To Be Political it Has To Look Nice

Mauricio Guillén. Mi casa es tu casa, 2003. Acción de intercambio de llaves entre Apexart y el artista.

Colectivaabr 2004 - jun 2004· Por Richard Leslie

To Be Political it Has To Look Nice

Apexart

La afirmación hecha por Pablo León de la Barra, curador mexicano residente en Londres, de que esta obra “destruirá los estereotipos de América Latina (sea lo que eso signifique) y del arte latinoamericano” es principalmente una aseveración exagerada cuya finalidad es provocar drama. El arte latino y las ideas que han existido durante años antes de esta exposición están muy alineados con gran parte de lo que allí se ofreció como antídoto: arte participativo y de performance, conceptualmente vago pero autorreflexivo, y políticamente comprometido en sus impulsos antiexcluyentes, anticapitalistas y procomunitarios.

Lo que parece importante aquí no son las puyas contra otro arte que ellos piensan es demasiado lindo, sino su intento por configurar el paso siguiente, después de que nos demos cuenta de las utópicas pretensiones del “arte” así como de  las desactualizadas pluralidades del postmodernismo y las falseadas igualdades del globalismo.

Esta generación salida de la década de 1970 se enfrenta directamente a las duras realidades de haber sido dejada impotente, tanto por las condiciones neoglobales como por su posición periférica individual. Sin embargo, sus miembros renuncian a abandonar su membresía en las muchas sociedades de las que hacen parte: tradicionales, aunque pertenecientes al exótico tercermundismo reciente, vanguardistas pero educados dentro de culturas masivas y de medios, una cultura joven, despreocupada, con una atesorada conciencia social, modernistas y sin embargo preocupados por la supervivencia local de los individuos más que por las soluciones universales, una clase privilegiada que, a menudo, está financieramente limitada.

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Carolina Caycedo. Cómo obtener un pasaporte británico, 2003. DVD y libro de documentos.

Ellos tratan los temas más importantes del arte contemporáneo: su relevancia como producción social y su relación con el cambio social en términos de realidades sociopolíticas actuales que son a la vez opresivas y debilitantes. En muchas formas, sus respuestas son un regreso a la tradición, una acción de retaguardia en su exigencia de un énfasis en el fortalecimiento de las relaciones entre los individuos y de soluciones localizadas y libres cuyo flujo de poder se origine en la base, antes que de soluciones autoritarias en las cuales esté incluido su arte. Este arraigo personal y social es con frecuencia el nexo entre las soluciones y proyectos de docenas de artistas. 

Un poco más de la mitad de los participantes se autoidentificaron como organizaciones, proyectos o cooperativas con base en Latinoamérica, que no encajan en el perfil de anteriores colectivos artísticos dedicados a la búsqueda del arte. Más bien, son camaraderías y alianzas cambiantes (“mutante” parece ser el concepto de selección actual preferido), nacidas de preocupaciones comunes por el progreso político y social, a menudo sin un lugar de residencia (nómadas) y sin una zona de influencia, aunque, de manera consciente, despliegan estrategias que reconocen su impotencia, y no tienen un programa establecido aparte de las políticas sociales con frecuencia relacionadas con el cambio. Funcionan como facilitadores, productores y condensadores sociales (para emplear el viejo concepto bolchevique), y a menudo crean sus propios mundos mediante publicaciones, producciones temporales hechas en colaboración con otros, intervenciones sociales, música, información y discusiones, fiestas, CD, videos, películas y sitios en la red. Las mismas características se ajustan a los otros artistas “individuales”.

B-Lo (Beatriz López), nacida en Bogotá y codirectora, junto con de la Barra y Sebastián Ramírez, de 24/7 Projects, con sede en Londres, es un ejemplo perfecto. Ella asegura que para hacer arte no se necesita un talento real, lo que confirma los sentimientos secretos del lego sobre la calidad espuria del arte “moderno”, y que no hay diferencia entre la vida que ella vive y su práctica del “arte”. Al igual que la vieja vanguardia precedente, su Spontaneous Manifesto cuestiona la relación entre arte y vida, pero sus términos son diferentes. Para ella, mucha de la pasada vanguardia había permanecido lejos de sus relaciones vitales. Su vida o, en este caso específico, su no-vida es el arte. El gobierno británico se convirtió, sin darse cuenta, en un colaborador al negarle una visa de viaje durante un período en el que la coalición británica, apoyada por Tony Blair, sospechaba de los extranjeros. López estuvo representada por un video en el que se disculpaba por su ausencia.

