Exposición Individualjul 2004 - sept 2004· Por María José Ramírez

Nohemí Pérez

Alonso Garcés Galería

El espacio de la Galería Alonso Garcés presenta obras de mediano formato bajo el título Sin noticias de Dios. Los cuadros de perros callejeros de Nohemí Pérez (1962) tocan el tema de la marginalidad urbana desde una perspectiva curiosa de la domesticación y de la afectación del entorno como una fuerza superior sobre los seres.

Una interpretación inicial remite a la comedia cinematográfica española del mismo nombre, del director Agustín Díaz Yanes, lanzada en 2001. Lo rescatable de dicha producción con relación a este trabajo es cómo se “controla” el destino de los personajes centrales sin que éstos estén conscientes de ello. En la película son los representantes del cielo y del infierno quienes se disputan el alma de un boxeador con un pasado truculento. En la serie de óleos sobre aglomerado de Nohemí Pérez, ese control lo ejercen la ciudad y el orden de la civilización humana.

Exposición Individual: Nohemí Pérez — imagen 1
Noehmí Pérez. Sin noticias de Dios, 2004. Óleo sobre aglomerado. 30 x 150 cm (11 ¾ x 59 pulgadas).

Tal vez refiriéndose a ese supuesto orden, la artista trabaja de manera serial y hace combinaciones esquemáticas de los perros en sus diversas poses, como intentando establecer un sistema numérico. Se destaca una obra alargada horizontal, de fondo rojo, que además fue utilizada como portada del catálogo de la muestra y reordenada varias veces tomando cada perro como un elemento aislado y reubicable dentro del plano.

Nohemí Pérez retrata cándidamente a estos animales mientras saltan, se rascan, se aparean o duermen, como quien observa obsesivamente desde afuera un acontecer caricaturesco de una realidad en la que no se involucra. En la mencionada obra, los bermellones se mezclan con tonos vino para dar sensación espacial de profundidad, un perro amarillo acompaña a uno marrón, un perro gris olfatea el piso y otro salta juguetón al extremo derecho del plano. En el reordenamiento del catálogo se destaca la acción externa del espectador, y así la artista permite o invita a ejercer cierto poder sobre las imágenes. Así mismo, el retrato de estas situaciones y la disposición en dípticos y trípticos permite que el espectador, arme imaginariamente otras combinaciones diferentes entre los fragmentos de cuadros.

La paleta de Pérez es sombría y lúgubre como el segmento de ciudad afectado por la pobreza, el clima, la industria y el devenir caótico. En otras obras de leves manchas contrastantes percibimos reflejos de agua en el piso grisáceo, y ciertas formas que sutilmente sugieren la presencia humana no figurativa, y apenas perceptible. La artista representa brumas grises en los fondos como si se tratara de nubes de humo con siluetas esbozadas en negro, y formas geométricas aluden a construcciones, postes de luz, fachadas y los rasgos más marcados del rostro citadino. Los perros son un foco de luz en el plano y casi se salen del mismo, lo que resalta el concepto de aislamiento para centrar el ojo en la actitud del perro, que riñe, que busca insertarse en un grupo social en donde rige la ley del más fuerte. Es interesante cómo la pincelada gruesa, expresiva y atrevida refuerza estas ideas en la obra.

En la medida en que la artista se apropia de la cotidianidad de los perros, entra a convertirlos en objetos activos de reflexión y, por lo tanto, les da indirectamente un nuevo contexto a partir del nivel de conciencia del pensamiento. Ella como creadora produce en torno a las herramientas formales de estas imágenes y el espectador interviene también en ese imaginario al reinterpretar la realidad que le presentan los cuadros.

MARÍA JOSÉ RAMÍREZ

Nohemí Pérez, por María José Ramírez | artnexus