Exposición Individualoct 2004 - dic 2004· Por Irina Leyva

Gory (Rogelio López Marín)

Chelsea Galleria

El 8 de abril de este año se inauguró la exposición Una retrospectiva pequeña del fotógrafo cubano Rogelio López Marín (1953) en la Chelsea Galleria del Design District. Más conocido como Gory, su obra fotográfica a partir de la década de los ochenta lo ubica entre los artistas cubanos más importantes de su generación. Este intenso período de las artes plásticas en Cuba ha sido denominado por la crítica como el Renacimiento Cubano, al ser una especie de florecimiento del arte después de una sombría década. Gory fue parte del célebre grupo Volumen I, el cual marcó una nueva etapa en las artes plásticas en Cuba. A partir de este momento se crearon distintos grupos de artistas cuya obra definió la época. Éste fue un arte contestatario, de protesta y enfrentamientos que no siempre fueron pasivos. La obra de Gory se inserta en esta primera generación de artistas que abrió esa brecha.

Gory comenzó su formación académica estudiando pintura en la Escuela Nacional de Arte. Después estudiaría fotografía y diseño gráfico con Raúl Martínez, y finalmente historia del arte en la Universidad de La Habana. Sin embargo, su obra más importante ha sido, sin lugar a dudas, realizada en fotografía. Esta exposición consta de 29 obras en total, 25 fotografías y 4 pinturas. Recordemos que en los primeros años de su carrera Gory recurrió a la pintura como medio principal de creación. La conocida anécdota de la pieza sin terminar para la exposición de Volumen I, en cuyo lugar envió una foto de ésta misma, marca de cierta manera esta transición durante la cual Gory comenzó a trabajar más activamente en fotografía.

Como indica el título de la exposición, se trata de una pequeña retrospectiva de su obra de los últimos años, una mezcla de obras conocidas desde 1980 hasta sus fotos más recientes este año.

Exposición Individual: Gory (Rogelio López Marín) — imagen 1
Gory (Rogelio López Marín). Los cuchillos de la ciudad, 2001.Impresión digital. 66 x 99 cm. (26 x 39 pulgadas).

Es sólo agua en la lágrima de un extraño (1986) constituye, sin dudas, una de las obras clásicas de Gory y define su obra de esta etapa, junto al tríptico 1836/1987, 1936/1987 y 1984/1987. Aunque toda la obra de Gory tiene una cualidad poética, es en estas dos piezas donde se desborda y pasa a un primer plano, tan importante como la imagen misma. Son obras de múltiples piezas en las que una narrativa de tipo filosófico de tendencia existencial parece implícita en un primer acercamiento; y una segunda mirada da paso a una multitud de imágenes que devienen de las retratadas. Sin duda, obras antológicas.

Sus fotografías más recientes fueron tomadas en Nueva York, y son como un recorrido de la ciudad, maximizando cada elemento que puede parecer cotidiano, y que de hecho lo debe ser para los habitantes. Los títulos de las fotografías dan una idea de la observación. Gory presta su ojo de afuera para atestiguar que hasta la ciudad más cosmopolita del mundo tiene una rutina y a la vez su encanto de ser única. Hay dos imágenes en las que se vale de la reflexión de las vidrieras y de su imagen ulterior. Una de ellas es titulada Los cuchillos de la ciudad, y la doble imagen aparece a partir de la yuxtaposición de una vidriera de una tienda que vende cuchillos y la reflexión de los edificios cercanos en el cristal de la vidriera. La segunda pieza es Los vestidos de la ciudad y parte del mismo principio constructivo, la superposición de dos imágenes a partir de la reflexión ulterior en el cristal. En esta imagen se crea una especie de alusión al pasado, el volumen de la tela de los vestidos y su corte contrastan con la modernidad de los edificios.

Gory escoge pasajes de Nueva York que aluden al lugar, sin llegar a ser los lugares comunes que han identificado a la ciudad. Un ejemplo clásico de esta aproximación es Las puertas de la ciudad (2002). Nueva York es conocida por la cantidad de taxis que circulan diariamente; “the yellow cab” (el taxi amarillo) es parte indiscutible de la ciudad. En vez de la convencional fotografía del taxi, Gory escoge la imagen de centenares de puertas de estos taxis, aun con sus logos, amontonadas en un sitio baldío, listas para ser convertidas en chatarra.

Gory maneja sus composiciones desde una perspectiva casi surrealista, ya sea por las superimposiciones que logra o por la situación que retrata, más cerca del absurdo que de la realidad lógica. Es por eso que escoge sitios como Nueva York, donde todo es posible, desde un Picasso en un lote de parqueo (La pintura de la ciudad, 2001) hasta un caballo en el medio de la calle (El caballo de la ciudad, 2002). Esto no es nuevo en su trabajo, sino más bien un componente casi ubicuo, ya sea por yuxtaposición en las composiciones o por la selección ex profeso de una situación en particular de aspecto poco realista. Hay piezas anteriores como Mi dulce Señor (1980), y una de la serie Ausencias (4), en las que recurre al componente religioso de nuestras culturas, presentado en situaciones como la antes descrita, detalles de la cotidianidad vistos con otros ojos, unos ojos que diseccionan y fragmentan esta realidad con un efecto caleidoscópico.

Es indiscutible que estamos ante uno de los fotógrafos latinoamericanos más creativos de su tiempo, cuya obra ha sentado una pauta. Esta retrospectiva comprende su trabajo de los últimos 20 años de una forma condensada, debido sin duda al espacio. Cuidadosamente seleccionada y presentada, esta retrospectiva estuvo más orientada hacia su obra reciente, en la que muestra un cambio significativo sin salirse de su estilo. Un proyecto a considerar sería una retrospectiva más abarcadora de su obra acompañada de una publicación exhaustiva y minuciosa. Veinte años de trabajo es mucho tiempo, sobre todo para un artista tan productivo como Gory, cuya obra ha alcanzado un grado de madurez que lo avala.

IRINA LEYVA

Gory (Rogelio López Marín), por Irina Leyva | artnexus