Exposición Individualjul 2004 - sept 2004· Por Carol Damian

Enrique Martínez Celaya

Fort Lauderdale Museum of Art

La misteriosa oscuridad que domina las perturbadoras pinturas de The October Cycle podría verse como la culminación del profundo intelectualismo que ha inspirado las obras de Enrique Martínez Celaya a lo largo de su carrera. Creadas para la Sheldon Memorial Art Gallery de la Universidad de Nebraska, a las veintidós gigantescas pinturas (algunas de hasta 10 pies de ancho), expuestas durante estos dos meses en el Museum of Art de Fort Lauderdale, se les dio nueva importancia en una instalación que las combinaba con dibujos, grabados, escultura y un mural y poema específicos para el sitio que servía como introducción a la exposición. El efecto general de la serie era tanto una evocación de contenido impreciso, aunque místico, como una declaración arquetípica sobre la expresión romántica de las emociones mediante los más mínimos métodos de abstracción. Vacíos infinitos, en los que la mera sugerencia de figuras, árboles y otros objetos está a la vez presente y excluida, insinúan la experiencia trascendental y el enfoque moderno de la exploración filosófica, que es la esencia de la obra del artista.

Exposición Individual: Enrique Martínez Celaya — imagen 1
Enrique Martínez Celaya. La (mañana) traspasada, 2002. Óleo sobre madera. 172,7 x 121,9 cm (68 x 48 pulgadas).

Enrique Martínez Celaya nació en Cuba, y el exilio forzado de su familia a España en 1972, cuando él tenía ocho años, marcó su vida y su obra y, desde luego, contribuyó al profundo sentido de introspección presente en esta serie. Incluso el título Octubre se refiere a recuerdos de estaciones de frío y oscuridad que le eran desconocidas y a una vida de pobreza y miseria tan alejada de la tropical isla de Cuba, como intolerable. Tal como la temprana penumbra de octubre marcaba el preludio del invierno en Madrid, Martínez Celaya graba delgados rayos de luz en sus gruesas y oscuras superficies, como los últimos vestigios del calor. La simplicidad invita al espectador a investigar más detenidamente las profundidades de cada obra. Pintada al óleo y barniz sobre fondos de brea emulsionada, la textura de cada imagen puede complicarse con la incrustación de objetos, materiales naturales y capas de viscosidad que ubican al espectador al borde de un resonante vacío del cual la forma palpable amenaza con emerger. Al igual que el espectro de la muerte que perturbó su juventud en España, el negro se cierne en hileras de denso silencio atmosférico. Martínez Celaya emplea la dualidad primaria de blanco y negro como sendas de emoción que luchan contra el lienzo.

Estas interpretaciones tan conmovedoras de la vida le llegan al artista después de una interesante carrera académica y profesional que incluye un grado en física y un trabajo en Quantum Electronics antes de obtener un Máster en Bellas Artes de la Universidad de California en Santa Bárbara en 1994. Buscando siempre una base contextual filosófica para su obra de arte, Martínez Celaya mantiene el enfoque de un científico para explorar los aspectos teóricos del arte, así como los metafísicos. El simple bosquejo de una cabeza no es la esencia de la pintura The Transpierced (morning), 2002. La sobria silueta emerge del óleo y la brea como si sufriera una metamorfosis a partir de desechos de la naturaleza, mientras crea el contraste entre los elementos orgánicos y el contorno cuidadosamente dibujado. Pinta en brea, y con ella afecta más que la superficie y el proceso; afecta las sombras del negro (y existen sombras de negro) que son a la vez fondo y primer plano de cada obra, y aumenta la tensión de la imagen, tan efímera como definida.

Aunque sistemáticamente existenciales y profundas, las imágenes de la naturaleza son complementadas por otras asociadas con su familia, en especial los dos niños que, según lo acepta Martínez Celaya, cambiaron su mundo profundamente. En Gabriella’s laughter, 2002, cuyo nombre corresponde al de su hija, lo efímero adquiere una presencia mística a medida que los perfiles de un niño y un adulto se mezclan dentro de una luz radiante que es la más abstracta aunque metafórica expresión del amor. El tranquilo blanco luminoso evoca sensaciones primordiales generadas en las energías creativas de la luz natural. Su búsqueda de la imagen más irreducible corresponde no sólo a su relación personal con el tema, sino también a la sustancia universal de la vida misma. La imagen fluctúa entre los extremos de una imponente y misteriosa presencia y su negación total de la luz a medida que se desvanece y emerge al mismo tiempo. Estas reflexiones filosóficas implícitas inspiran todas sus obras.

La riqueza visual de The October Cycle augura una sombría y misteriosa presencia que debería ser suficiente para convencernos de que todas sus imágenes pertenecen a un profundo campo de experiencia que desafía nuestra participación. Si aceptamos el desafío, las recompensas serán invaluables e infinitamente provocadoras.

CAROL DAMIAN

Enrique Martínez Celaya, por Carol Damian | artnexus