
Advierto que cito estos antecedentes no para entonar un lamento por la crisis de la globalización ni para anticipar una inmediata crisis de la bienalización sino para abrir la que quizás sea la mejor vía de aproximación a la tercera bienal de Berlín, inaugurada en febrero de este año, a la que podría calificarse como la bienal de la antibienalización. Y no lo digo sólo porque dicha edición se aparte del modelo de bienalización en varios puntos decisivos, como su voluntad deliberada de eludir o atemperar el espectáculo, el número de artistas invitados, apenas medio centenar, que dista mucho de las cantidades exorbitantes de la Documenta o de la Bienal de Venecia, y last but not the least, el dato de que la mayoría de los invitados no habían figurado previamente en ningún evento internacional semejante. No, estas diferencias aunque importantes, no lo son tanto como el hecho de que esta vez la bienal se haya articulado en torno a un dispositivo temático cuyos fundamentos o motivaciones están claramente anclados en la situación o en la coyuntura actual de Berlín. Al contrario, evidentemente, de lo que ha sucedido hasta ahora en la mayoría de las bienales en las que ha tomado cuerpo el fenómeno de la bienalización. Cierto, ese dispositivo temático ha sido definido por Ute Metta Bauer la directora de esta edición y por su equipo como un conjunto de hubs , que como se sabe es un término tomado en préstamo de dos ámbitos privilegiados por la globalización: la informática y los aeropuertos, donde designa bloques o nudos que reúnen y simultáneamente distribuyen información. Pero esos cinco hubs "Migración", "Condiciones urbanas", "Paisajes sonoros", "Modas y escenas" y "Otras cinematografías" están arraigados, insisto, en las condiciones y en los problemas actuales de Berlín. Las inmigraciones son desde luego un problema que afecta a toda Europa y no sólo a la capital alemana. Sólo que en ella presenta por lo menos dos rasgos singulares. El primero, la inmigración procedente de los países del Este, impensable antes del derribo del Muro de Berlín, con todo lo que ello supone. Y el segundo, que el actual encastillamiento del Viejo Continente ante las renovadas oleadas migratorias del Tercer Mundo evoca soterradamente esa “Fortaleza europea”en la que los nazis quisieron convertir a Europa y que incluía una política de deportaciones masivas que se programaron justamente en una de las tres sedes de la bienal: el Martin Gropius Bau. Este palacete decimonónico que fue inicialmente sede de una escuela de artes y oficios sirvió bajo el nazismo de sede del organismo ministerial encargado de ordenar y programar esas deportaciones. De allí que la evocación que hace Hito Steyerl, el curador de este hub, de la ciudad-fortaleza en la que se ha convertido Bruselas, la sede de los organismos rectores de la Unión Europea, no podía, no puede, sino inquietar.

Algo semejante ocurría con el hub dedicado a las "Condiciones urbanas", donde predominaban las obras que remitían directamente a la situación de Berlín, al punto que incluso un artista como David Lamelas, que es argentino y vive y trabaja en Los Ángeles, mostró un video monocanal que era simultáneamente un lectura de la capital alemana realizada desde un helicóptero. El punto de fuga lo puso aquí si se quiere el artista búlgaro Ergin Cavasoglu, quien presentó Entanglement, una videoinstalación compuesta de seis proyecciones en un foso que mostraban el incesante vuelo nocturno de los helicópteros omnipresentes que vigilan la ciudad. Cualquier ciudad. Los hubs "Paisajes sonoros" y "Modas y escenas" conectaban igualmente con Berlín. El primero con el nuevo cabaret berlinés que gira en torno a dj y a jóvenes mujeres intérpretes que han optado por una música post punk, que incorpora con soltura la estridencia y el ruido. Y el segundo, con las experimentaciones en el campo de la moda que se inspiran tanto en la tradición constructivista como en el legado de los diseñadores de la extinta RDA.

Cabe terminar destacando a dos artistas: el español Marcelo Expósito y el peruano Fernando Bryce. Expósito realizó A dream: May First, una videoinstalación que utiliza la transformación de la histórica fábrica de la Fiat en Turín en un deslumbrante Mall para articular un discurso sobre la acción política, en lo que Paolo Virno ha calificado de sociedades postfordistas. Bryce, con dos nutridas series de dibujos, The Spanish War y The Spanish Revolution, dedicadas a la Guerra Civil Española, pone a prueba una vez más su propósito de someter los documentos históricos a lo que él mismo califica de “análisis mimético”.
CARLOS JIMÉNEZ

