En Parallel Lives (Vidas paralelas), el artista conceptual Pablo Helguera propuso una teoría del conocimiento basada en congruencias casi místicas entre figuras históricas. Estas capas de historia arcana y anécdotas pintorescas se apilaban una sobre otra como un trifle* cosmológico. La trama resultante era encantadora, intrincada y esclarecedora.
Parallel Lives es la última fase de la investigación actual del artista mexicano sobre excéntricos históricos, a saber: Florence Foster Jenkins, la dilettante musical de principios del siglo XX; los Shakers, una comunidad religiosa del siglo XIX; Friedrich Froebel, inventor alemán del jardín infantil; Ward Jackson, antiguo colega de Helguera en el Museo Guggenheim; y Giulio Camillo, un hermético filósofo del siglo XVI, conocido por su Teatro della Memoria, influenciado por el zodíaco.
Lo que ligaba a estas figuras era el conmovedor concepto de Helguera de que todos ellos fueron mal interpretados o se adelantaron a su época. En efecto, todos fracasaron de diversas maneras en lograr o mantener la obra de su vida. Sin embargo, cada personaje expresó visiones personales y metodologías útiles que fueron revividas con nuevas formas en épocas posteriores. Por decirlo así, todos “florecieron tardíamente”.

Helguera utilizó técnicas tradicionales de exhibición y presentaciones estilo conferencia para suministrar datos históricos sobre estos personajes aparentemente distintos. Al mismo tiempo, hizo saltos poco ortodoxos entre ellos, ligando sus vidas y su obra imaginariamente. Con sonidos e imágenes, estas pistas paralelas alternas subvirtieron la estructura más conservadora del tiempo cronológico, imponiendo nuevos criterios para inferir de la historia.
En el componente de Parallel Lives que se encontraba en la galería, Helguera representó las figuras históricas con objetos sobre pedestales. Entre éstos estaban alas similares a las que utilizaba Florence Jenkins en sus conciertos, una imprimación del kínder de Froebel y un modelo de una iglesia donde se reunían los Shaker. Esta exposición estaba acompañada de una guía acústica (narrada por el artista Fred Wilson) que suministraba “cinco interpretaciones diferentes para cada objeto”, desde la perspectiva de cada figura histórica.
Recubrir estos objetos con múltiples narrativas, permitió que el proyecto de Helguera tomó vuelo. Como una piedra filosofal, el objeto exhibido y los textos grabados servían como una intersección dinámica en donde los valores estéticos, sociales y espirituales se elevaban, libres de historias o disciplinas específicas. Quienes visitaban la galería descubrían estas pepitas de oro de sabiduría cultural por sí solas, mientras escuchaban las narrativas históricas en conflicto.
De igual forma, el performance de Helguera cogió velocidad cuando los lazos entre las biografías comenzaron a aparecer. Estructuradas como una especie de presentación metafísica en Power Point, el performance habría podido confundirse con una conferencia: "Fundamentos de la civilización occidental", pero varios toques brillantes estimulaban los sentidos más allá de la lección de historia.
Primero, el artista cantaba cuatro canciones asociadas con las épocas de las biografías, grabando las canciones sobre cilindros de cera, con un fonógrafo de bocina antiguo. Otros fonógrafos estaban colocados en diversos lugares del teatro para tocar estas nuevas grabaciones, así como una divertidísima y estridente selección de la Flauta mágica, de Mozart, grabada por Florence Jenkins casi un siglo antes. Era extraño escuchar estas voces mezclándose a través del tiempo, interrelacionadas por una tecnología obsoleta que también funcionaba "fuera de tiempo", hablando culturalmente.
Sin reconocer lo que estaba ocurriendo, Helguera intensificó esta sensación de anacronismo, superponiendo las diapositivas: una escalera en espiral de la iglesia Shaker fue colocada sobre el Museo Guggenheim de Frank Lloyd Wright, un retrato de Giulio Camillo, sobre una pantalla de Google. Con picardía, Helguera permitió que los miembros de la audiencia percibieran estas relaciones por su cuenta. Al hacerlo, demostró en forma convincente que la mente es un espacio público en donde el conocimiento es impuesto de manera caprichosa pero no sin consecuencia: las relaciones entre la gente y las ideas son inevitables.
Hacia el final de la presentación, una divertida, detallada y, en cierta forma, espeluznante red había sido tejida alrededor de las biografías individuales, sugiriendo una afinidad más profunda, más espiritual, del esfuerzo humano, de lo que podría establecerse mediante los hechos aislados. Helguera resumió bien esto, parafraseando al filósofo hermenéutico alemán Hans-Georg Gadamer: “todos somos otros, tanto como somos nosotros mismos”.
*El trifle es un postre consistente en varias capas de bizcochuelo, crema, frutas y licor.
JOHN EWING
