Exposición Individualjul 2004 - sept 2004· Por Christine Frérot

Federica Matta

Maison de l'Amérique Latine

Federica Matta expone por primera vez en Francia una muy importante selección de acrílicos sobre lienzo, esculturas en resina policroma, dibujos y collages cuya producción se escalona entre 1993 y 2003, acompañados de un móvil, dos “urnas” en barro y algunas maquetas (proyecto para la Favela de Campo Grande, Río de Janeiro). La artista de origen chileno (1955, Región Parisina) está instalada en la capital francesa donde trabaja con inmensa libertad, autorizándose todas las formas, todos los colores, técnicas y formatos, desde el más pequeño objeto hasta las monumentales realizaciones de arte urbano. Sin preocuparse por la moda o el mercado, enriquece su vocabulario artístico citando, volviendo a mirar y tomando prestadas las fuentes culturales y artísticas del mundo entero. La primera mirada sobre este prolífico trabajo nos lleva a evocar, sin lugar a dudas, las figuras de sencillos decorados y colores primarios preferidas por Niki de St. Phalle durante los años ochenta. Encontramos también en Federica Matta una similitud con la imaginación desbocada de un artista de la figuración libre, el francés Hervé Di Rosa, viajero de lo imaginario y lo real, inspirado por la tira cómica, el arte brut, el arte popular y el arte naïf.

Exposición Individual: Federica Matta — imagen 1
Federica Matta. Plaza Brasil, 1993. Técnica mixta.

Pero más allá del parentesco con una familia narrativa donde se expresan diversas naturalezas estéticas e imaginativas, la artista impone una vía personal -en la que no se puede olvidar el lenguaje iconográfico construido por Roberto Matta- impregnada de surrealismo, desde Miro a Max Ernst y Victor Brauner hasta las esculturas de la brasileña Maria Martins. Es el caso de los bajorrelieves realizados para una estación de metro de Lisboa, en Portugal, El jardín acuático (1994) o de la monumental escultura El viaje de la sirena (1999) instalada en la ciudad de St. Nazaire, Francia, así como de la tela de gran formato titulada Las multiplicaciones (2003).

En una multiplicidad de formas donde se mezclan varios universos, Federica Matta inventó un mundo declinado en un vocabulario de imágenes donde aparecen en forma recurrente soles, estrellas, peces, pájaros, corazones, sirenas, figuras híbridas, diosas o divinidades antropomorfas o zoomorfas y figuras decorativas. El agua, la naturaleza y el cosmos se asocian en una fluidez inestable donde la artista renueva la eterna utopía de un paraíso imaginario, semejante a la vez al Tlalocan de los Aztecas y al Jardín de las Delicias maravillosamente imaginado por Jerónimo Bosch.

Su obra evoca una bacanal alegre y sonriente, poblada de seres mitad ángeles y mitad demonios que hubieran sin duda fascinado al art forain (o arte de feria) francés de principios de siglo. Lo que domina en este entrelazamiento de elfos, duendes y monstruos simpáticos es el placer de imaginar, crear libremente formas, dejar correr la mano y el color a capricho de la emoción o del azar, construir, a través de una especie de diseño automático, un mundo soñado y paradisíaco, un universo habitado por la generosidad del gesto, por la alegría de instaurar un diálogo con el niño que fuimos y que todavía se esconde en nosotros1. Los símbolos y signos de creencias primitivas, los mitos y figuras hindúes (la diosa Shiva con sus múltiples brazos y su único ojo), las alusiones al antiguo Egipto (esfinge), las representaciones de los primeros ‘’salvajes’’ imaginados por los europeos del Medioevo (hombres sin cabeza), etc., se codean con las referencias a América; ya sea precolombina, con las imágenes de los Códices, que también su padre, Roberto Matta, quería mucho, o las referencias a la arquitectura mesoamericana con la escultura El templo (1993); o la América actual, con las divinidades del candomblé brasileño, las evocaciones de la fauna tropical (tortuga, serpiente, iguana, etc.) y los paisajes volcánicos que encontramos en el Juego de la oca diseñado por la artista.

El universo de Federica Matta hierve de vitalidad, explota de asombro, está impregnado de humor. Está dentro del estilo de lo “real-maravilloso” intrínsecamente americano de que habla el escritor Alejo Carpentier, pero también se asemeja a ese "barroquismo" de las imágenes y las situaciones ("el realismo mágico") expresado por la literatura latinoamericana. Si el color ocupa el puesto principal tanto en las telas como en las esculturas, éste no oculta la fuerza y la precisión de un dibujo de trazo firme aunque muy libre que brota en sobrios diseños negros sobre fondo blanco, libremente ejecutados al pincel. Su imaginación sin trabas y su virtuosidad gráfica son también perceptibles en dos grandes telas donde domina un dibujo en negro de formas blancas sobre fondo gris con escasas manchas de color: Los universos y el infinito (1992) y Fuego y sombra (1991), son obras que se destacan netamente en un conjunto justificado por la ilimitado derroche de colores vivos. En estos grandes formatos, la artista muestra una gestual muy diversificada, especie de caligrafía de imágenes que impone su capacidad tanto para dibujar como para exigir, en otras obras, la predominancia del color. Los once collages y papeles recortados en una limitada policromía de beige, negro, blanco y gris nos recuerdan inevitablemente las figuras recortadas en papel amate de los indios mexicanos del Guerrero, imágenes sagradas, símbolos rituales, efigies chamánicas para invocar la fertilidad y la lluvia, o para alejar a los malos espíritus.

En sus grafías entrelazadas que pueblan un espacio en movimiento, encontramos un parentesco con el universo en explosión/implosión de Matta y el deseo común de ambos artistas de desatar (desanudar) los hilos de la historia y del mundo. Con sus acumulaciones piramidales, sus animales y criaturas fantásticas, su derroche de colores primarios a menudo planos, sus máscaras-frutas, sus mujeres-flores, la multiplicación de soles, etc., Federica Matta nos ofrece un mundo encantado. Su exuberante obsesión de la imagen y el color nos revela, entre saturación visual y fascinación, una exigencia entremezclada con el goce cotidiano de la creación.

Lejos de nuestras habituales instalaciones donde el intelecto domina sobre la emoción, donde a menudo el color por su propio valor, por su impacto visual, plástico y emocional está ausente, donde lo cotidiano es interrogado a partir de su insignificante o condenable realidad, el mundo de Federica Matta nos invita a soñar. Por los tiempos, más bien "austeros", que corren en el mundo del arte, su obra lúdica y regocijante abre un espacio de luz en la monotonía reinante. Federica Matta no busca criticar al mundo. Busca trascenderlo, liberarlo de sus trabas cotidianas, imaginándolo mejor, utópico, tal como podría ser y tal como es también, a veces. Lo imaginario de la artista toca nuestra memoria más profunda, la que nos autoriza a desear y a crear para el placer de nuestros ojos y de nuestros afectos, una imagen "real-mágica" del mundo.

NOTA

1. El catálogo de la exposición, que no es convencional, está especialmente concebido para los niños en forma de juegos. Se trata de un conjunto que contiene cinco elementos: un pequeño catálogo donde están presentadas algunas obras de la exposición y textos dibujados por Federica Matta; un juego de las siete familias; un juego de la oca; un móvil para recortar y máscaras para iluminar y recortar.

CHRISTINE FRÉROT

Federica Matta, por Christine Frérot | artnexus