Exposición Individualabr 2004 - jun 2004· Por Collette Chattopadhyay

Mario Algaze

University Art Gallery, UCSD

Las fotografías de Mario Algaze están impregnadas de una evocadora cualidad lírica que hace que bailen como velas en la mente mucho tiempo después de que la noche ha sumido la tierra en la oscuridad. La perfilada precisión de sus formas, que por lo general emergen de sombras de medianoche o de la bruma de un luminoso amanecer, les da a sus temas cotidianos una cualidad profunda, incluso mágica. Encontrando dimensiones míticas en la vida de finales del siglo XX, este conjunto de obras surgió en 1999 cuando el fotógrafo cubano residente en Miami volvió a visitar su patria por primera vez en cuarenta años. Sus correrías por ciudades cubanas, incluidas La Habana, Santiago de Cuba, Cienfuegos, Sancti Spiritus y Matanzas, estuvieron presentes en Mario Algaze: Cuba 1999-2000.

Algaze amplía el repertorio de fotografía callejera que se remonta a fotógrafos como Cartier-Bresson y Edward Weston, cuyas exploraciones, a su vez, fueron refractadas por una generación subsiguiente de fotógrafos, incluido Manuel Álvarez Bravo. Centrándose en ciudadanos corrientes como un farmaceuta, una vendedora de mercado, una aseadora, una estudiante, un ciclista, gente que va de paseo y ancianos, Algaze combinó coincidencias de tiempo, espacio, iluminación y composición, ofreciendo extraños momentos de introspección en la naturaleza de la existencia.

Exposición Individual: Mario Algaze — imagen 1
Mario Algaze. Teatro Sauto, Matanzas, 2000. Impresión sobre gelatina de plata virada en selenio. 47 × 47 cm. (18 ½ × 18 ½ pulgadas).

Sin duda, los afectos de Algaze por la paradoja relacionan sus obras con las historias del Realismo Mágico de Gabriel García Márquez, Jorge Luis Borges e Isabel Allende. Al captar imágenes-momentos en que gente real, paisaje y edificios citadinos susurran sobre las posibilidades de otros tiempos y espacios, Algaze infunde sus imágenes con las insinuaciones de la metamorfosis mitológica. Al describir lo físico cuando rodea lo metafísico, sus obras entrelazan realismo y mito, susurrando, en diversas formas, la vida secreta de objetos inanimados, o captando las imágenes irreales de una travesía extraña a otro mundo, o transformando calles y edificios en laberintos de tiempo y espacio.

La fotografía Mercado, por ejemplo, tomada en Sancti Spiritus, captó a un hombre maduro vendiendo fríjoles, calabazas y bananos en un mercado al aire libre. Un chico, probablemente su hijo, está parado cerca, y una balanza enmarca el torso del vendedor. Capturada entre los fríjoles, y la fruta que parece haber sido pintada por De Chirico, la difícil situación del vendedor está ligada a la mercancía que vende. De una manera mágico-realista, los objetos inanimados del bodegón están dotados aquí del extraño poder de otorgar o quitar la dignidad humana del vendedor.

Otra fotografía, Teatro Sauto, tomada en la ciudad de Matanzas, llamada a veces la Atenas de Cuba, narra una historia visual que atraviesa tiempo y espacio abarcando desde los antiguos ideales pitagóricos hasta los modernos laberintos borgianos. Al igual que muchas de las fotos de Algaze, esta imagen yuxtapone alegremente la estructura interior de la imagen con el cuadrado formato externo del campo de observación de Hasselblad. A primera vista, la fotografía parece presentar una plaza pública, achatada por el proceso fotográfico hasta convertirla en un trapezoide. Pero, al examinarla más de cerca, la ilusión se disipa y uno se da cuenta de que el espacio de la imagen central retratada es simplemente una calle encajonada por tres edificios interrelacionados. Sin embargo, el acertijo de la ilusión al idealismo clásico es extendido más allá por la fachada del teatro neoclásico irónicamente iluminada desde el fondo, que le da a la imagen su título. Escondiendo y revelando realidad al mismo tiempo, sus curvaturas neoclásicas incluyen su frontón triangular centrado por un círculo perfecto que, irónicamente, le hace eco al formato cuadrado de la imagen fotográfica misma. El juego de Algaze con el espacio y  alusiones a este, acentúa la ironía de la continuidad del clasicismo desde el pasado hasta el presente, susurrando su recorrido desde los mundos grecorromanos, pasando por la arquitectura neoclásica colonial cubana, hasta el mundo moderno, en donde reaparece de manera subliminal en las cuadradas imágenes formateadas del fotógrafo. Al construir laberintos visuales que interconectan el pasado y el presente, esta fotografía y otras funcionan como narrativas del realismo mágico, encontrando dentro del mundo contemporáneo evocadoras reflexiones del pasado.

COLLETTE CHATTOPADHYAY

Mario Algaze, por Collette Chattopadhyay | artnexus