Durante casi veinte años, Eugenio Dittborn ha estado trabajando en sus ya clásicas y reconocibles Airmail Paintings. Llamarlas pinturas es, en un sentido, una subestimación de la realidad, porque estas “pinturas”, en general hechas de tela, consisten en reproducciones basadas en fotografías plagiadas de un vasto banco de imágenes seleccionadas de diversas fuentes. Lo que también amplía la nomenclatura de pintura de Dittborn es el hecho de que las Airmail Paintings son a menudo paneles individuales cosidos unos a otros. Debido a que las pinturas individuales son dobladas y luego enviadas en sobres separados y, en conjunto, son una obra, se podría concluir que coserlas resulta muy útil para el proceso de mantener los pliegues uniformes, incorporando así su itinerario de exposición.

Cualquier persona que haya observado con ojo crítico las Animal Paintings habrá notado su cualidad polisémica, donde las narrativas tienen una capacidad idiosincrásica para, por así decirlo, incorporarse unas con otras e incorporar, de igual forma, el contexto con relación al lugar donde serán exhibidas, que se convierte en parte de la obra misma. Su reciente exposición titulada Tinctura, que se vio en Alexander and Bonin, conservó su modus operandi, pero en ella, Muniz se concentró en diversos temas, incluída la historia modernista de la pintura.
La obra de Dittborn siempre ha tenido un valor político, aunque sus políticas funcionan y están articuladas en un ámbito expansivo que es, con más frecuencia, literario y abierto, más que literal e inequívoco. En otras palabras, lo que mantiene a Dittborn a distancia de aquellos cuya obra tiene orientación política es su habilidad para eludir la agobiante carga de didacticismo que el arte de carácter político puede engendrar esporádicamente. Y esto se debe en parte a su empleo formal y conceptual de vehículos de difusión como el sistema postal, que amplían las narrativas de sus pinturas para incluir el espacio social real, no el terreno de la pintura o el arte. En consecuencia, estas pinturas pueden interpretarse también como una forma de escultura social mediante la incorporación del espacio más allá del marco, como parte de su armazón estética y conceptual. Además, a medida que las obras viajan de exposición en exposición, la movilidad se convierte en un aspecto ontológico intrínseco y, de esta forma, son moduladas con una forma similar al performance, mientras se abren paso a través del laberinto de circuitos sociales. Y este movimiento en redes es el que ha sido, por lo general, el eje convergente de las Airmail Paintings.
Sin embargo, esta vez Dittborn unificó sus Airmail Paintings mediante la materialidad ejemplificada en el proceso de tintura que mancha. Este énfasis en la tintura, en la medida que abarca el manchado y otras formas de ejecución pictórica, aumenta la dimensión de la obra de manera interesante; no obstante, suponer que la primacía de estas nuevas pinturas equivale al formalismo o es una forma para que Dittborn diversifique su práctica artística por su propio bien es socavar la heterogeneidad de las estructuras formalistas y malinterpretar las obras que conforman Tinctura. Como lo dejan muy en claro estas pinturas, la forma se graba con significado, lo cual, en sí, es algo que se ha perdido para algunos críticos que ven la forma estrictamente como una cuestión de estética. Entonces, en las pinturas de Dittborn la técnica del manchado se emplea por su riqueza cromática, que le infunde a la obra una estética particular, pero también como una forma de señalar la política de la forma.
La modalidad de aplicación artística de Dittborn es parte del legado modernista que incluye a los pintores del Color-Field. Lo que impulsa a interpretar el manchado como algo más que una mera decisión estética es que algunas de las imágenes que Dittborn emplea en sus pinturas son tomadas de libros que enseñan cómo pintar, de grabados, etc. Además, lo que les agrega a estas obras una dimensión más allá de los aspectos pictóricos es que Dittborn combina el discurso estético con una tensión poética a medida que las imágenes son puestas en un contrapunto formal y narrativo y entran en un diálogo entre ellas que permite y motiva diversas lecturas.
En Algún (2003-2004), por ejemplo, el espectador se sentía abrumado por una monumental obra horizontal que fue ejecutada imitando el estilo de salpicado y manchado de Pollock. La tintura que se transforma en técnica vira, a su vez, y se convierte en criticidad: porque la pintura contamina el fetiche del modernismo para la especificidad del medio ejemplificado por el uso que hace Dittborn de la fotoserigrafía; y también se transforma en significados que señalan el mundo fuera de la pintura. El choque de titanes no es sólo entre el modernismo y su otro, sino también lo que puede interpretarse como sus extensiones encontradas en numerosas desigualdades artísticas, políticas y sociales. Esto se pone de relieve, por ejemplo, en la convergencia del artesano a través de las puntadas y lo manufacturado, y el uso de pintura salpicada por la superficie de la tela, propio del modernismo sofisticado, y que alude al énfasis de Pollock en la distancia entre la mano y el lienzo, y el aspecto fenomenológico del método de pintura por goteo que anula el caballete por completo. Aparte de la presencia estética de las obras y su poética crítica que, en sí, marcaron el éxito de Tinctura, la exposición demostró la naturaleza versátil de las Airmail Paintings y cuán bien mantiene Dittborn su estilo, tanto en la forma como en el contenido, en nuevas y frescas configuraciones.
RAÚL ZAMUDIO
