En un espacio dotado de una amplitud volumétrica excepcional, la primera retrospectiva del artista chino Chen Zhen (Shanghai, 1955 - París, 2000) impone, a través de una serie de instalaciones monumentales, el pensamiento estructurado y móvil, no sólo estético sino también existencial, de un creador preocupado por la fusión del arte y de la vida permanentemente atravesada por el espectro de la muerte. La trayectoria de Chen Zhen, desde Asia hasta Occidente, está marcada por experiencias y encuentros determinantes (especialmente durante los tres meses que pasó en el Tibet en 1983), marcada por múltiples viajes a través del mundo (durante los años noventa) y totalmente determinada o condicionada por la rara enfermedad —una forma incurable de anemia— que fue la causa de su temprano fallecimiento.

Habiendo vivido su adolescencia y juventud durante los años de la Revolución Cultural (1966-1976) y su edad adulta confrontado con las reformas que iban a transformar el modo de funcionamiento de la sociedad china y de la vida cotidiana de sus ciudadanos, Chen Zhen se crió en el seno de una familia de médicos, abierta y culta, instalada en el barrio de la antigua concesión francesa en Shanghai. Allí recibió una instrucción artística clásica —la única existente en esa época— dentro de un contexto dominado por el realismo socialista soviético. Más tarde estudió en el Instituto Teatral de Shanghai en donde se abrió a la relación obra-espectador. En París, tomó los cursos de la Escuela Nacional de Bellas Artes. Es en ese contexto, a partir de 1990, que abandonó la pintura para orientarse hacia nuevos medios de expresión, en particular la instalación.

Al salir de Asia —llegó a Francia en 1986 para radicarse de forma permanente— Chen Zhen vive una ruptura violenta y a afrontar un profundo choque: el paso de un sistema social y político a otro, de un modo de relación colectiva a una relación individualista con el mundo, de un idioma y una cultura a otros. Algo que llamará particularmente su atención será la abundancia de productos de consumo diario y la proliferación de objetos. Su adaptación a tantos cambios culturales sucesivos, conjugada con la omnipresencia de su enfermedad, le llevan a construir una conciencia en permanente evolución, una “forma de pensar transcultural” que él llamará “transexperiencia”, concepto que cristaliza a través de la creación de un método de reflexión en torno a tres ideas fundamentales: “Residencia, Resonancia, Resistencia”. Sobre este tema, Chen Zhen explica1: “Residencia es anclarse en el nuevo contexto, aprender la cultura del lugar donde uno está; Resonancia es tener un espacio de eco con la cultura donde uno vive; Resistencia es interrogarse sobre su resistencia a la cultura occidental”. Esos tres ejes responden a un mestizaje reflexivo, voluntario y controlado donde deben mezclarse armoniosamente y sin límites ambas culturas: de un lado, Confucio, la filosofía y la espiritualidad budistas, el yin y el yang... y del otro, la cultura occidental y sus parámetros materialistas actuales. En el centro de reflexión del artista existe una idea a la que está profundamente aferrado, la de la “sinergia”, que da prioridad a la necesidad de constituir una red de energías, vital para él, tanto médica como artísticamente. La enfermedad y su posible cura son vividas por Chen Zhen como un proyecto artístico. Si su sueño de convertirse en médico de práctica tradicional china sigue siendo su preocupación personal esencial, está ligado al de la relación del hombre con la naturaleza en una sociedad de consumo desenfrenado donde uno debe también interrogarse sobre el lugar de la arquitectura y del urbanismo. "La actividad médica se convierte entonces en una forma de investigación artística y filosófica"2.

La expresión "silencio sonoro" remite a la última entrevista de Chen Zhen3: "Siempre he conservado la misma mentalidad. No he cambiado. En China hay dos proverbios que definen sendas estrategias con relación al cambio y al movimiento: 'Diez mil cambios no modificarán jamás la esencia de las cosas'; 'Mantenerse sin cambio frente a diez mil cambios'. Tal vez yo sea excepcionalmente privilegiado, pues mi enfermedad me despierta cada mañana en un silencio sonoro...". La exposición que lleva el mismo nombre, presenta diferentes aspectos de un proceso creativo en el que "coloca al artista como terapeuta de sí mismo o, más globalmente, como terapeuta de la sociedad"4. Esta exposición agrupa piezas monumentales (nueve), así como una serie de dibujos. Tres grandes propuestas estructuran la exposición particularmente centrada en la comunicación con los espectadores. Para Chen Zhen, la participación del público resultaba indispensable para dar sentido a la obra e ir más allá de la instalación de tipo occidental que, a sus ojos, era demasiado conceptual y demasiado lejana de la realidad sensible. Para él, la obra debía responder a la idea abierta y generosa que él defendía, la idea de encuentros ya sean culturales, humanos, filosóficos, espirituales, terapéuticos, etc., inducidos por el fenómeno de la "sinergia".

