Graciela Iturbide es una de las mejores fotógrafas vivas de México, y esta exposición, Pájaros, demostró por qué. Se incluyeron fotografías en blanco y negro tomadas en México e India en la década de 1980 y finales de los noventa y publicadas en su libro de 2002 con el mismo título. Las aves se destacan en cada copia en gelatina de plata o platino, aunque fotografías como Lost Dogs, 1998, captan mucho más que criaturas aladas. Esta obra, de India, tipifica el ojo excepcional de Iturbide y su extraña habilidad para captar un momento que parece a la vez una visión abstracta y una ojeada poco común a un mundo. Cuatro perros callejeros con colas característicamente enrolladas están a un lado y se ven como oscuras figuras en lo alto de un largo y árido terraplén en sombras. La luminiscente extensión del vasto cielo brumoso que llena la fotografía es truncada por la presencia de tres negros cuervos solitarios que flotan en el aire. Es una imagen sobria, dramática, concebida a partir de un instante congelado, una imagen de extrañas yuxtaposiciones que se traduce en una perturbadora composición de aire libre y luz versus tierra y criaturas oscuras.

En Untitled (Bull with Birds), 1998, la gracia etérea de pálidas aves en vuelo contrasta con la intensa y sólida ferocidad de un toro negro que corre por entre la bandada. Revoloteando, innumerables palomas se dispersan, llenando el sofocante aire de un espacio amurallado con sus borrosos cuerpos. Las pesadas ramas de tupidos árboles proporcionan un telón de fondo para el pavimento cubierto de semillas que quedó vacío tras la embestida del toro. El diseño del fondo de ladrillo claro y uniforme es la fuente de esperanza alrededor de la cual zumba el flujo del incesante movimiento de los animales. Es una visión embriagadora en la que vuelo y fuerza convergen en un mundo que parece irreal, comparado con los ensombrecidos muros.
Una de las fotografías más impactantes de la exposición, Jacket and Crow, 1998, nos recordaba las magistrales obras del profesor de Graciela, el fotógrafo mexicano Manuel Álvarez Bravo. Esta inquietante e icónica foto está definida por un blazer puesto a secar en el extremo de la rama de un árbol. Un borroso cuervo en vuelo interrumpe el opaco cielo iluminado por el Sol. Fotografiada desde abajo, la chaqueta parece suspendida en el cielo como una cometa. El fondo está marcado sólo por el borde de un edificio en construcción cuyas barras de acero apuntan hacia el cielo, señalando la inminente adición del siguiente piso. Es una fotografía fascinante concebida a partir de una escena ordinaria.
A través del lente de Iturbide, como ocurrió con Álvarez Bravo antes de ella, vemos lo extraordinario en tema y forma. Ella imparte una visión particular y abstracta a la vez, de figuras o lugares, de oscuridad versus luz, intrincadas líneas o texturas versus borrosos tonos y espacios. Iturbide es una artista singular; sus fotografías, a pesar de su tamaño, el tema o el número de veces que las hayamos visto, nos obligan a verlas de nuevo.
MARY SCHNEIDER ENRIQUEZ
