El Centro León

Sala del Caribe. Exposición permanente Signos de identidad. Colecciones de objetos taínos donadas al centro León.

Otrosabr 2004 - jun 2004· Por Marianne De Tolentino

El Centro León

Desde Santiago de los Caballeros un puente dominicano hacia el Caribe

República Dominicana posee una importante red cultural, especialmente en el campo de las artes visuales: Museo de Arte Moderno, Museo Bellapart, complejo artístico de Altos de Chavón, numerosas galerías de arte, centros privados polivalentes. Tres concursos mayores se celebran bienalmente, y las exposiciones —colectivas e individuales— abundan. Cuatro generaciones de artistas se encuentran produciendo. 

Sin embargo, hasta el año pasado, no había una estructura nacional, pública o privada, que reuniera difusión, investigación, educación, en las humanidades y las artes. No había una institución, dotada de alta tecnología, que pusiese esas herramientas al servicio del conocimiento del pasado y el presente, que integrase el país a la región caribeña como una meta natural y necesaria. Tampoco existía una organización estricta y con medios económicos funcionalmente administrados, combinación de altruismo, respeto y exigencia.

El Centro León, que se inauguró el 3 de octubre de 2003, en la ciudad de Santiago de los Caballeros, después de cuatro años de preparación y planificación, representa esos valores plurales, y todo augura el éxito de una verdadera unidad de servicios dedicada a la comunidad, donde la estética, el entretenimiento y la documentación se alían armoniosamente. Esta primera experimentación de tanto nivel en República Dominicana, sin duda, va a ser ejemplo y modelo permanente. La sorprendente afluencia de visitantes en un país donde la gente no va al museo y las primeras actividades celebradas desde la apertura ya son muy buenos augurios.

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Patio interior de doble altura con escalera eléctrica. Acceso a las diferentes salas y dependencias de las dos plantas.

Historia de una creación

Todo comienza en 1964 con el Primer Concurso de Arte E. León Jimenes, que, desde sus inicios, suscita el entusiasmo artístico nacional, alcanzando su XVIII edición en 2003. Las obras ganadoras, que reflejaban cuatro décadas de evolución de las artes plásticas dominicanas, abarrotaban las oficinas del grupo financiero patrocinador. Un museo se imponía para darles el lugar y la conservación apropiados, así como mostrar al público una colección metódicamente reunida y excepcional en el país. La Fundación Eduardo León Jimenes fue constituida por el conjunto empresarial para atender más exclusivamente los asuntos culturales —fruto de un mecenazgo creciente— y el destino de tantas obras de arte.

Fue en 1998 cuando José León, quien encabezaba el grupo financiero y la Fundación, anunció: “El museo se va a hacer en Santiago. Queremos que se haga y funcione con todas las características de un museo moderno. La fecha de su inauguración sería para el 2003, que corresponde al Centenario de E. León Jimenes”. Es que E. León Jimenes se funde con la historia de una familia, que inició sus aportes al desarrollo económico del país al comienzo del siglo pasado y no ha cesado de engrandecer esa contribución.

La noticia provocó el entusiasmo de los propios familiares y de coleccionistas que hicieron valiosas donaciones a la Fundación, que constan de piezas arqueológicas, etnológicas y documentales. ¡La situación se había complicado! Ya no bastaba el museo de arte, y se solicitó la opinión de especialistas consultores y asesores profesionales ¿Cómo conciliar arqueología, antropología y artes visuales? ¿Cómo abarcar en una misma institución un pasado lejano y una modernidad en acción? 

Surgió entonces la propuesta de una institución pluridisciplinaria, que protegería e investigaría, educaría y difundiría. Conforme a una filosofía y una tradición, la meta fundamental giraría en torno a la expresión e identidad. Desde la ciudad de Santiago de los Caballeros, que tiene una sólida tradición de cultura y educación, los objetivos abarcarían el país entero y se extenderían aun a la región del Caribe y los lazos ancestrales. La Fundación Eduardo León Jimenes dio su aprobación. El Centro León, bajo su forma y concepto actual, iba a nacer.

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Exposición permanente de arte visuales. Colección con obra de los Premios del Concurso Eduardo León Jimenes y algunas adquisiciones recientes, como un Autorretrato dde José García Cordero.