En relación con la filosofía budista en la que "cada día es un nuevo día", las obras instaladas en el Palacio de Tokio invitan al espectador a reflexionar para reconceptualizar su relación con el mundo contemporáneo, con la naturaleza, con la espiritualidad meditativa, con el cuerpo y con la enfermedad; a tomar conciencia del valor y la fragilidad del instante. El primer eje de la exposición, que tiene que ver con las relaciones con los objetos y la crítica de la sociedad de consumo, atraviesa varias obras, entre ellas: Precipitous Parturition (Parto precipitado, 1999), en la que instala un gigantesco dragón de 25 metros suspendido del techo. El hocico está conformado por bicicletas usadas, el vientre por un ensamblaje de automóviles en miniatura pintados de negro y el cuerpo por neumáticos. Esta evocación de la tradición china y el consumismo occidental sin límites que institucionaliza los desechos vuelve a encontrarse en varias de sus obras, donde el insignificante objeto cotidiano es puesto en escena como ícono de un desastre anunciado. Pero, al mismo tiempo que interroga y critica, la obra de Chen Zhen propone. Quiere "revitalizar el pasado y enriquecer el presente"5. Fu Dao, Up-site-down Buddha/Arrival a good fortune (1997) es una instalación construida en forma de templo budista recubierto de bambú. Bajo esta bóveda de follaje aparecen suspendidos diversos objetos recuperados (nevera, plancha, mesa de plancha, televisor, etc.) y 50 pequeños Budas rojos colocados de cabeza. Aquí, Chen Zhen, fuertemente impregnado de experiencias de la meditación, interroga el devenir de la religión tradicional frente a una sociedad donde nada está hecho para durar. En Purification Room (Sala de Purificación, 2003) —instalación hecha por la esposa de Chen Zhen con base en un proyecto anterior del artista— los objetos de la vida cotidiana dispuestos sobre una gran superficie en el suelo (cerca de 200 m2) están entrelazados dentro de una capa de arcilla seca; así, aparecen como un yacimiento "petrificado" y dan testimonio de esta "arqueología del futuro" de la que hablaba Chen Zhen cuando afirmaba que "en lugar de exhumar, es necesario anticipar en relación con el tiempo"6.

El segundo eje desarrollado en esta exposición aborda el tema de la comunicación entre los hombres o de la ausencia de ella, y de la reconciliación. Es el caso de La voz de los emigrantes (1995), una especie de mapamundi utópico conformado por prendas entremezcladas donde aparecen algunas "bocas", en realidad altoparlantes disimulados que transmiten voces cruzadas. Esta Babel contemporánea7. nos hace pensar en la globalización que Chen Zhen experimenta y trasciende a lo largo de sus numerosos viajes. El extraordinario Jue Chang (the last song) Dancing Body/Drumming mind, creado en un primer momento para el Museo de Tel-Aviv, en 1998, y presentado al año siguiente en la Bienal de Venecia, reúne sillas y camas tendidas con cueros templados sobre los cuales el espectador es invitado a tocar, golpear, acariciar... El gesto, concebido originalmente por el artista como una protesta política, toma aquí otro sentido —como sucedió en Venecia— y se convierte en exutorio de las tensiones internas o bien en una forma de energía comunicativa con todos los que realizan, en eco, el mismo movimiento. Chen Zhen subraya la dimensión curativa original que quiso dar a esta obra concebida como una performance de esencia iniciática: "Curarse a sí mismo golpeando tambores, masajearse, limpiarse, echar fuera el estrés y recuperar un equilibrio físico y emocional"8.

