En Santo Domingo las mujeres fotógrafas, calladas durante varias décadas, son las que hoy llevan la delantera en la fotografía como arte. Exposición tras exposición, el hecho se fortalece y casi constituye un fenómeno sociológico. Esa coyuntura ha creado una expectativa, y, expongan ellas en grupo o individualmente, ¡se espera renovar la satisfacción que nos ha procurado la última muestra! La muestra de Nicole Sánchez en el Museo de Arte Moderno confirma esta observación y su búsqueda de lo absoluto en la fotografía, hace que la fruición se convierta en encantamiento. Las imágenes nos miran… y miramos las imágenes: un diálogo de sensibilidades se abre, que difícilmente se puede cerrar. Para quienes creen en la fotografía como arte mayor de República Dominicana, es un momento privilegiado que fortalece convicciones.

Nicole Sánchez ha tenido la oportunidad de una formación especializada en Alemania y, sin dejar de perfeccionar los conocimientos adquiridos, los practicó en ese país europeo de gran tradición y exigencia en la fotografía. Hace casi diez años, la joven artista retornó a República Dominicana y, de inmediato se entregó a su vocación, obteniendo galardones en concursos locales. Expuso exitosamente por primera vez en 1997, y las dos muestras siguientes se destacaron por temas, composición e iluminación. Obtuvo el Primer Premio de la Bienal Nacional de Artes 2003 en la categoría de Fotografía, y aunque los galardones no siempre coronan al talento, aquella vez no hubo equivocación.
Mencionar la introspección aparenta ser contradictorio, ya que la cámara se apropia del mundo exterior, no de la visión íntima dentro de los seres. Sin embargo, según una propuesta inolvidable, existen una fotografía “ventana”, que capta y retransmite las cosas objetivamente, y una fotografía “espejo”, subjetiva y que se relaciona con el yo del fotógrafo. En términos cotidianos, sería una especie de reportaje del alma.
La transmutación, de lo exterior a lo íntimo, sucede en la fotografía de Nicole Sánchez y su escritura poética de la luz. Los escenarios no se sitúan en ninguna parte, tratar de reconocerlos pierde sentido: adquieren mayor vigencia si internamos sus referencias en el glosario infinito de los sueños.
Lejos de fijar una localización geográfica precisa, gracias al tratamiento numérico ella multiplica las fuentes visuales y las devuelve metaforizadas en lugar único. Sintetizadas en el cuadro, se inscribirán en el repertorio de la imagen y la imaginación.
La piedra y el agua, lo duro y lo fluyente, lo inanimado y lo voluble, el principio y el fin no están en conflicto. Cohabitan en un modo perceptivo real/surreal donde la apertura se vuelve trampa, el reflejo ilusión, la presencia recuerdo. Contradictoriamente, el muro maleable ablanda los ladrillos, los ramales incrustan en la pared grietas misteriosas, el vacío está intensamente habitado. Abordamos, gracias a dulces oleajes, los territorios de la geometría sensible latinoamericana, y en pintura diríamos que el mundo metafísico de Chirico no está lejos.
Nicole Sánchez prescinde del automatismo y el subconsciente, conoce y se conoce. De ninguna manera nos hallamos en el campo de la irracionalidad, una afirmación evidente, ya que en estas fotografías, casi todas de gran formato, la transferencia de lo material a lo espiritual pasa a través de procesos y técnicas rigurosamente dominados.
La artista es categórica y lo expresa: ella solamente maneja sus imágenes por tratamiento informático. El proceso forma parte de su íntima convicción y de los excelentes resultados que obtiene A ese respecto, señalaremos que es otra característica de las mujeres fotógrafas dominicanas: utilizan el photoshop para enriquecer figuras y conseguir efectos especiales. No obstante, las intenciones más positivas no siempre culminan en éxitos, y de repente la tecnología del futuro devuelve al pictorialismo del pasado. Con la obra de Nicole Sánchez no suceden esos inconvenientes, por la formación exhaustiva y por la práctica permanente.
La exposición titulada La disolución del Tiempo descansa en una manipulación de las imágenes a través de la computadora. En una primera mirada, parecen excelentes fotografías tradicionales a color, pero muy pronto nos percatamos de que son imágenes compuestas y que la tecnología numérica ha aumentado inmensamente el potencial de captación. A medida que vamos mirando la exposición, nos internamos plenamente en mutaciones reales-maravillosas que metamorfosean los escenarios más fríos en terrenos de la emoción y la estética.
El producto final es impactante y exquisito porque al entusiasmo que suscita la tecnología y a las oportunidades que la misma ofrece, Nicole Sánchez suma un uso de la transformación numérica para fines expresivos premeditados. Ella va a elaborar y comunicar en obras visuales, lo que siente intensamente.
Inmersa en su época por los medios que emplea, ella persigue en el arte fotográfico fines y valores eternos. Es también una forma de La disolución del Tiempo.
MARIANNE DE TOLENTINO
