Exposición Individualdic 2003 - feb 2004· Por Mónica E. Kupfer

Susana Arias

Galería Habitante

Susana Arias podría describir su devenir como “de esta vida y otra” por la manera en que, siendo panameña, ha desarrollado gran parte de su vida —familiar y profesional— en California, donde lleva ya más de dos décadas, sin perder nunca los vínculos con su país de origen. De hecho, fue una de las primeras artistas panameñas en dedicarse a la escultura, área en la que ha explorado múltiples técnicas y materiales con una perseverancia inquebrantable. Desde 1976, año en que recibió su Licenciatura en Bellas Artes en New Orleans, donde estudió bajo Jules Struppeck, Susana Arias ha participado en un sinnúmero de exposiciones tanto en Estados Unidos como en América Latina, entre ellas más de 15 muestras individuales, la primera de las cuales tuvo lugar en Panamá.

En los años setenta, sus primeras obras en piedra, madera, bronce y cerámica hacían eco —en esculturas semi abstractas— de formas sustraídas del mundo natural, acentuando los perfiles curvilíneos con que Arias interpretaba aves, peces o focas, obras de contornos orgánicos que reflejaban una gran admiración por escultores como Brancusi o Noguchi. La artista panameña buscaba la esencia de las formas, no la reproducción directa de la naturaleza, una manera de trabajar que mantendría a través de su carrera. También sería una constante el deseo de lograr en sus esculturas un contraste entre la debilidad y la fuerza, y de capturar lo que ella ha descrito como “la metamorfosis que es parte de la forma”.

Exposición Individual: Susana Arias — imagen 1
Susana Arias. Teclas, 2003. Cerámica con engobe de óxido de hierro, quemada en aserrín, fibra de cáñamo y bambú. 76,2 × 50,8 × 10, 1 cm (30 × 20 × 4 pulgadas).

Luego, trabajaría en una serie de esculturas basadas en la forma del cactus, ese paradigma de la verticalidad que ofrece la naturaleza. Creados con arcilla y en quemas orgánicas en vez de hornos tradicionales, los cactus de Arias son representaciones abstractas del ser humano, símbolos del hombre con sus irregularidades tanto de fondo como de superficie. Aunque no dejó de trabajar con bronce, mármol y hierro, incorporó a sus obras de principios de los años ochenta una serie de materiales innovadores como plástico, aluminio, y en algunos casos, vidrio. En 1984, presentó cactus-cilindros en trozos, formas tubulares sobre una cama de hierba en el piso del Museo de Arte Contemporáneo, lo que constituyó una de las primeras instalaciones presentadas al público en Panamá.

Durante los años siguientes, Susana Arias trabajó en varias series escultóricas, incluída una titulada Referencias urbanas, motivada por la arquitectura que, según la artista, ofrece una referencia de las personas que la habitan. Para estas obras usó como material primordial la tierra compactada, construyendo además otras piezas “sitio-específicas” de materiales originales, tales como paredes de quincha, el material rústico con que se construyen las casas en el interior del país. En contraste con los cactus áridos y de colores neutrales, estas nuevas esculturas de Arias introdujeron el uso del color, en tonos que llegaron a ser muy vivos, reflejando las actividades de la vida de ciudad.

Además de su vasta obra de pequeño formato, incluidos sus trabajos de máscaras, pozuelos y representaciones de caballos, Susana Arias ha dedicado una parte considerable de su carrera artística a la producción de obras de grandes dimensiones para espacios públicos, mostrando tempranamente un interés por la inserción del arte en el contexto urbano. En California, ha erigido murales en bajorrelieve y esculturas para parques, rotondas, puentes y oficinas gubernamentales, trabajos para los cuales ha recibido apoyo del National Endowment for the Arts y ha sido premiada por el Environs Enhancement Award de California. Recientemente, fue distinguida como Artista del Año en Santa Cruz, ciudad para la cual elaboró una obra pública en una carretera, constituida por dos enormes paredes escultóricas que simulan un sitio arqueológico como metáfora de la existencia en esa ubicación de un antiguo yacimiento de los indios olhone. Ejecutado con una combinación de tierra compactada, cemento, carbón y otros materiales orgánicos, el trabajo refleja un estilo que la artista auto-describe como “primitivismo contemporáneo”.

