El mundo artístico neoyorquino se conmocionó este año porque la última edición de The Armory Show coincidió con la inauguración de la Bienal del Whitney. Para añadir todavía más agitación, la feria de arte Scope New York también se llevó a cabo de manera simultánea. Los amantes del arte pasaron el fin de semana yendo de un lado para otro en Manhattan, del Whitney en Madison Avenue a The Armory Show en los embarcaderos del río Hudson, y de allí al elegante hotel Gansevoort, que albergó a Scope, en el distrito de Chelsea, deleitándose con un vertiginoso despliegue de nuevo arte.
Un número de personas sin precedente visitó las ferias: 38.000 asistieron a The Armory Show y 8.000 a Scope. El clima estuvo maravilloso, las multitudes, optimistas, y los galeristas, muy seguramente, encantados, por cuanto las dos ferias, en conjunto, reunieron una cifra récord de US$45.000.000.

En The Armory Show participaron este año 189 galerías cuidadosamente seleccionadas de entre 450 aspirantes. Dos galerías latinoamericanas estuvieron presentes por primera vez: la Galería Brito Cimino, de São Paulo, y la Galería OMR, de la ciudad de México. Otras nuevas fueron Doggerfisher, de Edimburgo, ShanghART, de Shanghai, Galería Courtyard, de Beijing, Galería Hyundai, de Seúl, tres galerías de Hamburgo (Jürgen Becker, Karin Guenther, y Sfeir-Semler), y cinco de Nueva York, incluidas Kravets/Wehby y Daniel Reich, que representa a la artista cubanoamericana del performance, Delia González.

The ARCO Forum, también fue una novedad este año en The Armory Show, una colaboración que reunió a coleccionistas, curadores y público en general para tratar temas relacionados con la actividad curatorial y el coleccionismo de arte contemporáneo. Uno de estos paneles, “Starting a Collection” (Comenzar una colección), tuvo a Rhonda Lieberman como moderadora y contó con la participación de los coleccionistas Don y Mera Rubell, de Miami y Cary Leibowitz, de Nueva York, así como de Anne Ellegood, curadora de la Colección Norton. Otro panel, “Curating for Today’s Museums” (Curaduría para los museos de hoy), estuvo integrado por cuatro directores de museos, incluido Glenn Lowry, del Museum of Modern Art de Nueva York. La asociación entre The Armory Show y ARCO promete ser larga y fructífera; las dos ferias están planeando el patrocinio conjunto de un espacio para exposiciones con curaduría internacional, así como programación adicional en el futuro. Y no se puede dejar atrás a Scope, que también presentó un panel, “Art, Sex, and Religion”, con la colaboración de artistas, curadores y coleccionistas.

La edición de este año de The Armory Show fue mucho más atrevida que la del año pasado. Abundaron las instalaciones, esculturas a gran escala y el arte site-specific, así como obras en medios más convencionales, en especial pinturas y fotografías a todo color inspiradas en el pop. Kenny Schachter Contemporary, una galería de Nueva York, atiborró su stand con una motocicleta de tamaño real labrada en madera por Lee Stoezel, un avión rudimentariamente interpretado en papier mâché, que llevaba muñecos y animales de peluche, de Misaki Kawai, y numerosas pinturas, todas enmarcadas dentro de un exhibidor similar a una jaula, diseñado especialmente y fabricado en varillas de plástico blanco por Vito Acconci. En la Galería Emmanuel Perrotin, de París, una escultura de Tony Matelli de un chimpancé que llevaba puesta una camiseta “Piense Diferente” con el logotipo de los computadores Apple se recostaba contra la pared después de, aparentemente, haber vomitado. La Galería Entwistle, de Londres, llenó su espacio con la escultura Light Perpetual, de Conrad Shawcross, consistente en una enorme jaula de madera y alambre que albergaba una escultura de madera que rotaba y emitía luz y cuyos rítmicos movimientos hacían referencia a la teoría de la música y las matemáticas. Tanya Bonakdar organizó una instalación diferente para cada día de la feria. Para el día de la apertura, Mark Dion creó un ambiente semejante al del estudio de un explorador, con todo y cabezas-trofeo así como detallados dibujos científicos, evocando armarios de curiosidades y la prehistoria del museo. En general, valió la pena arriesgarse. La feria tuvo un 79,2% de aumento en sus ventas, en comparación con el año anterior, y los galeristas se vieron forzados a seguir llevando nuevas obras, con las que apenas pudieron satisfacer la alta demanda.

