Religión, política y medios en Dando vuelta al poder, una inquietante muestra interdisciplinaria de León Ferrari, Luis Camnitzer y François Bucher exhibida en el Centro Cultural Recoleta, una cita obligada para conocedores del arte y a la que se suma la masiva presencia de paseantes los fines de semana. Lejos de ser cerebrales y con finales cerrados, las obras de estos tres artistas conceptuales son de alto voltaje emocional y político.
Dando vuelta al poder confronta a los espectadores con cuestiones tan inmediatas y engañosamente familiares como las creencias y sus mensajes siniestros, las contradictorias nociones de seguridad y libertad, la manipulación y omnipresencia de los medios masivos de comunicación. Las obras “proponen críticas claras a situaciones de poder (…) revelando motivaciones afines en los artistas (…), que parecieran compartir el lente a través del cual se acercan a la realidad”, dice su curadora Victoria Noorthoorn, quien reunió a un consagrado local, a un reconocido uruguayo —más leído que visto por estos lugares— y a un perfecto desconocido para los espectadores de Buenos Aires.

El consagrado local es León Ferrari (Buenos Aires, Argentina, 1920), que se rebela contra aquellos —instituciones religiosas y militares— que tratan de monopolizar “la verdad revelada”. Impío y agnóstico confeso, el artista presenta la instalación El diablo, un implacablemente irónico y muy serio escenario donde denuncia la misoginia explícita en muchos textos de las Sagradas Escrituras. A través de una sesuda investigación, el artista descubrió una serie de grabados y pinturas de los grandes maestros del arte Occidental (Miguel Ángel, Rafael, Ticiano) en donde el demonio ha sido feminizado; imaginado con formas de mujer. Junto a las apropiaciones y citas —reproducidas en tamaño natural—, Ferrari exhibe un árbol artificial y una caja iluminada, tapizada con imágenes religiosas, en donde repta una serpiente viva entre figuras de la Virgen y el Niño.
Ferrari, que desde hace casi 50 años ejerce su pensamiento crítico contra el autoritarismo y la crueldad de “la civilización occidental y cristiana"1, señala que, según esta tradición, la mujer/Eva no sólo habría sido la primera pecadora. Es también el diablo. Por consiguiente, la mujer cumple un doble papel al ser convertida en el “eje del Mal”. Digna, entonces, de castigos múltiples. Ferrari denuncia la violencia contra la mujer, incluso la ejercida por santos y profetas en sus textos, reproducidos en la sala.
Más allá de lo artístico, el infierno y sus indecibles padecimientos (como fuentes de extorsión de los poderes religiosos) han sido un prominente motivo de preocupación para el artista, que desde hace años realiza una campaña, que ha llegado al Vaticano, para darlos por abolidos. De apariencia frágil y dulce sonrisa, el notable artista es un duro que no perdona ni pierde el humor. Es uno de los artistas contemporáneos más destacados, que a través de su obra cuestiona, impugna, las injusticias y crímenes del poder, vengan de donde vengan.

El reconocido uruguayo —más leído (especialmente en ArtNexus) que visto por estos lugares— presente en la exposición es Luis Camnitzer (Lübeck, Alemania, 1937), que vive y trabaja en Nueva York. Dueño de una sorprendente obra y extensa trayectoria, éste es un artista que también cree en la posibilidad del arte para reflexionar.
El artista no necesita demasiados elementos para disparar una gran variedad de sentidos a través de su obra. De hecho, la condición nómada del artista contemporáneo, de Camnitzer, provoca la agudización de la perspicacia del artista sin transporte de grandes volúmenes. La instalación Sin título está compuesta de dos paredes de ladrillos, que levantó pegados a los muros de la sala, sobre las que colgó en cada una cinco fotos lenticulares de distintas tomas de rejas de hierro forjado, que custodian algo inalcanzable para el común de las personas.
El que mira lo hace desde el lado de afuera de las rejas. ¿Afuera de qué? Las imágenes sugieren el exterior de una gran mansión, el predio de una importante corporación, la propiedad de un sigiloso laboratorio, el solar de una instalación militar, los jardines de un club privado y exclusivo. Precisamente, y conociendo la cada vez más creciente e insultante disparidad económica que se verifica en América latina, ¿en el mundo?, lo primero que surge tras examinar las fotografías —que viran y varían de acuerdo con el desplazamiento físico de la persona que las observa— se vincula con la palabra exclusión: excluir, exclusivo, excluido. Pero las imágenes también sugieren su antónimo: incluido; enclaustrado, encerrado.
Muchos de los trabajos anteriores de Camnitzer, vinculados con la tortura y la prisión por motivos políticos, especialmente en los países del sur del Sur, invitan a que el espectador incluya en su especulación otro tipo de situaciones de confinamiento. ¿Atrapado como el preso político; enredado como el artista?.
El perfecto desconocido para los espectadores de Buenos Aires es François Bucher (Cali, 1972), un interesantísimo artista que se añade a la lista de los provocadores creadores colombianos actuales. Bucher, que también vive y trabaja en Nueva York, presenta aquí White Balance (to think is to forget differences) [Balance de blanco (pensar es olvidar las diferencias)] (2002), un film en DVD de 32 minutos. A través de una compilación de imágenes —noticieros de TV, consultas callejeras, páginas de Internet, recortes de prensa, videoclips, textos del artista, estadísticas, datos, identikits aduaneros, tatuajes—, Bucher se propone desenmascarar el doble discurso instalado en los grandes medios de comunicación y en el relato político norteamericano. El film, que hace foco en lo cotidiano —sutil discriminación, patriotismo exasperado— antes que en lo extraordinario, y el comentario, con la propia voz del artista, se dirigen a demostrar como las imágenes son manipuladas, escenificadas, por una clase dirigente inescrupulosa.
Las preocupaciones exhibidas por los tres artistas poseen un impresionante correlato con situaciones locales. Mientras se discutía la inclusión de una jurista de trayectoria internacional a la Corte Suprema del país, la Iglesia católica hacía campaña en su contra, pues ésta, Carmen Argibay, se había declarado a favor de la despenalización del aborto. Mientras tanto, se acrecentaba la certeza acerca de las difusas fronteras entre ciertos delitos y algunas fuerzas de seguridad. Simultáneamente, cierta prensa agrandaba la sensación de inseguridad y manipulaba la discusión entre la legitimidad o ilegitimidad de los derechos de los piqueteros a ocupar las calles. Al igual que en la realidad, la evidencia visual presentada por Ferrari, Camnitzer y Bucher discurre acerca del afán de los poderosos por batallar, primero y sobre todo, para acceder a más poder.
NOTAS
1. León Ferrari, La civilización occidental y cristiana, 1965, escultura.
VICTORIA VERLICHAK

