Exposición Individualjul 2004 - sept 2004· Por Carlos Jiménez

José García Cordero

Galería Ángel Romero

En este año es el centenario del nacimiento de Salvador Dalí, y García Cordero le ha rendido, quizás sin proponérselo, un homenaje a su prolongada sombra con esta exposición de sus obras más recientes en la Galería Ángel Romero de Madrid. Y digo que es un homenaje no sólo porque la pintura anterior de García Cordero pueda asociarse con la veta fantástica a la que el propio Dalí se entregó con tanta frecuencia sino, sobre todo, porque la docena larga de cuadros de esta exposición tienen como tema exclusivo al cuerpo, el rostro y en definitiva a las imágenes que él se hace de sí mismo. Obviamente un ejercicio exhibicionista de esta clase es algo que conjuga bien con el desorbitado narcisismo daliniano, y si no se identifica completamente con él es por razones que van más allá de las evidentes diferencias técnicas y estilísticas que separan la obra de ambos pintores. Al fin y al cabo, Dalí fue un virtuoso como ha habido pocos en la historia de la pintura europea y García Cordero no. Pero la diferencia realmente importante no está allí, en la absoluta destreza o en la falta de ella, sino en el hecho de que mientras Dalí tenía de sí la mejor de las opiniones posibles García Cordero no. Al contrario, este pintor dominicano residente desde hace muchos años en París, ha mantenido siempre consigo mismo una actitud distanciada e irónica que le ha impedido considerarse a sí mismo un genio y le ha permitido por añadidura advertir que él no es simplemente un meteco en un París cuyos núcleos duros de poder siguen siendo refractarios a los extranjeros, sino un simple paria. Uno de los parias de la Tierra a los que apelaba la Internacional que se atreve, sin embargo, a escribir versos en los que cuenta que “llora en París” antes o después de “gritar ¡longanizas con patacones para todos!”. Y de añadir con igual desparpajo que tampoco en su país natal se siente bien porque de allí salió huyendo de “mosquitos ñañaras/ noches gagá/ patios espantosos/ rezos oscuros/ sátrapas divertidos/ bufones sanguinarios/ marigüaneros born to loser/ turistas pecosos/ cremas de coco/ canadienses en calor/ fisiócratas, predicadores/ y otros olvidos”.

Exposición Individual: José García Cordero — imagen 1
José García Cordero. Sin título, 2002. Acrílico sobre tela. Diámetro: 70 cm (27 ½ pulgadas).

La consecuencia del modo que tiene García Cordero de relacionarse consigo mismo y con el mundo se nota muchísimo en los cuadros, en los autorretratos si quiere, que nos ocupan. Todos ellos están pintados a la manera de Lucien Freud para representarse mejor a sí mismo como un hombre entrado en años y en carnes, a quien a ratos se le extravía el cuerpo y que ha perdido irremediablemente mucho pelo. Y que incluso cuando se considera a sí mismo como a Dionisos, con cuernos en la cabeza y los genitales en la mano, no deja de ofrecer un aspecto patético antes que trágico. O como él lo ha escrito en otro de sus versos: “Ladro a la Luna cuando quiero/ por eso soy disfraz/ soy camaleón/ como un león me la busco/ soy tricontinente , tritragicómico/ acá, allá, acullá”.

CARLOS JIMÉNEZ

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