práctica al igual que la crítica y la filosofía del arte han abundado sobre el particular. W. J. T. Mitchell en su teoría de la imagen o picture theory elabora una tipología que incluye las imágenes rompecabezas, las meta imágenes, las imágenes dialécticas y las imágenes parlantes. Las metaimágenes son aquellas obras que suscitan una reflexión sobre la naturaleza misma de las imágenes. Los Contraplanos de Jaime Romano se pueden clasificar dentro de esta categoría, una obra con una finalidad teórica. Exponen una teoría sobre lo que puede ser una obra artística. La obra de Romano vendría a ser un argumento y un ejemplo del argumento, a la misma vez, sobre la objetividad de la propia materia que cristaliza en una atención a la mutabilidad del lenguaje artístico. El abandono de la lógica del cuadro tradicional y la imposibilidad de restaurar la unidad de la pintura moderna garantiza el carácter inagotable de las combinaciones artísticas en la postmodernidad.
La exposición está acompañada de un catálogo con el mismo nombre, Contraplanos.
INGRID MARÍA JIMÉNEZ MARTÍNEZ
