Exposición Individualjul 2004 - sept 2004· Por Francine Birbragher-Rozencwaig PHD

Leonel Matheu

DOT Fifty-One

En su más reciente exposición, Buenas intenciones, Leonel Matheu hace un llamado a la sociedad para que viva en armonía con el entorno. En muestras anteriores, los personajes de Matheu hacían una crítica a la vida moderna. Sus “hombrecitos” se sentían ahogados por las grandes masas de concreto que dominan las ciudades y lamentaban la ausencia de la naturaleza en el paisaje urbano. En su obra reciente, el artista realiza un discurso más directo y hace un llamado al público para que se sensibilice y facilite un equilibrio entre lo tecnológico y lo social.

Si bien en la obra El escenario el “hombrecito”, personaje constante en su lenguaje gráfico, encuentra a un muro hermético, sin salida, en Ciclos aparece dando zancadas sobre las azoteas de los rascacielos y aunque carga un enorme maletín de trabajo, al menos tiene la oportunidad de ver la luz, de apreciar un cielo azul y alcanzar una estrella. Evidentemente, la preocupación mayor de Matheu es la tierra misma, ese diminuto planeta que en El estrellato aparece bajo la barbilla del “hombrecito” que personifica a Elvis Presley. Un humor sencillo, casi infantil, como la simbología misma de este artista instruido en el campo de las artes gráficas, hace que el mensaje transmitido sea claro y directo.

Exposición Individual: Leonel Matheu — imagen 1
Leonel Mathieu. Buenas intenciones, 2004. Imagen de la videoinstalación.

Sus ilustraciones aunque caricaturescas, e incluso anecdóticas, introducen temas serios con connotaciones filosóficas trascendentales como son la guerra y la contaminación ambiental. El “hombrecito” que pilotea un avión de combate en Comentario, o aquel que se sumerge en una bañera de líquido negro en Momento oportuno, hacen referencia al momento histórico que vivimos actualmente. Como obra, es aún más fuerte y directa aquella que lleva el mismo título de la muestra, la instalación Buenas intenciones, realizada con un barril de petróleo sostenido por una cadenas enormes y de cuya superficie surge el rostro del “hombrecito”. Sumergido a medias, logra hacer contacto visual con el público que lo contempla. A diferencia de los perfiles que protagonizan las telas, éste confronta al visitante y transmite un sentimiento de angustia al no poder salir del crudo que lo ahoga.

Esa misma confrontación se presenta en la instalación Cuatro esquinas en la que enfrenta cuatro “hombrecitos” a medio hundir en una caja llena de brea en forma de cruz. Sin duda alguna, la mejor obra de la exposición, que también lleva el nombre de Buenas intenciones, es una proyección de video en la que Matheu se muestra a sí mismo, hundido en medio del mar con el nivel del agua justo por encima de la nariz, asumiendo el rol del “hombrecito”, que en últimas es su propia imagen. El video, que en realidad fue rodado durante tres minutos y que se repite durante un tiempo indefinido, trasciende los logros pictóricos y escultóricos y encuentra en la imagen real la fuerza necesaria para conmover y afectar al espectador. El movimiento y la luz que se refleja en las olas de un océano gris contrastan con la imagen estática del “hombrecito” que retiene la respiración como forma de denuncia ante los males que nos acosan, especialmente aquellos que vienen del otro lado del océano.

El hecho de llevar sus personajes e ideas más allá del lienzo hace que la obra de este artista encuentre un punto de consolidación conceptual y formal. De un lado, logra reforzar la idea “del medio que ahoga al individuo como ente social” utilizando un tanque de petróleo, que simula ser real, o cuando el mismo artista funciona como protagonista de la obra; de otro lado, la acertada utilización de medios como la instalación y el video hace funcional la muestra en general, bajo el concepto de una curaduría coherente.

FRANCINE BIRBRAGHER

Leonel Matheu, por Francine Birbragher-Rozencwaig PHD | artnexus