Algunas galerías también fueron a lo seguro cuando optaron por presentar a artistas de los años anteriores. Rena Bransten mostró la serie reciente de Vik Muniz, Rebus, que emplea temas del viejo oeste norteamericano compuestos de coloridos soldados plásticos de juguete. Las nuevas y estupendas fotografías del artista, que retratan los rostros de actrices icónicas de Hollywood en diamantes sobre un fondo negro, estaban expuestas en Brent Sikkema. Sandra Gering exhibió la conocida serie de zapatos deportivos de José Antonio Hernández Díez, así como piezas iluminadas elaboradas por Leo Villarreal, dos artistas que también seleccionó el último año, mientras que Lombard-Frei llevó obra reciente de Carlos Garaicoa y Rosângela Rennó. En Jack Tilton se encontraba Yellow Dragon, una escultura amorfa de plástico amarillo limón de Eduardo Abaroa basada en temas de sus obras anteriores en las que exploraba la amorfia mediante materiales sintéticos. Marian Goodman presentó fotografías y collages recientes de Gabriel Orozco, así como un convincente grupo de sus esculturas abstractas hechas de malla de acero y espuma de poliuretano. Las fotografías de Orozco también podían verse en Chantal Crousel. La Galería Lelong presentó otra pieza de la serie Walking, de Alfredo Jaar. Rwanda, una imagen etérea, cargada de emotividad, que reflexiona sobre la naturaleza transitoria de la vida. La misma galería también llevó fotografías antiguas de la serie Silhouette, de Ana Mendieta. Stephen Friedman expuso obras de Rivane Neuenschwander menos imponentes que su selección de 2003. Su nueva serie Ze Carioca consiste en viñetas de historietas, vacías, de colores brillantes, con sólo los bocadillos en blanco en donde deberían ir los diálogos. No obstante, los recientes collages de Beatriz Milhazes, también en Stephen Friedman, eran un deslumbrante espectáculo de arte sofisticado y de consumo masivo. De manera similar, las esculturas de Iván Navarro expuestas en Roebling Hall continúan su diálogo simultáneo con el constructivismo y la cultura del consumo, en particular mediante su humorístico carrito de mercado de bombillas de neón que llamó la atención sobre el estatus de The Armory Show como el primer mercado del arte nuevo.

Las galerías latinoamericanas sobresalieron por su énfasis en artistas que no se habían visto en esta feria, en especial las galerías OMR, Nina Menocal y Jacob Karpio. OMR presentó fotografías aéreas de la Ciudad de México, por Melanie Smith, trabajo similar al que se vio en la reciente exposición P.S. 1 en la capital mexicana. Otro artista que hizo referencia a esta metrópoli, Iñaki Bonillas, aportó una serie de hojas de contact que aislaban los números de identificación de los taxis de la ciudad, atractivas composiciones que hacían alusión al mismo tiempo a la red modernista y a la cultura urbana contemporánea. Otro aporte interesante de OMR fueron las nuevas pinturas de Fernanda Brunet, con sus características explosiones orgásmicas, esta vez representadas en pinturas metálicas.
Nina Menocal organizó todo su espacio en torno al color rosado y se le vio luciendo trajes de este color durante el transcurso de la feria. Como de costumbre, el stand estuvo bien curado. El énfasis en el rosado producía inicialmente una experiencia tranquilizadora para la vista y la mente después de la sobrecarga sensorial de la feria, pero cuando se examinaban más de cerca las obras de arte individualmente, se hacía evidente que muchas de las imágenes subvertían la tradicional asociación del color rosado con la serenidad y la inocencia y, por el contrario, examinaban temas de violencia y fatalidad. La galería presentó nuevas obras de artistas prometedores, como Adriana Riquer con sus esculturas sintéticas amorfas o las pinturas caricaturescas de Balam Bartolomé, así como fotomontajes del Atelier Morales y ensoñadores paisajes fotográficos de Arturo Cuenca.

El gigantesco espacio de Jacob Karpio Gallery incluyó artistas emergentes y de renombre. Gabriel Delponte presentó un gran relieve abstracto, Eternauta, en resina epoxi, que describía óvalos concéntricos en colores metálicos fríos. La audaz presencia de la pieza contrastaba con los débiles dibujos a lápiz en la pared de fondo, creando tensión entre línea y color, subestimación y exageración. Daniel Arshman aportó dos piezas que reflexionaban sobre la relación entre arquitectura y paisaje. Unite Proposal, una aguada a gran escala, retrataba un edificio rectangular eclipsado por escarpadas montañas, mientras que la escultura Untitled Proposal, en espuma blanca, representaba rascacielos enclavados en un paisaje rocoso. En Jacob Carpio también se hallaban las alegres construcciones con bates de béisbol y balones de fútbol, de Darío Escobar; pinturas de Fabián Marcaccio, Rafael Vargas Suárez y Damián Sarno; y llamativas fotografías de gran formato a todo color, de Cinthya Soto en las que ella aparece de espaldas, ubicada contra diversos paisajes.
Las galerías brasileñas llevaron artistas que ahora son elementos permanentes del escenario artístico contemporáneo. Fortes Vilaça incluyó en su selección la obra de Rivane Neuenschwander, Valeska Soares, Vik Muniz y Janaina Tschäpe. Soares participó con una serie de obras en acero inoxidable, incluida la pieza Self-Portrait in Denial, con un efecto de espejo cóncavo que distorsionaba al espectador y los objetos circundantes. Las composiciones de Tschäpe demostraron su interés en las posibilidades de la fotografía como medio escultórico y hacían alusión a los dreamscapes del surrealismo. Brito Cimino expuso obras de Daniel Senise, Liliana Porter, Regina Silveira y Ernesto Pujol, así como dos series recientes de collages de Nelson Leirner: un conjunto de catálogos de Sotheby’s alterados para lograr efectos humorísticos, y un viejo mapa de las Américas superpuesto con imágenes del ratón Mickey y de otros personajes de las historietas, que era un comentario sobre la globalización y el imperialismo cultural.

