Exposición Individualjul 2004 - sept 2004· Por Graciela Kartofel

Ray Smith

Galería Ramis Barquet

El título de la exposición de Ray Smith en Nueva York podría haber sido “De la mitología cultural a la mitología virtual”. Simultáneamente en ambas sedes de la Galería Ramis Barquet, el artista creó acciones centrípetas y centrífugas, a través de la deformación temporoespacial.

Aceleración, compresión y deformación conducen al espectador de lo volumétrico a lo plano, de lo monumental a lo pequeño, de la vida a la muerte y de lo deseado a lo fatal. La frecuente presencia del ser humano, lo animal y lo vegetal parece haber dejado paso en estos trabajos, a lo urbano, espacial y tecnológico: auto, rifle, reloj, tratados por medio electrónico. Sin embargo, es el lenguaje propio de este artista al que expandió los códigos para continuar hablando de la historia personal, de la historia de México, de la mitología de las culturas en las que creció, y para desarrollar un vocabulario que no es el “de moda” sino el suyo muy suyo, dentro de las artes visuales internacionales. Su pintura, estampa, fotografía y objetos tridimensionales constituyen amplios capítulos, son una derrama simbólica. Por ende, su narrativa debe visualizarse como la historia retratada en las dobles hojas centrales de las enciclopedias culturales. Smith no se ha globalizado, en el sentido de que no ha perdido su identidad aun cuando haya incorporado agentes cotidianos como el uso de la computadora para analizar y deformar imágenes. Este personaje cuyo nombre suena a seudónimo, no se desdibuja en los anonimatos de “lo que está de moda”, ni le interesa a él la estética del consumismo. Ya sea selva, perro y calvario o reloj, avión y carro, Smith retrata una gran pregunta acerca de los misterios de la vida y de la muerte.

Exposición Individual: Ray Smith — imagen 1
Ray Smith. Fantasmas, 2003. Óleo sobre madera, sobre 6 paneles. 203,2 x 91,4 cm c/u (80 x 216 pulgadas).

En 1984, Ray Smith tiene una exposición individual en la ciudad de México. Poco antes, la muerte lo había sacudido muy de cerca al perder a dos amigos en un breve lapso, en sendos accidentes automovilísticos. Esto no era parte de las tradiciones mexicanas de la “gran dama blanca”, esto fue un shock; poco después, llegaría el temblor de 1985 que devastó la ciudad capital. Estas referencias nos retrotraen a la exposición de Ray en la ya desaparecida Galería Eduardo Hagerman. En aquella ocasión rastreamos las claves para la comprensión de su obra futura y poco después, el artista se instalaba en Nueva York de manera permanente, aunque pasa temporadas en México y en Texas. De aquel entonces leemos “… escultura, pintura, y dibujo de Ray Smith Yturria. Artista joven, inconforme, intrusivo, autocrítico y auto satírico que no niega a Orozco ni a las escuelas norteamericanas abstractas aunque se decide a reinterpretarlo todo” (Vogue, México. Sección “Arte en Cápsulas”, año 5 #55, pp. 77, de la autora de este artículo). En las tres áreas, pintura, dibujo y escultura, mantiene la capacidad de manifestarse mitológicamente inquietante y contemporáneo; por esta razón se lee la referencia a Orozco, aunque las imágenes de ambos se ven muy diferentes. Sí, Ray Rayo Smith no trabaja con lo obvio, es un inconforme, trabaja con la sátira y la crítica, con la figuración y con la abstracción. Y cuanto más tiempo pasa entre el hacer del maestro Orozco y las obras de Ray, las deformaciones expresivas que ambos atienden se tornan más verazmente apropiadas. (apropiadas en el sentido de adecuadas; y en el sentido de apropiaciones, cosas tomadas de…, en ambos casos, adecuadas y tomadas de la sociedad circundante en cada época). En los inicios de los ochenta, Ray era una figura discutida, no era reconocido en México como mexicano ni en Estados Unidos como norteamericano. Desde el siglo XIX, su familia materna, mexicana como la de su esposa, estaba radicada en los terrenos que serían anexados por “el otro país”. Su educación mixta lo nutrió de la mitología cultural que expande nuestra mirada. Esa variedad perfila la intensa carga con que se manifiestan el dúo tradición y modernidad, magia y descreimiento que coexisten en sus monumentales pinturas sobre madera, en sus óleos sobre tela, y también en sus acuarelas sobre papel, por sólo citar algunos ejemplos que refieren sus capítulos por medio de los materiales.

En un desmontaje de sus obras se presencia el constante encuentro de dos mundos, el artista lo plasma ante nosotros como lo vivió él desde su infancia. Son como dos films que corren simultáneos y se superponen en varios puntos, produciendo un choque tras otro. Todo transcurre delante de nuestros ojos como escenas ante la vista de un niño azorado, de un adolescente que no justifica lo injustificable, y ante la mirada de un adulto que aprendió la sinrazón del mundo. Dentro de su producción autoral, el extrañamiento, la angustia, el reclamo ante la muerte se presencia, por ejemplo, en los simbólicos bellos perros resignados, perros que aúllan, acechan, toleran, custodian y esperan.

El tema animal, tanto como el paisaje y los retratos, suelen manifestar una densa carga de vida de vida contenida. Él no pinta escenas de cámara de fotos, pinta situaciones incoherentes, manieristas, donde los polos de la realidad y la deformación juegan un doble de tenis en el cual la otra pareja está integrada por la dimensión y la tensión.

Los numerosos retratos que Ray Smith realizó, no son directamente autorretratos, para él lo que importa es trabajar en el contexto de una autobiografía asumida.

Lo arcano de su obra siempre tiene un viso contemporáneo, él no elabora a partir de hallazgos arqueológicos, ni de fósiles, sino de símbolos de un presente atemporal, cultural. Conviven la imagen de una virgen al estilo plateresco y figuras de nuestro hoy. El momento histórico está alterado por agigantamientos y desproporciones, flotación y silencios. Hay ocasionales elementos antropomórficos pero prima la antropología cultural. Ha desarrollado su imaginería; a la par, la mirada se expande más allá del tema para referir aspectos y expresiones que caracterizan diversos asuntos de la historia cultural. Ejemplo de ello son los rifles que en esta exposición estaban adormecidos en su memoria, y los reencontró, son parte de la realidad en la casa de su familia en Texas. El monumental auto azul que ocupa gran parte de la galería en la calle 57 simboliza velocidad y estatus pero sobre todo es el bólido que desemboca en la muerte angustiante de sus dos amigos, mencionada al inicio de esta nota. En ambas secciones de la exposición asistimos a la imaginería urbana imbuida del sentimiento post 9/11. Los estudios de relojes ratifican una visión post-surrealista de una humanidad a la cual se le derriten las esperanzas, y se colma de frustraciones deformantes. Ray Smith, el ser real, el artista de grandes aptitudes, no se reitera en los modelos del realismo mágico latinoamericano, camina a través de ellos tangencialmente y se expande en un lenguaje de cuestionamientos. Su indagatoria acerca de la vida y de la muerte se expresa tanto a través de formatos y dimensiones diversos círculos, rectángulos, como por medio de la sátira. Al tratar de entender la complejidad y contradicción de los dos países que habita, sabe que la historia no cuenta con todas las respuestas, y que el mito es algo en constante cambio, como el lenguaje, como la vida.

GRACIELA KARTOFEL

Ray Smith, por Graciela Kartofel | artnexus