The Real Royal Trip, una exposición itinerante curada por Harald Szeemann, se pudo ver hace poco en P.S.1 y seguirá su viaje al Museo Patio Herreriano de Valladolid, España. La exposición presentó la obra de 20 artistas y un colectivo de artistas de España y Latinoamérica unidos por una premisa cuestionable: el cuarto viaje de Colón a las Américas (1502-1504). Inaugurada quinientos años más tarde, el 12 de octubre, día de Colón, la exposición celebró “el intercambio transcultural” originado en los viajes del navegante. Sin embargo, este diálogo se presentó de una manera en cierta forma irregular, por cuanto sólo tres de los artistas de la exposición eran latinoamericanos: Tania Bruguera, Priscilla Monge y Ernesto Neto. Más bien, lo que esta exposición defendió, en esencia, fue el subvalorado aunque vibrante escenario artístico contemporáneo de España. The Real Royal Trip y el catálogo que la acompañaba fueron patrocinados por el Ministerio Español de Relaciones Exteriores así como por empresas y gobiernos regionales españoles. Trece de los artistas nunca antes habían expuesto su obra en los Estados Unidos. Entonces, ¿por qué la exposición se tuvo que enmarcar alrededor de la controversial figura de Colón, cuyo legado ocasionó el sufrimiento y la muerte de millones de indígenas y que, hasta el fin de sus días, no se dio cuenta de que no había llegado a Asia sino a un continente desconocido para el resto del mundo? Y ¿por qué el enfoque en su cuarto viaje en particular, si no para conmemorar otro quinto centenario que celebra España? No es de sorprender que las obras de arte, en su mayoría, no fueran coherentes con el desconcertante tema de la exposición, ni participaran en un profundo diálogo entre ellas. No obstante, por sí solas, muchas de ellas sobresalían por sus cualidades conceptuales y formales.
The trip: Habibi, de Pilar Albarracín, recibía al visitante en el patio de P.S.1. Esta pieza memorable consistía en un apaleado Mercedes azul cargado de coloridas maletas, con la intención de evocar los viajes de inmigrantes norteafricanos a través de Europa. Se invitaba a los espectadores a montarse en el auto, el cual empezaba entonces a vibrar violentamente, simulando un viaje lleno de baches a través del tiempo y el espacio. La artista también presentó videoarte. En Singing Prohibited, los gritos de un cantante de flamenco se hacían cada vez más fuertes y descontrolados. Otro video presentaba a una bailarina del vientre cuya cintura estaba rodeada de cadenas, candados y monedas. Albarracín, nativa de Andalucía, desafiaba los estereotipos relacionados con género e identidad.

Las fotografías en blanco y negro de Cristina García Rodero también evocaban estereotipos de exotismo e identidad nacional. La artista presentó impactantes obras de dos series que tienen que ver con el fervor religioso: Hidden Spain y Rituals in Haiti, que estaban yuxtapuestas en la instalación de la exposición. Vistas independientemente, las imágenes de Haití parecían incursiones voyeurísticas en enigmáticas tradiciones del vudú. En una, un hombre cubierto de barro era mostrado en el proceso de decapitar una cabra, mientras que en otras, la gente participaba en trances comunales. Estas imágenes adquirían otra dimensión cuando se les veía en conjunto con la serie sobre España. En ésta, García Rodero captó procesiones religiosas y otros aspectos de la fe católica que recordaban la devoción medieval. Juntas, las dos series demostraban los misterios de la fe y se abrían camino por entre la línea divisoria entre el yo y el otro.
Las obras de Carmela García y Enrique Marty exploraban temas de alienación. García presentó fotografías a gran escala pertenecientes, principalmente, a su serie Ophelia. Estas imágenes, basadas en el personaje de Hamlet, de Shakespeare, retrataban a una mujer solitaria, con un lago como fondo. En una, la modelo estaba sentada sobre una roca en mitad del agua, con la vista fija en la distancia, sin posibilidad de escapar. En otra imagen especialmente inquietante, la mujer estaba sumergida por completo en el lago y miraba al espectador. Las ondas del agua a través del rostro y el cuerpo tenían un efecto de aplanamiento que le daba a la imagen una cualidad mística y recordaba las pinceladas del impresionismo. La belleza lírica de las imágenes de García cedía ante la dureza de la obra de Marty. Sus acuarelas site-specific, colocadas sobre las paredes de la cafetería del museo, describían figuras solitarias, a veces extrañas. La contribución más notable de Marty a la exposición fue la escultura The Madman, instalada en la sala de calderas del museo. En este oscuro espacio industrial, el visitante se enfrentaba a la imagen muy real de un hombre en cuclillas, con las uñas de los pies muy largas, orejas y pies deformes, y la boca salpicada de sangre. La espantosa experiencia ponía al descubierto el voyeurismo inherente a la condición de espectador.