Expresaría Rafael Emilio Yunen, director general del centro: “En verdad, se puede decir que el período de cuatro años y medio previo a la inauguración sirvió no solamente para realizar la construcción física de un local, sino para crear una institución cultural completa, con personal, programas y proyectos definidos y orientados hacia una cultura de respeto por las obras y sus creadores, basada en métodos de catalogación, conservación y prevención”.

En pocas palabras, afirmaríamos que es el gran proyecto piloto en República Dominicana, para gestión y oferta cultural, acorde con las normas más avanzadas de funcionamiento y un servicio permanente a la comunidad.

El Centro León fue construido en la zona este de Santiago. Diseño y construcción fueron confiados a la firma Borrell y Asociados, encabezada por Pedro Borrell. El edificio es de gran calidad. Borrell define el complejo arquitectónico como “pabellones de formas geométricas muy sencillas”, donde alternan rítmicamente líneas curvas, rectas, ángulos, con una preocupación por la escala humana. Desde la entrada y su pórtico de vidrio, un espacio abierto y amplio da la bienvenida al visitante. Vestíbulo y zona de recepción, módulo de información, tienda, cafetería, unidad de educación y salón polivalente, acogedores siempre, preceden el cuerpo principal del edificio.

Se llega entonces a la parte arquitectónica más espectacular, el Patio interior, área de circulación y acceso a las diferentes dependencias. Con piso de diseño solar irradiante, doble altura y una cúpula central transparente, que vierte una luz cenital real-simbólica, el atrio impresiona estéticamente. Hasta el doble escalador que lleva a la segunda planta, de meramente utilitario, pasa a tener una presencia escultórica. 

La distribución de las salas ha sido concebida para que el espectador se sienta en completa libertad. Pueden interesarle más la Mediateca, su avanzada tecnología y su caudal de documentación, asistir a una actividad en el Auditórium, o disfrutar grandiosas exposiciones. Estas son presentadas en tres salas —dos en el primer piso, una en el segundo— se concibieron, se planificaron y se realizaron con una atención muy particular, tanto en los materiales como en los espacios, la iluminación y la museografía. Cabe enfatizar la arquitectura interior de la Sala de Artes Visuales, que contiene parte de la colección —mayormente constituida con los premios de los Concursos nacionales, iniciados en 1964—: ésta motivó además los inicios del proyecto.

A la calidad del interior responde el jardín tropical circundante, cuidadosamente diseñado, con plantas nativas —identificadas—, donde un vasto aviario, poblado de especies dominicanas, invita al paseo.

Tres exposiciones

Hay tres salas de exposición en el Centro León, siendo dos permanentes, la tercera temporal. Sus instalaciones técnicas de primer orden fueron atribuidas, por concurso, a una sociedad española, Espai Visual. El espectador, cuya intervención dinámica se busca en permanencia, se siente libre de crear su propio recorrido, aunque existe un circuito básico, aparte de guías —muy bien preparado— que orienta y explica.

Reinaba la expectativa, en lo concerniente a la exposición temporal, Huella y memoria. Un siglo en el camino nacional, que relata a través de objetos testimoniales y documentos, la evolución de la familia León y su trayectoria empresarial, durante 100 años. Lo que hubiera podido ser una saga personal y provinciana, se ha convertido en una proyección de la historia de un país y de su pueblo. La memoria nacional resucita: espontáneamente cada dominicano refiere lo que ve a su propia parentela, el visitante foráneo aprende historia dominicana. Es una exposición temporal —de seis meses— pero hay el consenso de que debería ser permanente, montándose en otro lugar, necesitando el Centro ese espacio para muestras invitadas internacionales y su concurso bienal de arte.

Hermosas piezas de mobiliario y objetos, fotografías y documentos de archivos, invitan a la contemplación y la lectura. Estos testimonios alternan con maquetas arquitectónicas, reproducción de un rancho de tabaco o… la cadena de producción de la cerveza, evitando así una presentación reiterativa, diversificando con el olor, el sonido y el movimiento la gama de percepciones. Vitrinas se voltean, mecanismos se activan, el tacto y la tercera dimensión forman parte de la diversión de un espectador participante y mantenido a la expectativa.

