Alberto Asprino (Maracaibo, 1952) es un creador multifacético que ha abordado el arte desde distintas posiciones, abarcando los roles de arquitecto, gestor cultural, museógrafo, curador y artista plástico. Estas múltiples actividades tienen como sustrato común un serio trabajo de investigación y una sensibilidad muy afinada, acorde a los requerimientos de la contemporaneidad. En su trabajo artístico, el ganador del último Salón Michelena, se aboca principalmente a la reflexión sobre la memoria, resumida muchas veces en el sentido poético con el cual impregna los objetos que incluye en sus ensamblajes: elementos de mobiliario en desuso, trozos de madera recuperados a la orilla del mar o piezas rescatadas en sus paseos por la ciudad, convertidos todos en portadores de conceptos asignados por la voluntad creativa del artista.

Todo esto se resume de forma muy coherente en la exposición Recorrido presentada en la Galería Moro. La muestra constituye en sí misma una instalación conformada por una serie de pequeños ensamblajes en madera, en la que las memorias se revisan desde dos perspectivas: la evocación de un recorrido espacio-temporal concreto y la alusión a espacios arquitectónicos, existentes unos, desaparecidos otros, que marcaban la fisonomía de una ciudad y su imagen en los recuerdos de uno de sus habitantes.
El recorrido que Asprino reproduce en la exposición es el que emprendía cada día desde su casa materna hasta el colegio en el que recibió su formación temprana, es el recorrido de la infancia filtrado a través de los años, a través de la interpretación del adulto, de la mirada de alguien separado físicamente de su ciudad de origen, pero ligado a ella indisolublemente en su memoria. Cada elemento de la muestra lleva por título el nombre de algún hito en el recorrido; así nos encontramos con Mi casa, Mi vaquita, Plaza de la República… y otros tantos apelativos alusivos a los sitios entre los que se desplaza el caminante memorioso. Las obras están constituidas por repisas en las que se agrupan, en algunos casos, pequeños objetos recogidos en la repetición del trayecto infantil, junto a trozos de madera reunidos a orillas del mar, a los que Asprino llama libros, y en los que podemos leer las marcas de las olas y las reseñas impresas por el salitre y el Sol.
Cada pieza es en sí misma una obra cerrada cargada de sentido en la que la alusión al espacio, de cuyo nombre se apropia, no es literal, sino más bien producto de una reflexión que pasa por el valor emotivo del recuerdo, para concretarse materialmente en un objeto poético. La reunión de las obras construye un discurso en el que presente y pasado se mezclan en el mismo plano, superponiendo la realidad tangible, referida a los edificios aún conservados, a la realidad intangible, producto de la revisión íntima de la memoria individual. Recorrido recrea el sentido colectivo de la trama urbana, con su carga de historia, pervivencia y nostalgia, a través de una crónica personal en la que el imaginario del artista sirve como inicio para detonar asociaciones íntimas en cada espectador, invitándonos no sólo a contemplar la exposición, sino también a convertirnos en observadores atentos de esa casa grande que es la ciudad en la que habitamos.
SUSANA QUINTERO BOROWIAK