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Galería Chilena (GCH). Sin título, 2003. Reproducción de fotografía con el presidente de Chile.

La negativa de una visa a B-Lo dramatizó el contraste con el proyecto de Carolina Caycedo, quien por el hecho de haber nacido en Londres, por accidente, de padres colombianos, tuvo el privilegio de obtener estatus nacional y transnacional gracias a los “derechos” legítimos de la ciudadanía británica, los cuales ella luego le otorgó a otro mediante un matrimonio arreglado. El proyecto y más fueron grabados en su DVD How to get a British Passport (con un libro de documentos). Si los imperios de derechos y privilegios migran a lo largo de hilos tan finos, ¿entonces qué pasa con nuestra interpretación de límites, ciudadanías y leyes: qué pasa con las  posiciones internas y externas? El proyecto en curso de Caycedo, conocido como Day to day, es una serie continuada de cambios e intercambios callejeros para sobrevivir, poniendo una vez más de relieve nuestros procesos diarios, no como arte de performance callejero conceptual, sino como elementos del vivir y la supervivencia cotidianos.

Una manera conceptual aunque extraordinariamente prosaica de examinar los límites de dichas relaciones se vio en el proyecto de Mauricio Guillén, Mi casa es tu Casa. El artista, nacido en ciudad de México, intercambió la cerradura de su casa de Londres con la de la puerta de Apexart, y colgó la llave en la pared, de modo que la gente pudiera entrar por sí misma en lugar de pedirle a la galería (institución) que le permitiera entrar. No hay una mejor demostración de su preocupación fundamental de reorganizar las relaciones entre ideologías e instituciones dominantes y cambiar la inclusión y exclusión prescritas por el poder de un orden social comúnmente aceptado.

Entre los grupos, Galería Chilena (GCH) puede sobresalir como ejemplo. Es un espacio móvil y mutante dirigido por artistas que trabajan entre Santiago de Chile y Nueva York. Fundado por Joe Villablanc, Felipe Mujica y Diego Fernández en 1997, ésta fue su primera actividad en Nueva York y fuera de Chile, aunque dos de ellos viven ahora en el área. Quizás son más conocidos por su habilidad de convencer al presidente de Chile para que posara para una fotografía con ellos (¡en traje de paño, por supuesto!) y que colaborara en sus esfuerzos para conseguir apoyo y concientizar. Según lo admiten ellos mismos, eran “completamente un circo social en Santiago” y proclamados como “los paladines de la autodirección” hacia finales de la década de 1990, atrayendo impresionantes multitudes. Para esta exposición, además de mostrar una versión de esa fotografía y un dibujo titulado Exquisite Corpse, produjeron un libro lleno (en gran parte) de cartas (en español) intercambiadas durante su producción de ideas para la exposición en Apexart, sus intentos para obtener financiación para los vuelos y una historia fotografiada de sus proyectos para exposición a partir de 1997. Vendieron sus historias fuera del espacio del estudio, en las calles, como DVD pirateados colocados sobre un trozo de tela listo para enrollar y salir corriendo. Típico de todos los presentadores, GCH señalaba que si no hay un espacio fijo, entonces la galería continúa siendo, no una institución sino el espacio cultural que uno habita y crea mediante una serie de negociaciones sociales. Este sigue siendo quizás el mensaje más radical y la mayor diferencia desde la pasada vanguardia. El arte es una negociación que crea, antes que ser victimizada por la historia.

Es justo que se diga algo de Apexart para aquellos que no lo conocen. A pesar de la reciente relación exótica entre instituciones de arte y lo global, por 10 años Apexart ha sido uno de los pocos lugares que, de manera sistemática, brindan un espacio para que el arte y las ideas globales hablen. Es una institución en el mejor sentido de la palabra pues da apoyo para que otros sean escuchados. 

RICHARD LESLIE

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