Exposición Individualoct 2004 - dic 2004· Por Christine Frérot

Fernando Barata

Museé de la Poste


En efecto, el conjunto de 18 obras (acrílicos y oxidaciones metálicas sobre telas de formatos pequeños, medianos y grandes), reunido bajo el título de El exotismo tiene cachet, hace referencia a la desaparición de distancias, la rapidez de los contactos, la simultaneidad de la información, la geografía al alcance de la mano, la impregnación del tiempo, la memoria y el imaginario. Al concebir este trabajo, Fernando Barata tenía en mente que la revolución de las telecomunicaciones (confirmada por la generalización planetaria de Internet y el teléfono celular) conduce a problemas o desapariciones inevitables. En primer lugar, la del gesto de la escritura que crea una expresión gráfica que es siempre singular, a la vez intelectual y emocional. Pero también la del papel, el color y la forma del sobre, la estampilla, el tipo de sello (cachet), los orígenes geográficos y los elementos específicos que dan cuenta de un origen, una historia, una época. Toda una tipografía simbólica capaz de transmitir el misterio y la magia de países lejanos (con frecuencia la del anonimato), desaparece de nuestro horizonte epistolar, se vuelve rara en la comunicación humana y parece consagrada exclusivamente al mundo del comercio y los negocios.

Exposición Individual: Fernando Barata — imagen 1
Fernando Barata. Señor elefante, 2003. Acrílico sobre tela. 130 x 97 cm. (51 x 38 pulgadas).

Aquello de lo que el artista brasileño quiere hablarnos es la desmaterialización, la existencia de un sistema de relaciones cuya coherencia consiste en virtualidades e “inmateriales”. El espacio de su pintura quiere rendir cuenta plásticamente de este cambio, valorizando diferentes signos cuyas grafías y tipografías (direcciones postales escritas a mano, sellos y tampones) arquitecturan la estructura (humanizada) del correo. Estos elementos escritos constituyen también la trama de lo sensible y del sentido de un discurso en el que se mezclan las imágenes y la palabra o el fragmento de las frases y de los textos. Al hacerlo, se refiere a una tradición, la de la relación entre la imagen y lo escrito, que existe en Occidente desde hace siglos. La jerarquía de un lenguaje sobre otro (o su negación) no sólo tiene que ver con el acondicionamiento del espacio plástico, sino también con la visibilidad y la legibilidad de la imagen, en relación con lo escrito, pero al mismo tiempo como acontecimiento único y dominante del cuadro. Lo escrito, ¿debe ser "leído" o "visto" separadamente en el cuadro y/o en relación con la visibilidad de la imagen? ¿Existe una diferencia entre la "imagen mental" (el acto de leer) y la "imagen ocular" (el acto de ver)? El movimiento de la mirada, ¿crea una fusión posible de la imagen y del texto al “suscitar una segunda entidad”? Estas preguntas sobre los papeles imbricados de la imagen y el texto conciernen a la actitud creativa de Barata, al mismo tiempo que se imponen la impregnación del color, las transparencias, las aguadas y las superposiciones en el espacio pictórico. Estas diversas capas de "lectura" y de naturaleza diferente contribuyen a construir el conjunto de su discurso plástico, visual e intelectual.

Recuperar, recortar, reunir, construir... toda una serie de gestos e intenciones son mediatizados por la computadora. Barata trabaja en una perspectiva de preservación (de la pintura y de sus múltiples posibilidades discursivas, a la vez que de signos y símbolos), pero a la vez desea inscribirse en la modernidad de su tiempo utilizando medios técnicos que permiten la fabricación de una nueva imagen. Este trabajo sobre la memoria (la que el artista recupera de los otros y la que él mismo construye a cada momento con su computadora) se propone valorizar el objeto único que es, según su convicción, la carta (o la tarjeta postal), y cuya circulación se reduce progresivamente. Tal es su primera ambición, la que guía su trabajo de artista. En su caso, nos encontramos ante una contradicción productiva que conforma su actitud creadora, porque a la vez preconiza la fabricación manual (en todas sus etapas de recuperación y recomposición) y la conjuga con la utilización de medios que le permiten, gracias a la computadora, la reproducción infinita de las imágenes o los signos seleccionados en Internet, y deformarlos según su voluntad.

Barata ha practicado siempre una fusión entre las imágenes realistas que evocan la distancia, la otra ribera, el lugar distinto (conchas, hipopótamos, peces, aves, soles, etc.) y la densidad o ligereza pictórica que él busca para su espacio, utilizando acrílicos muy diluidos, fondos acuarelados o inclusiones de materias que realzan la textura del color puro en espacios lisos. El corte real o virtual de la tela es muy característico de la manera como el artista organiza su espacio. Dos pinturas (Sin título, acrílicos y oxidaciones sobre telas reunidas, 2003) dan testimonio de ese trabajo de construcción. Ellas asocian fragmentos de tela cubiertos de color puro con otros fragmentos en los que aparece lo escrito, un tampón, el nombre de una ciudad, una dirección postal... Es en la oposición entre las pequeñas telas reunidas (cinco o seis), la alternancia entre el color denso y la transparencia, la de lo escrito y la imagen, de la escritura a mano al escrito mecanizado, de lo impreso a lo virtual, que el artista continúa su viaje de la memoria. Lúcido admirador del I Ching y de las nociones del yin y el yang, Barata trabaja tanto sobre la oposición como sobre la metáfora, la de fusión de tiempos y apariencias, en las que el juego entre lo visible y lo oculto es sólo un pretexto para comunicar un deseo que no lo ha abandonado nunca, el de permanecer en la pintura.

 CHRISTINE FRÉROT

Fernando Barata, por Christine Frérot | artnexus