La exposición actual de Arias es otra expresión de su “primitivismo contemporáneo”, donde el título “de esta vida y otra” parece referirse a la actualidad y al pasado, en 28 piezas que combinan dibujo, pintura, escultura, papel hecho a mano y cerámica. Constituye un hilo conductor entre las obras la manera en que parecen hablar de historias rescatadas, a la vez que incorporan elementos artísticos contemporáneos. Sólo rompen este esquema algunas esculturas recientes de alargadas y melodramáticas figuras humanas —o de formas verticales que incorporan partes anatómicas— en cerámica y esmalte brillante, que conviven dificultosamente con el resto del conjunto del que difieren tanto en ejecución como en temática y dirección estética.

En la creación de sus hermosos y sensuales “papeles”, Arias emplea elementos naturales como la fibra del plátano, la palma o el bambú, así como algodón e hilos que, junto con colores naturales, les otorgan a las obras una calidad orgánica. Forma grandes pliegos en un proceso casi escultórico, al ir logrando profundidad en el papel por medio de capas de tela y de pulpa. Entre esos estratos incluye pequeñas piezas de cerámica incrustadas que multiplican el efecto arqueológico que caracteriza sus trabajos. En contrapunto a esta visión tanto antigua como artesanal, en algunos papeles incorpora modernas telas metálicas que enriquecen el tejido y ofrecen diversidad óptica a las obras. Finalmente, una vez hecho el papel con todos sus estratos de texturas y significados, Arias emplea lápices, pasteles y acrílicos para pintar sobre las superficies. Sus colores tienden a ser cálidos y sutiles, con una preferencia por los ocres, los tonos de salmón, crema, blanco y negro, y el uso esporádico de pigmentos metálicos.

La bolsa del Chamán es una obra evocativa, un gran papel que cuelga como encorvado por el peso del tiempo. De sus bordes irregulares sobresale una capa de gasa, como un velo o telaraña que se asoma del fondo. La superficie rústica está pintada con pigmentos pasteles en rosa vieja, oro quemado y blanco, en una obra de elegante abstracción lírica que induce una sensación romántica a pesar de la ausencia de elementos figurativos. La sutileza del color aunada a la rusticidad del papel crea un contraste interesante que caracteriza muchas de las obras en esta exposición. En Bolsa musical, Arias va un paso más allá al incorporar elementos tridimensionales al papel. La obra consiste en unas tiras horizontales de pequeñas lengüetas negras de cerámica que cuelgan sobre un papel artesanal oscuro y de rico tejido. En los márgenes externos aparece una seda sombría, y dentro del pliego está incorporado el patrón cuadricular de una tela de un gris brilloso como contrastante elemento industrial. Para completar, la artista dibuja de manera delicada unos pocos trazos blancos en la superficie activa de esta pieza.

Aún más impactante que las obras sobre papel resultan las esculturas de Arias que representan primitivos instrumentos musicales. En Teclas, las lengüetas de cerámica parecen parte de una marimba prehistórica. Creadas a mano, pintadas y quemadas individualmente, cada tecla tiene una personalidad propia por sus variaciones de negro y marrón sobre el tono rojizo de fondo. Sostenidas por hilos y palos de bambú, las piezas conforman una unidad rítmica tanto visualmente como en su imaginada musicalidad. Igual ocurre con la extraordinaria pieza Samba de una nota, un violín arcaico con su correspondiente arco —que produce sonido—, constituido por una serie de formas negras semi elípticas y alargadas, unidas por hilo y madera. Por su exquisito perfil, sus valores abstractos y su calidad lírica, la pieza trasciende cualquier insinuación de utilidad objetiva. En el mundo esculto-musical de Susana Arias también hay tambores de cerámica y piel que producen sonidos al ser golpeados con las piedras de barro que ella incorpora a la pieza. Son obras que impactan por la manera en que la artista logra crear una especie de nueva arqueología, tanto musical como escultórica. 

MÓNICA E. KUPFER

Susana Arias, por Mónica E. Kupfer | artnexus