Exposición Individualjul 2004 - sept 2004· Por José Augusto Ribeiro

Renata Lucas

Paço das Artes

Durante un mes, las puertas de madera blancas de la entrada principal del Palacio de las Artes fueron sustituidas por dos a prueba de fuego, metálicas, pivotantes y con barras antipánico. A menos de un metro, ya adentrándonos en el área de exposición, otras seis puertas idénticas, instaladas a los lados, se articulaban con su par. Al abrirlas, el visitante tiene la posibilidad de escoger los caminos, de crear sus propios corredores y situaciones arquitectónicas de su preferencia, para entrar o salir del museo. El cambio de materiales de la fachada altera, también, la posición paralela del predio en relación con la calle. Como si, a la distancia, toda la construcción se dislocarse, acompañando las configuraciones transversales o ángulos agudos para los nuevos pasajes. El título del trabajo de Renata Lucas, Anti-Fogo, (Antifuego, 2003), sugiere la contención de llamas cuyo foco no está identificado, justamente para no determinar puntos ideales de observación ni estimular interpretaciones maniqueístas acerca del peligro.

Exposición Individual: Renata Lucas — imagen 1
Renata Lucas. Detalle de las láminas de madera articuladas, 2003.

Parte del piso del Palacio fue también, sometida a la misma condición de ahogo por Falha, Falla (2003). La instalación recubre el piso con una enorme estructura de láminas de madera dotadas de pulsadores, unidas por bisagras que pueden ser reorganizadas vertical u horizontalmente. La pieza propone otro juego de “edición” de puertas, donde, esta vez, el espectador puede modificar las dimensiones de la sala. Son 10 x 15 metros de madera, dispuestos o no en capas, para sugerir que, por debajo, existirían trampas. Las medidas corresponden con el segmento del espacio expositivo destinado a cada uno de los seleccionados para las muestras de la “Temporada de Proyectos” del Palacio de las Artes, dedicada a los jóvenes artistas. Sin embargo, cuando, estas placas son suspendidas, revelan que no hay nada sobre los pies del espectador, más que la superficie del museo.

Dejando de lado las lecturas simbólicas hechas a pesar de la literalidad, los dos trabajos retoman el aspecto más evidente de la obra de Renata Lucas: la intervención en la arquitectura del espacio para el cual fueron pensados. Desde el año 2001, la artista desarrolla propuestas que alteran el orden interno de los lugares donde expone, a fin de comprender las posibles relaciones establecidas entre un cuerpo y el área que éste ocupa. La investigación de Lucas comienza con la transposición para la escultura de la antinomia entre, por un lado, el “contenido”, el que está contenido, y por otro, el continente, el que contiene.

Barravento  (Cortaviento, 2001) recubre las paredes de concreto de la galería 10,20 x 3,60, por paneles con las mismas medidas, reproduciendo una galería dentro de su original. Las placas de madera que generalmente recubren el exterior de una edificación en obra revestían el interior del ambiente, articuladas por bisagras que permitían al visitante mover las paredes temporarias y redistribuir los espacios. En la obra Comun de Dois, Común de Dos (2002), la artista superpone una nueva arquitectura a otra ya existente, construyendo paredes de ladrillos de barro y argamasa entre las dos salas, separadas por un corredor. Una distancia de 26 centímetros entre las paredes originales y las provisorias permitía el acceso a la extensión periférica del trabajo, o sea su entorno.

El aspecto de algo realizado por provisión y para ser provisorio es frecuente en la obra de Reanata Lucas. Otra preocupación de la artista se centra en los pasajes, en su manifestación concreta en la arquitectura y también en su carácter psicológico. La preocupación recurrente sobre los pasajes, recurrente en la producción contemporánea (Richard Serra, Bruce Nauman, Michael Heizer y Dan Grahan), indica no solamente la transición de la escultura de carácter estático a una de carácter temporal, sino que posee, en su esencia, cuestiones importantes asociadas a la participación del espectador. El sujeto en la obra de Renata Lucas es de igual manera involuntario, aquel que pasa por Anti-Fogo sin percibir que sus pasos y gestos confieren sentido al trabajo, como aquel que realiza esfuerzos para transformar las configuraciones de Barravento o de Falha. En otras palabras, los trabajos dejan de lado la autonomía moderna para incorporar al espacio común, del mundo, al mismo tiempo que garantizan al espectador la alteridad para perseguir este espacio, que por un tiempo también es de la obra.

JOSÉ AUGUSTO RIBEIRO

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