En toda la región antillana, y tal vez en el mundo, no existe un espacio cultural comparable a la sala de Signos de Identidad, que exalte la realidad del Caribe, en su conjunto e idiosincrasia, su profusión antropológica, étnica y cultural. Todos los caribeños se enorgullecen de su historia y su geografía, pero, por falta de medios y sobre todo de una voluntad concreta, ninguna institución había emprendido una síntesis tan densa y clara a la vez, definiendo el Caribe en sus múltiples componentes y en su apertura universal. El investigador y curador principal Marcio Veloz Maggiolo, brillante y polifacético intelectual, califica esta versión museográfica como “un Caribe visual, digital y sonoro que se mueve, gira, resplandece y nos integra a la vida fulgurante de un espacio plural y unitario”.

Desde la entrada, proyecciones en dos paredes curvas introducen al mestizaje y a la naturaleza, con fotografías de tipos populares, hábitat y paisajes. El viaje empieza, y la biodiversidad de la región se metaforiza en vitrinas  —que contienen 215 especies— entre ramales de un manglar en hierro, simbolizando la fuente nutricia, debajo de un cielo nuboso y vibrante, a un piso evocador de la arena húmeda. Luego, magníficas piezas arqueológicas, testimonios plurales de las herencias africanas y europeas, ambientes de mercado y vivienda rural ilustran las áreas de prehistoria, etnografía y cotidianidad, sin olvidar un sector dedicado a Santiago y República Dominicana como parte del Caribe.

En la segunda planta se encuentra la sala de Artes Visuales, dirigida por la historiadora del arte Myrna Guerrero, con su despliegue expositivo: Génesis y trayectoria: la Colección E. León Jimenes. Arte dominicano de los siglos XX y XXI. ¿Título ambicioso? No, una realidad que recoge 100 años de arte dominicano, entre premiaciones del Concurso nacional y adquisiciones complementarias fundamentales, incluidas fotografías antológicas y pinturas de la Escuela de Santiago, muy identificada tanto con su costumbrismo como con las rupturas contemporáneas.

La museografía, de alta calidad material y conceptual, distribuye 150 obras bidimensionales y tridimensionales, susceptibles de ser cambiadas periódicamente, para presentar paulatinamente la colección completa. Se elaboraron 3 diseños con base en un guión museológico, hasta culminar en una solución de consenso entre los especialistas del Centro. El espectador recorre siete núcleos de lectura visual, de inicios del siglo XX hasta el último Concurso E. León Jimenes en el 2002. Una excelente iluminación se modula según el tipo de obras expuestas, y la programación espacial sigue en lo arquitectónico —curvas, ángulos y volúmenes—, la evolución del arte nacional, sus etapas, sus rupturas; así mismo, pondera los cambios ocurridos en el Concurso, otrora conservador, hoy más audaz que la Bienal oficial. En esta sala, se mira, se disfruta y se aprende: el visitante local se siente orgulloso del patrimonio artístico.

Servicios y programación

Si las salas dedicadas a exposiciones son ejemplares, el mismo criterio de excelencia se repite en la Mediateca, que, aparte de una nutrida y bien escogida biblioteca, ofrece por vía digital los más sofisticados sistemas especializados de información. Invita a la investigación en cualquier ciencia humana, bienes culturales y artes visuales, partiendo de clasificación y catalogación acordes con las más exigentes normas internacionales. La tecnología informática interactiva, brindada en un marco acogedor, está puesta al servicio del estudioso.

Mencionaremos que los servicios de restauración y conservación siguen los mismos patrones de seriedad y óptimos recursos. Respecto al área de almacenes para las colecciones y las obras de arte, controles y condiciones ambientales son insuperables, lo que ha permitido al Centro León tener acceso a préstamos de grandes museos y organismos internacionales.

Ahora bien, fuera de los eventos excepcionales, la programación de muestras más modestas, de talleres educativos, de conferencias o de conciertos en el Auditórium, propone atractivos diarios.

Afirmar que un gran porvenir espera al Centro León equivale a decir que, por fin, República Dominicana dispone de medios institucionales, que le acercan a los países más avanzados del hemisferio en instalaciones y programas de arte y cultura.

MARIANNE DE TOLENTINO

Crítica de arte, miembro de AICA.

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