Exposición Individualoct 2004 - dic 2004· Por Julia P. Herzberg

Iván Navarro

Roebling Hall


Los talentos del artista se desarrollaron muy bien en su más reciente exposición individual, Monuments for D. Flavin, presentada en Roebling Hall, de Brooklyn, Nueva York1. Los puntos de partida formales y conceptuales de Navarro para sus cinco piezas escultóricas fluorescentes fueron las series sin título de finales de la década de 1960 de Dan Flavin, consistentes en esculturas de luz blanca fluorescente que éste le dedicó al artista ruso Vladimir Tatlin (1885-1953). A mediados de los años sesenta, después de terminar la serie de esculturas murales (muchas de las cuales están en la colección de la DIA Foundation), Flavin escribió acerca de los monumentos: “Hasta ahora, he hecho un intento considerado por colocar la silenciosa luz eléctrica en concierto crucial punto por punto, línea por línea y, por otra parte, en la caja que es un cuarto. Esta dramática decoración se ha fundado en la reciente tradición de una revolución de la plástica que se apoderó del arte ruso hace sólo 40 años. Mi dicha es tratar de construir a partir de esa experiencia ‘incompleta’ como lo considero apropiado. [La obra] en fría luz blanca fluorescente conmemora a Vladimir Tatlin, el gran revolucionario, que soñaba en el arte como ciencia. Se yergue un orden que ambiciona con vehemencia, en lugar de su planeador, que nunca despegó”.

Exposición Individual: Iván Navarro — imagen 1
Iván Navarro. Joy Division, 2002. Tubos fluorescentes 60,9 x 122 x 122 cm. (24 x 48 x 48 pulgadas). Edición 2/3.

De esta forma, Flavin reconoció el papel revolucionario de Tatlin como un artista cuyo sueño utópico recayó sobre el Monument to Third Revolution, ¡una estructura que nunca se construyó! Así como Flavin se remontó a las contribuciones de Tatlin de 40 años atrás con el fin de tomar ideas para su nueva serie de esculturas hechas de artefactos para iluminación comercial, Navarro recordó la herencia de Flavin como innovador radical y planteó algunos de sus propios objetivos cuando citó en su catálogo las observaciones de Flavin sobre los monumentos de Tatlin. Con una hábil mezcla de respeto e ironía, Navarro escribió para su exposición un breve texto titulado "Monuments for D. Flavin" (Monumentos para D. Flavin), en el que anotó que “la dramática decoración de Flavin se ha encontrado en la reciente tradición de una revolución de la plástica que se apoderó del arte estadounidense hace sólo 40 años”. Navarro agregó que su júbilo radicaba en tratar de construir a partir de la experiencia incompleta de Flavin.

Al tratar de basarse en las experiencias o, dicho de otro modo, las investigaciones de Flavin, Navarro construyó cinco imponentes objetos escultóricos a gran escala, en forma de carritos para el mercado (Homeless Lamp), una ilusionista piscina reflectiva (Black Hole of Light), una combinación de bar y estantería para libros (Yellow Bar), una silla basada en la silla Red-Blue de Gerrit Rietveld (Blue Electric Chair) y una mesa de centro (Joy Division). Todas las esculturas estaban hechas de elementos de luz fluorescente con cubiertas de diferentes colores para producir tonos morados, verdes y amarillos, azules o rojos. A pesar de las referencias explícitas al vocabulario formal de las luces fluorescentes de Flavin, el espectador se sentía impresionado por el inmaculado trabajo artesanal de los elementos, los fascinantes colores y los enigmáticos títulos. Un examen más detenido de los objetos revelaba una relación más inmediata con la realidad material de la que se percibía a primera vista. Joy Division, por ejemplo, fue diseñada, en apariencia, como una mesa de centro grande, con una base en forma de esvástica. Navarro, a quien le encanta transformar diversas referencias culturales pop en nuevas narrativas, se apropió del nombre de una banda inglesa de rock punk (Joy Division) que empezó a cantar como grupo a finales de la década de 1970. Con los años, Navarro conoció una de sus canciones populares, No Love Lost, que hace referencia a los burdeles de los campos de concentración nazis. El conocimiento de estos burdeles se convirtió en el punto de partida conceptual para que el artista incorporara la insignia nazi, un ícono que hace levantar las cejas siempre que aparece. La referencia de Navarro a ese pedazo de historia no es sino un fragmento de un cuadro histórico más grande, en curso, en el cual alguna forma de abuso emana del rango, desenfrenada conducta de los victimarios. Al proceder de los sonidos de Joy Division, el empleo que Navarro hace de esa insignia también nos recuerda que las lecciones históricas importantes a menudo les son transmitidas a las generaciones más jóvenes en la forma popular de la lírica de una banda de rock.

Para su Blue Electric Chair, Navarro buscó ideas en otro artista modernista. La famosa silla Red-Blue (c.1923) se compone de planos rectilíneos horizontales y verticales que se traslapan en el punto de intersección, desdibujando así el volumen de la silla y su espacio circundante. Aunque la forma general de la silla modernista se reflejaba en los planos lineales de las luces fluorescentes blancas y azules de la obra contemporánea, la función real de la silla eléctrica estaba planteada en el título. Al referirse a una silla modernista, a partir del movimiento vanguardista De Stjil, Navarro establece una narrativa diferente para su escultura fluorescente azul y blanca, cargada —sin buscar juegos de palabras— con menos ideales utópicos de los que influenciaron al arquitecto y diseñador de muebles holandés que exploró un nuevo territorio para sus diseños.

La exposición de Roebling Hall le dio muchas esperanzas a este artista emergente que ha producido durante los últimos años un convincente conjunto de esculturas que hacen reflexionar. Esta nueva obra es un intento exitoso por potenciar investigaciones anteriores que han cambiado la dirección de la producción artística en momentos históricos característicos.

NOTA

1. La exposición se realizó del 21 de mayo al 21 de junio.

JULIA P. HERZBERG

Iván Navarro, por Julia P. Herzberg | artnexus