La obra de Néstor Torrens y Ana Laura Alaez explotó el voyeurismo y su conexión con la sexualidad. Torrens presentó sus videos Seductions en dos salones separados. Uno estaba amoblado para que pareciera un espacio de clase alta, con una chaise longue, televisión plasma y estanterías de libros. Sobre la pantalla, el video estaba editado de forma que una presentadora de noticias repetía la misma frase y movimiento, parpadeando una y otra vez. La repetición de sonidos e imágenes creaba un efecto orgásmico a partir de un programa de noticias aparentemente prosaico. En el segundo salón, decorado con dos sofás baratos, de flores y tela escocesa, y otros muebles de mal gusto, se colocaron cuatro televisores que mostraban, alternadamente, el canal CNN y pornografía. En estas obras humorísticas, Torrens reveló el trasfondo de seducción inherente a los medios de comunicación. Alaez utilizó su propio cuerpo para trabajar temas de sexualidad y género en la serie Shiva. En ella, la artista posaba desnuda sobre un espejo circular rodeado de enormes labiales de forma fálica. Juntos, los labiales y el espejo podían interpretarse como sucedáneos de la paleta de la artista, lo cual se confirmaba por la forma como Alaez ejercía autonomía sobre la imagen. Ella miraba fijamente un espejo que sostenía en la mano y que reflejaba hacia el espectador y, al hacerlo, recordaba la Rokeby Venus de Velázquez, un desnudo que se mira en un espejo pero no permite que el espectador vea su reflejo. En su papel como artista y sujeto, Alaez invierte los papeles tradicionales de género.

Mateo Maté también se usó a sí mismo como modelo en la instalación Disoriented. Esta obra consistía en un cuarto con un colchón con la forma de Norteamérica y una proyección de un video sobre la pared; en el video, el artista en miniatura viajaba a través de un paisaje de sábanas arrugadas. En cierta forma, la escena era similar a una de las películas de Pedro Almodóvar, Habla con ella, en la cual un hombre en miniatura vaga por el cuerpo de una mujer como si lo hiciera por un paisaje. La pieza de Maté incitaba al espectador a meditar en los viajes en términos de un viaje interior, más que un desplazamiento físico.
La obra de Alicia Martin evocaba viajes mentales empleando otros medios. En el video Polyglots volaban libros por los laberínticos espacios del museo, indicando las limitaciones de los marcos expositores como medio de transmitir conocimiento o historia. Del mismo modo, Contemporaries era una instalación en la cual una pila de libros literalmente penetraba las paredes del museo. Aparte de su imponente presencia física, la obra, en su yuxtaposición de los limpios planos blancos con los libros gastados, ofrecía un notable impacto visual.

Entre las obras más conceptuales de la exposición estaban las contribuciones de Antoni Abad y el colectivo de artistas El Perro, formado por Ramón Mateos, Iván López y Pablo España. Abad creó un proyecto virtual consistente en una mosca que estaba diseminada tanto física como virtualmente por Nueva York. El proyecto en línea, Z, puede verse en www.zexe.net, de donde puede bajarse el parásito virtual. Además, P.S.1 distribuyó postales con adhesivos de la mosca, que los visitantes pegaron por todo el museo. El Perro, en colaboración con PSJM y Aitor Méndez, presentó la humorística instalación Critical Situation, una oficina futurista de empleos para artistas que prometía trabajo temporal si se respondía un cuestionario con preguntas tales como “¿Alguna vez se ha divertido hostigando animales?” y “Falso o verdadero: a veces no puedo dormir debido a un dolor de cabeza”. Con su diseño modernista y su sardónico cuestionario, Critical Situation se burlaba de la naturaleza de la sociedad contemporánea, orientada hacia objetivos y movida por las carreras profesionales. La instalación también llamaba la atención sobre las dificultades de los artistas emergentes que luchan por mantenerse mientras tratan de alcanzar el éxito en la arena artística internacional.
Santiago Sierra, nacido en Madrid y quien reside y trabaja en ciudad de México, expuso divisiones y desigualdades sociales en sus imágenes en blanco y negro que documentaban el trabajo sin sentido. El artista presentó una selección de obras en las cuales le pagó a gente pobre y marginada para que hiciera cosas como lavar pisos, hacerse tatuar una línea en la espalda, teñirse el pelo de rubio o quitar y volver a instalar un lavamanos. Estas perturbadoras imágenes, realizadas en Europa y Latinoamérica, subrayaban la difícil situación de los menesterosos, quienes, como lo demostró Sierra, harán cualquier cosa por dinero.

Tania Bruguera presentó una de las obras más impactantes y abiertamente políticas de la exposición, la instalación Autobiography. Para experimentarla, se forzaba a los espectadores a caminar por un largo corredor blanco dividido por cortinas. A medida que se aproximaban al final se escuchaban, cada vez más fuertes, consignas de la Revolución cubana, las cuales tenían un efecto desorientador debido a que los gritos y también los susurros bombardeaban al espectador desde todas partes. Los efectos eran hipnóticos y perturbadores a la vez. Fernando Sánchez Castillo también aportó obras políticas, incluída Shining Path, una instalación site-specific, consistente en seis perros de bronce colgados alrededor del patio del museo, como recuerdo de la acción de un grupo terrorista peruano que colgaba perros muertos de los postes de la luz.
Por último, la instalación site-specific de Ernesto Neto, … In the meanwhile, baby is coming, I’m living, merece mencionarse. Colgada del techo, la enorme escultura polimorfa que semejaba un vientre embarazado inspiraba admiración y reflexión. Aunque, en apariencia, tenía poco en común con el resto de las obras de la exposición, servía como metáfora apropiada del proceso de creación artística.
TATIANA FLORES

