El Museo de Arte Contemporáneo del Zulia constituye uno de los centros culturales más grandes del occidente venezolano. Asentado en la capital del estado Zulia, Maracaibo, ciudad activa y llena de contrastes, alcanzó en octubre de 2003 su quinto aniversario. Cinco años que han transcurrido apoyando la labor de los artistas zulianos y afianzando un perfil institucional cada vez más abierto al presente. Y para celebrar estos cinco años se inauguró, en la Sala 5 del MACZUL, la muestra Nostalgia de lo real de Francisco Bellorín, en la que se reúnen 42 obras recientes, correspondientes al trabajo desarrollado por el artista durante su última estancia en París entre 1999 y 2002.

José Francisco Bellorín (Caripito, estado Monagas, Venezuela, 1941) es considerado como uno de los más importantes artistas zulianos aunque nació en el oriente del país. Su nexo con el Zulia se inicia durante la década de 1960, época en la que se establece en Maracaibo luego de haber completado su formación académica en Caracas y Europa. En la actualidad es reconocido no sólo como pintor, sino también por su labor docente, en el ámbito de las artes gráficas, y como maestro de varias generaciones de artistas. Su trabajo se ha mantenido coherente a lo largo de una carrera de más 30 años, en la que el estudio de la Historia del Arte, la preocupación formal ligada a las vanguardias y la apropiación de elementos cotidianos se han sumado para producir un discurso tan estable como cambiante.
Nostalgia de lo real es un tránsito. Tránsito temático, en primer término, ya que nos muestra lo real visto en dos tiempos: la naturaleza y el artificio; el mundo de los paisajes, de la exuberancia vegetal, de la luz de los amaneceres y la libertad de los pájaros presentado junto a los productos humanos, espacio de jaulas, mesas dispuestas para el festín, pasos de danza, caballos ensillados y aves heridas. La nostalgia de lo real pendula aquí entre estos dos mundos para construir temas sencillos y fácilmente identificables, armando un puente comunicativo ajeno a intenciones conceptualistas, pero profundamente simbólico. El artista se nutre de recuerdos y vivencias para presentar imágenes, surgidas de una técnica depurada y la fascinación por lo accidental, en la que la fuerza vital es inmediatamente perceptible. Así, encontramos pájaros hablándonos de libertad y muerte, espacios arquitectónicos reflejo de la violencia urbana y coloridas naturalezas muertas que celebran la vida.
En las 42 pinturas reunidas en esta exposición encontramos, además de la fuerza temática, la maestría en el uso del dibujo y el color que es habitual en este artista. Dibujo y color que se usan para solucionar el espacio pictórico a través de la fragmentación, delimitando los planos con líneas de contorno claramente definidas y usando breves manchas de diversos tonos que funcionan como fondo sobre el que se diferencian las figuras, generalmente construidas con colores planos. Bellorín se recrea en la revisión y superposición de los estilos pictóricos heredados de la vanguardia, provocando así un tránsito estilístico entre la abstracción y la figuración, que produce una obra rica en referencias históricas, pero de factura original. Obra en la que hace gala de rasgos que lo han caracterizado durante toda su carrera: interés por el cubismo, el surrealismo, la abstracción geométrica y las artes africanas, en lo que supone una sumatoria de estilos filtrados a través de su interpretación personal.
Y, finalmente, Nostalgia de lo real es un tránsito del artista a través de su propia obra. Bellorín recoge en este grupo de trabajos recientes una síntesis formal, temática y expresiva de su propia historia como pintor, abordando su obra a través de la realización de la obra misma, en un ejercicio plástico profundamente reflexivo.
SUSANA QUINTERO
