Con Amateur, el artista cubano Diango Hernández inauguró su primera muestra personal en la ciudad de Colonia, Alemania. Integrante activo del Gabinete Ordo Amoris1, Hernández presentó un impresionante conjunto de más de 2.000 dibujos realizados durante los últimos siete años sobre diferentes tipos de papel, además de algunos cuadernos de apuntes. Paralelamente, un grupo de “artefactos” colocados como objetos-esculturas en el espacio, materializaban algunas ideas esbozadas en los dibujos exhibidos.
En una suerte de crónica y memorabilia, el artista cubrió completamente las paredes de la galería con múltiples dibujos, comentarios y croquis sostenidos sólo con alfileres. El conjunto funcionaba visualmente como un extenso collage de ideas y notas organizadas arbitrariamente en el espacio. Una crónica de la vida cotidiana desde la perspectiva individual del artista en un país donde la realidad político-social traspasa todas las esferas de la existencia; lo privado se entremezcla con lo público, siendo el arte parte de esa misma cotidianidad. Dibujos de arquitecturas imaginadas y otras referenciales, contenedores, autorretratos, planos, diseños de artefactos y escritura como grafittis, muestran un mundo complejo y sorprendente que trasciende la inmediatez inicial de lo arbitrario y aparentemente improvisado.

Amateur, como su nombre lo indica, parte de una actitud humorista, juguetona, un comentario irónico de la misma condición del arte y el artista en este contexto. El arte, como la vida, comparte una suerte de precariedad temporal, donde lo efímero deviene gesto provisorio, “inventiva” para sobrevivir. Toda una estética cuya justificación es ese estado de necesidad que hace al arte participar de cierta actitud que yo llamaría de guerrilla emergente y provisional, en la cual no importa lo que se use: todo lo que esté a mano es válido. Esta idea es parte de cada uno de los 2.000 dibujos mostrados aquí. Para el artista, cualquier papel o material al alcance se convierte en el vehículo de expresión inmediata para el apunte de un deseo, un comentario, la duda, la crítica y la pregunta de qué es el arte y para qué sirve. Esa necesidad del uso, de expresarse libremente con cualquier “estilo”, mancha, diseño, de probar todo, parte de una actitud de reflexión donde el juego está justificado por ese estado provisorio del amateur, que no está ni siquiera interesado en fechar o firmar “la obra”. La obra respira una frescura inusual en la actitud desprejuiciada con que se asume la propia condición del artista.
El concepto de lo provisorio, Provisionalidad, fue asumido por el Gabinete Ordo Amoris como parte de una estética, una actitud que reflejaba “el comportamiento del cubano durante la crisis"2. De aquí el grupo se apropió de la estética de una cultura popular en un país en estado de emergencia. Las antenas de televisión, los aparatos de recepción y comunicación, las soluciones de transporte con el “taxi-limosina”, objetos y juguetes inventados con la basura de un nuevo consumismo en Cuba, devinieron parte misma de la iconografía del grupo.
Más que ready-mades, esa apropiación fue más allá de colocar objetos en el contexto artístico. No sólo se asumió al objeto sin revertirlo —en el sentido de la inversión de Duchamp—, sino que se incorporó su mismo principio de funcionalidad y creación4. De objetos con una función para la recepción —antenas— de ondas transmisoras de televisión o radio de Miami, de anuncios prometedores “del otro lado” y una ilusión construida sobre la base del deseo ficticio, pasaron a ser auténticos “aparatos” armados para comunicar otro mensaje en el espacio de la galería y el museo.
¿Estamos ante el juego de una estética de lo pobre en estos objetos “folclóricos” desde la perspectiva del mundo desarrollado? Afirmaría que Diango Hernández ha llevado más lejos la estética de lo emergente y provisional. En estos artefactos dibujados y luego construidos no existe la promesa de un deseo ni el de suplir una función, sino más bien revertirla en objetos de análisis cultural. Con materiales de desecho y pedazos de otros que han perdido su uso original, el artista construyó una máquina hecha con cartón, madera y un cilindro de metal que pareciera sugerir una cámara de cine fálica, que a la vez podría ser una máquina de guerra. La silla es aquí un objeto multiuso con su transmisor o amplificador, al igual que el par de zapatos con transmisores, antena y audífonos. Toda una obsesión con la transmisión y la comunicación en un país aislado como Cuba donde esto se convierte en necesidad inmediata.
Dentro del contexto de la galería, la transmisión pasa al plano del significado semántico trascendiendo la crónica y la crítica social, aunque está implícita en la condición misma del objeto. Sin embargo, vale decir que no existe una aproximación antropológica, ni una reinterpretación del arte povera, sino que estamos ante una propuesta cultural y estética: la del objeto provisorio creado en una sociedad emergente y usado en ese sentido de “guerrilla” (mencionado anteriormente) dentro de los circuitos del evento institucionalizado de lo “artístico”.
Es Amateur, en este caso, una producción concebida desde el margen —sin ser estética de lo marginal— para ser recetada en un centro. Desde este punto de vista, siete años de experimentación validan la actitud amateur. Para Diango Hernández esta exposición es un cierre y un punto de partida en un momento crucial en el cual el Gabinete Ordo Amoris se encuentra en estado de disolución y ambos integrantes han empezado a producir fuera del contexto de Cuba. Good bye my friends, I am going to Capitalism, comentario que descubrí en una de las paredes, me hace preguntar: ¿cómo se validará la obra de Hernández posterior a su entrada a este mundo competitivo donde ya la actitud amateur no se justifica como tal? ¿Habrá que recontextualizar o reinventar lo que se ha creado como estética en un lugar al margen para institucionalizarse en el centro? La pregunta es y será una interrogante para los artistas cubanos que son recetados fuera del contexto en que su discurso se produce —dentro y fuera de Cuba— y que mal que bien han sido encasillados dentro de la estética de la pobreza o la prometida utopía, para digerirlos.
NOTAS
1.El Gabinete Ordo Amoris fue conformado en 1994 a partir de una invitación que Diango Hernández hizo a sus amigos. El grupo buscaba armar un proyecto de colaboración artística en la cual no figuraran los nombres individuales de los artistas.
2. Comentario de Diango Hernández a una pregunta sobre la idea de lo Provisional. Correspondencia por email, diciembre 29, 2003.
DERMIS PÉREZ LEÓN