Otras obras notables de The Armory Show incluyeron A-Z, de Lars Arrhenius, un mapa ilustrado de Londres que sigue los movimientos de un reducido elenco de personajes a través de la ciudad, expuesto en Magnus Karlsson; Alba, de Anish Kapoor, en la Galería Lisson, un relieve cóncavo a gran escala, en acero inoxidable y laca roja, que proyectaba un extraño eco que atraía al espectador para que entrara; y la muy comentada Apparition of Fame, de Milton Rosa-Ortiz, una escultura móvil hecha de fragmentos de botellas de vidrio verde, inspirada en el vestido que usó Jennifer López para la entrega de los Grammy en 2002. Aparte de las piezas de Iván Navarro, Roebling Hall incluyó la escultura mural Tin tin por tin tin, de Courtney Smith, inspirada en Antonio Carlos Jobim, una construcción de fragmentos de muebles de madera que reflejaba el compromiso del artista con objetos comunes como indicadores del barroco contemporáneo. Las pinturas en escarcha de Nancy Drew, también en Roebling Hall, eran una apropiación femenina del lenguaje del expresionismo abstracto, inspiradas en la obra de Jackson Pollock y Clifford Still. Por último, las multicolores esculturas en cerámica del artista mexicano-estadounidense Eduardo Sarabia, expuestas en I-20, estuvieron entre lo más memorable de la feria, en especial el retablo horizontal If This World Were Mine. La escultura reunía una sirena con los brazos extendidos, un caballo, un dado gigante y una ametralladora sobre una superficie acuosa. La composición cautivaba al espectador mediante un discurso dinámico y el desafío a las convenciones de la narrativa.
Scope fue un grato cambio de ritmo frente a la abrumadora escala de The Armory Show. Presentó a muchos artistas emergentes talentosos y nuevas galerías que quizás algún día sean incluidas en la feria más conocida. Cada galería expuso en una habitación y baño del hotel, forzada a encontrar formas innovadoras de mostrar el arte. Además, los organizadores de la feria exigieron que cada galería le dedicara el 80% de su espacio a un artista, lo cual facilitó una conexión más directa entre el espectador y la obra de arte.
Este año, entre los 65 expositores se incluyeron numerosas galerías nuevas, principalmente de Europa y Norteamérica. La Galería Marina Kessler exhibió imágenes de Irene Clouthier, cuya reciente serie Playground se centra en objetos y juguetes plásticos como medio para reflexionar sobre la forma en que el yo contemporáneo se construye mediante una cultura desechable. La galería también organizó una colorida instalación en un baño, con pinturas y obras en medios mixtos de Pablo Contrisciani. Cabe destacar la obra del artista Max Streicher en la galería Artcore. Sus figuras inflables son una presencia abrumadora en el espacio expositivo y cobran importancia en la medida en que desafían al objeto inanimado y le atribuyen cualidades cinéticas para transformarse a través del movimiento. Con la instalación Blow (Soplo) la paulatina captura y expulsión de aire en volúmenes de corporeidad humana, refieren a las pulsaciones de la condición viviente y la fragilidad misma de la existencia. Caterina Tognon Arte Contemporáneo, de Bergamo, Italia, ofreció preciosas esculturas en vidrio en colores pastel de Silvia Levenson, una artista argentina que no ha sido expuesta como se merece, fuera de Europa. La Galería Bourbon-Lally, de Montreal, asistió a Scope por primera vez este año, presentando pinturas de Santiago Rodríguez Olazábal y Elsa Mora.
En general, The Armory Show y Scope Art brindaron experiencias excitantes a los amantes del arte. ¿Podrán superarse a sí mismas el próximo año?
TATIANA FLORES
Profesora asistente de historia del arte en Florida State University.


