Exposición Individualdic 2003 - feb 2004· Por María A. Iovino

Rosario López

Galería Diners

Trampas de viento, la más reciente exposición de Rosario López en Galería Diners de Bogotá (septiembre 4-octubre 4), es el segundo proyecto que desarrolla la artista sobre la percepción del viento, del vacío que él surca, y sobre el trazado o el recorrido que él señala si se lo atrapa. Ese seguimiento comenzó hace poco más de cinco años con la ubicación y registro de trampas de viento en diferentes paisajes y contextos (primero en el norte de Europa y posteriormente en Colombia), en la búsqueda de identificar la movilidad existente en el vacío y la potencialidad de conformación o de expresión formal que puede haber allí. La idea ha sido entender lo que altera al paisaje abierto no sólo desde lo que se le impone, por frágil que ello sea, sino desde lo cambiante que propicia la fuerza invisible que en él se debate.

Los primeros resultados de esa investigación, expuestos en el programa “Jóvenes talentos” de la Alianza Colombo Francesa (2000), registran, por tanto, diversos tipos de estrategias que trazan el vacío, aunque con decisión, sin la intencionalidad definitiva de establecer un corte o de implantarse en el lugar. Por el contrario, estas imágenes que no instauran su centro en el asunto del lugar o en el de lo fotográfico, se detienen en la captura de construcciones precarias que hacen las veces de tretas o de ardides, que permiten advertir el paso de lo invisible e impalpable y del destino que ello sigue.

Exposición Individual: Rosario López — imagen 1
Rosario López. Trampa de viento, (Bombas Color), 2003. Fotografía en blanco y negro sobre papel.

Esa reflexión acerca de la no forma, de la inasibilidad, de la fragilidad y de la mutabilidad, armada desde la educación escultórica que ha recibido la artista, necesariamente debería conducir a la penetración de la génesis y del sentido de la forma que se entiende en las obras presentadas en Diners recientemente. 

En estos últimos trabajos, Rosario López, además de que construye las “trampas de viento”, insiste en la relevancia de su comportamiento en un paisaje determinado. Es decir, la artista enlaza en su obra más reciente, el asunto de la forma o de la conformación, a la avenencia del momento en un contexto. Ello se expresa con claridad en la débil línea que tiende a kilómetros de distancia de la cordillera, que aún en considerable lejanía, al ser movida por el viento que se impulsa a través de la montaña, replica su forma.

Lo propio señala la artista con la manta que instala junto a la playa: el viento repercute en ella el impulso del oleaje, pero no de manera simple sino compleja, en la medida en que en el tejido se constata que son las corrientes venidas de todas las direcciones y no de un la de un solo rumbo, las que insuflan la noción de objetualidad. 

Visto de esta manera, se subraya la dificultad del discernimiento de lo que conlleva a lo visible. Es la circunstancia múltiple la que construye un gesto pasajero o instantáneo, dado que esa multiplicidad de acontecimientos se reconoce en permanente cambio, en devenir inconstatable e indetenible. Además, lo que propicia lo material es el encuentro aleatorio, pero decidido, de lo inmaterial. La estrategia diseñada por la artista descubre, con flexibilidad y con un mínimo de recursos, el asunto de la forma en correspondencia con su entorno y el de las variabilidades que ellas pueden presentar de acuerdo con los giros de las corrientes que impulsan el movimiento y, por ende, la forma.

Se hace claro entonces que, a pesar de la apariencia serena de los paisajes seleccionados, lo indeterminable que los atraviesa es tormentoso, contradictorio y conflictivo. Lo que da una apariencia objetiva a la mirada, es lo que se encuentra o se estrella en un lugar y en un momento preciso antes de seguir su rumbo, y así la bella forma a que ello da lugar soporta una convivencia caótica, de elementos de procedencia diversa. Así, lo reconocible se puede entender de cierta manera como elemento genérico, pero siempre más allá del patrón o independientemente de la generación formal que pueda proponer una matriz, y a pesar de la impronta que ella grabe. Y en este mismo sentido se desdibuja también la noción de matriz, pues su construcción o su lógica se entiende atada de igual manera a un origen formal indeterminable.

En consecuencia, se entiende también en esta propuesta, el salto de complicación conceptual que ha ocurrido en la obra de Rosario López desde que trabajó las primeras “trampas de viento” hasta el presente. Los primeros registros fotográficos detectaban un único impulso, un solo destino, puesto que la atención se posó en la ubicación de la trampa más simple: la que señala la tendencia del momento. En tanto que de las trampas que la artista aborda en el presente, capaces de reunir en ellas impulsos diversos, surge la conclusión de materializar el elemento de viento y al viento que son las bombas de aire, a fin de parodiar el acto representativo que inmoviliza un gesto variable y eventual, para ocuparlo con una carga significante.

De allí que en un espacio independiente de la galería, después de haber expuesto en imágenes fotográficas una percepción de la conducción aérea, la artista dispersara en el suelo unos cuerpos sólidos que reinterpretan esa idea de lo circunstancial en el mundo de la cosificación. En éste, las postulaciones conducen, según se entiende en la obra de Rosario López, no a la erección de valores perennes en lo material, sino a la indicación de los eventos que los originan, que son los mismos que inestabilizan las soluciones conformadas. Con esta argumentación se clarifica además un interés por aproximarse al paisaje sin herir ni imponer. Por el contrario, la actitud de la artista revela y respeta la feminidad creativa que hay en la naturaleza a pesar de su combate oculto, y pende de esa conceptualización una problemática tan descuidada en el presente como la de la esencia expresiva de la forma.

MARÍA A. IOVINO

Rosario López, por María A. Iovino | artnexus