Por último, la enfermedad, la meditación y la terapia están presentes en varias de las obras mayores de la exposición, y esos temas se encuentran en sinergia con los anteriores. Diagnostic room (Sala de diagnóstico, 2000) presenta un mueble que contiene 378 cajones donde se guardan los numerosos vegetales y minerales que constituyen la farmacopea china, entre un tabique de cenizas (la purificación) y un tabique de paja (la naturaleza); seis dibujos muestran los órganos enfermos y sus diagnósticos con las plantas utilizadas en su curación colocadas en antiguas bacinillas tradicionales de madera. Chen Zhen habla de su enfermedad y de la terapéutica tradicional china como de "un proceso de creación conceptual y plástica". La enfermedad y la curación están también representadas en Obsesión de longevidad (1995), instalación que contiene dos pequeños espacios cerrados y abiertos en los cuales virus moldeados, huellas, frascos, fórmulas médicas caligrafiadas a la antigua, etc., cohabitan con una cama de clavos que recuerda el sufrimiento permanente. La última instalación del artista, Luz inocente (2000) es una parte de la instalación presentada en la Galería Continua en Italia, poco antes de su muerte. En el techo, siete "capullos" luminosos hechos de tubos translúcidos, que son en realidad tubos de transfusión sanguínea, están enganchados a camas blancas de niños. Nacimiento, enfermedad y muerte se asocian y dialogan con las formas orgánicas en alabastro del Zen garden (Jardín Zen) unos metros más abajo, acompañadas a su vez de una reja de instrumentos quirúrgicos tibetanos y occidentales.
En todo este recorrido, de gran coherencia intelectual y sensible, que ofrece la exposición del Palacio de Tokio, palpita la urgencia de comunicar y vivir de un artista que inscribe en la realidad, en la metáfora o en el sueño su experiencia vital y fatal. Las instalaciones ofrecen allí una lectura continua e interactiva de esa historia personal cuyo espectador está llamado a ser, junto con el artista, el protagonista principal. Chen Zhen ocupa un lugar aparte dentro de la diáspora de artistas chinos en Occidente, pues supo afrontar, responder y ofrecer una alternativa de reflexión metódica y constructiva a lo que habría sido un obstáculo o un freno para otros artistas: hacer frente a un mundo diferente y a una enfermedad incurable. Escapando del papel de artista "exótico" en el que algunos hubieran querido encasillarlo, marcó también los hitos de "una estética del desplazamiento" y de un estatus de "artista nómada" —según sus propias palabras— al reflexionar sobre la naturaleza y el lugar del exilio que los artistas llevan sobre sí. La reflexión de Chen Zhen engloba la fusión del cuerpo y el espíritu, cuya importancia para el hombre subraya repetidamente, así como exhorta a éste a buscar "la invisibilidad de los materiales, el contexto interno o invisible del lugar para ir más allá de la forma".
Chen Zhen da preferencia al ser sobre el parecer, pregona el espíritu-guía y el "arrojarse al vacío", y al mismo tiempo deplora la deserción de esos valores en nuestras mentalidades actuales. Su sabiduría impregna campos tan diversos como la aprehensión de la naturaleza, el sentido del arte, la enfermedad y la relación con el otro9. Contamina y relativiza nuestras certidumbres proponiéndonos dinamizar nuestro sentido crítico racional, descriptivo y clasificador, hacia un "método conceptual metafórico" que concede todo un espacio a la libertad de errancia y de duda en la que se fundamenta nuestra dimensión de humanidad.
NOTAS
1. Conversaciones con Hans-Ulrich Obrist, Osaka 2000.
2. Le Journal n˚ 5. Especial Chen Zhen, "silence sonore", Palais de Tokyo, París.
3. Le silence sonore. Conversaciones entre Chen Zhen y Jérôme Sens publicadas en el catálogo Chen Zhen 2000, editado por Cimaise et Portique, Centre Départemental d’Art Contemporain, Albi, Et Muzej Suvremene Umjetnosti, Zagreb, con la exposición de Chen Zhen, Jardins et Lavoirs.
4. Le Journal, op. cit.
5. Conversaciones, op. cit.
6. Le Journal, op. cit.
7. Le Journal, op. cit.
8. Cartel de la exposición
9. El libro de Conversaciones citado en la nota 1, fue publicado con ocasión de la exposición del Palais de Tokyo. Es una herramienta intelectual y teórica indispensable para entrar en la filosofía existencial y artística de Chen Zhen. Reunió numerosas conversaciones realizadas en el mundo en el transcurso de la década de 1990 y principios de 2000.
CHRISTINE FRÉROT
Historiadora de arte dedicada a la crítica, la investigación y la enseñanza. Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales, París.

