Exposición Individualjul 2004 - sept 2004· Por Nelly Perazzo

Adolfo Nigro

Centro Cultural Recoleta

En la Sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta se presenta una muestra retrospectiva de 35 años de labor del artista rioplatense Adolfo Nigro.

Rioplatense por estar fuertemente vinculado por su formación, en la década de 1960, a la Escuela del gran maestro Torres-García, a través de la guía de José Gurvich, uno de sus discípulos. De él aprendió a usar “el espacio libre como campo infinito de posibilidades”.

De su experiencia montevideana le quedó, como una imposición, su relación profunda con la artesanía y con el ser latinoamericano, con el pertenecer al Sur.

Este rosarino (nació en Rosario, Santa Fe, en 1942) que hizo de la tierra, del agua, de los cielos de su locus natal los protagonistas de su pintura despliega en su última exposición, ante nosotros, 250 objetos para invitarnos a recorrer su obra por un camino distinto.

Exposición Individual: Adolfo Nigro — imagen 1
Adolfo Nigro. Jironadas, 1999. Collage. 34,5 x 49 cm (13 ½ x 19 ⅕ pulgadas).

Este es, sin duda, el principal acierto de la curadora Liliana Piñeiro, quien organizó la muestra de objetos en torno a núcleos temáticos y formales.

Esto ha permitido una potenciación máxima de la exposición que adquiere así las características estructurales y cualitativas de la propia obra de Nigro.

Festiva, exultante, heterogénea, vital, llena de movilidad y de gracia, la exhibición se multiplica en objetos disímiles, resignificados poéticamente, sustraídos a su banalidad por la mano del creador.

Los objetos cotidianos, todo lo que lo ha rodeado, lo que ha usado o encontrado, vuelven en su obra en una extraña y significativa conjunción de su arte y de su propia vida.

No hay piolín, boleto, pedacito de madera, de red, de cartón, sobre, estampilla, naipe o clavo que no se transforme y dance al compás de ese vertiginoso acontecer que es la obra de este artista.

Este rescate de la fugaz y precaria transitoriedad del objeto cotidiano de nuestra sociedad de consumo le ha permitido un despliegue de imaginación y de ingenio creativo que parece inagotable.

Como la muestra ha soslayado la pintura, encontramos tanto el tapiz y las cerámicas que hizo en su primera época como los dibujos a tinta con o sin collage, a veces acuarelados, de Dominios naturales (1982), en que el trazo del artista va engendrando las formas, las ciñe con gracia, las define total o fragmentariamente y las enriquece con texturas, rayados, punteados, grafismos que podemos encontrar a lo largo del tiempo, por ejemplo en la serie de las Cosmografías de fines de la década del noventa, en la cual, agrega a esos recursos la fuerza de las perforaciones ritmadas.

También está la serie de Los buscadores de almejas en la cual el dibujo independizado del color juega con las palabras y con los amplios espacios vacíos, y Los calendarios, que testimonian acerca de la recurrencia del tema temporal, la preocupación por el escurridizo fluir del tiempo.

Y están las Cartas con toda su fuerza connotativa y los Juguetes, que siempre pueden transformarse, y la serie Barajando, en la cual la transformación ya está consumada y los palos y las formas se entrecruzan demostrando que todo puede ser una cosa diferente de lo que es.

La cantidad de tablitas convertidas en barcos, peces y pescadores insólitos; los piolines que arman barriletes en la playa, o un inesperado rumor de juncos, muestran la presencia constante del agua que bordea su ciudad natal, así como a Montevideo y a Buenos Aires.

La última serie que se exhibe es Jironadas (1998-1999), jirones de revistas estadounidenses, desgarradas verticalmente durante su permanencia en Carolina del Norte, que, en su variedad de colores, brillos y calidades apenas ordenados por reiteración y contigüidad atrapan sensorialmente al espectador con el mismo espíritu lúdico de los demás objetos.

Disponer las piezas, en algún caso, organizadas en un mural enorme, en otro, pendientes en un ámbito con iluminación especial, ha sido otro acierto que reproduce estructuralmente la multiplicidad variopinta y la polifónica vitalidad de un artista que ha sabido imponerse independientemente de los circuitos institucionalizados.

NELLY PERAZZO

Adolfo Nigro, por Nelly Perazzo | artnexus