Exposición Individualdic 2003 - feb 2004· Por Israel Castellanos

Rocío García

Galería Habana

Cierta androginia rezuma la poética de Rocío García. Así lo refrendan las pinturas exhibidas recientemente en Galería Habana. En una primera instancia, el desdibujo entre lo masculino y lo femenino es advertible en la recurrencia a un modelo fisonómico que, amén de sello autoral, se erige en prototipo unisex: ojos rasgados y ladinos, cabeza rapada, nariz filosa, barbilla puntiaguda y “raza” 

Por otra parte, el mórbido cuerpo del “sexo débil” y el musculoso del “sexo fuerte” suelen adoptar actitudes violentas, tenidas por “masculinas”. Hay también permutación de roles, no tanto porque el varón pueda inclinarse eróticamente hacia lo que “debiera ser” la preferencia “natural” de la mujer (el hombre), sino porque, indistintamente, uno u otra pueden ser víctimas o victimarios.

En la obra de Rocío García es habitual que esa violencia, larvada o patente, sea expresada por un discurso narrativo, explicitado en el título de esta muestra (El domador y otros cuentos). Pero esa narratividad es elíptica. Acude a proyecciones psicológicas y también a ciertas acciones físicas realizadas en el pretérito inmediato o verificables en el futuro cercano. El espectador observa, sobrecogido o aprensivo, lo que pudo haber pasado o pasará, sin otra opción de intervenir, como no sea desde su condición de testigo más o menos sensible.

Exposición Individual: Rocío García — imagen 1
Rocío García. Corazones azules, 2003. Óleo sobre lino. 140 × 120 cm (55 × 47 ⅕ pulgadas).

Fragmentaciones corporales, presencia de instrumentos agresivos, encuadres mutiladores, miradas oblicuas entre los personajes o de estos hacia el veedor, son recursos visuales que potencian esa carga violenta, aun cuando uno de los recursos más poderosos; el contraste de colores complementarios, haya sido anulado en esta muestra.

Con gradaciones de un mismo color (frío, generalmente), la artista logró esta vez concentrar y matizar mejor los puntos de atención, haciendo gala de una pericia avalada por su pergamino de Master en Bellas Artes, obtenido en la prestigiosa y exigentísima Academia de Repin, en la otrora ciudad de Leningrado (hoy San Petersburgo).

En estos óleos/lino, la luz no contrasta más por divergencia cromática, sino por distinción de tonos. Pero esa iluminación, sumamente focalizada, sí conserva el sentido de puesta en escena; una teatralidad sostenida por su dislocación en interiores cerrados, angulosos, como son los baños y las alcobas.

Esas creaciones de Rocío García entrañan igualmente una ambigüedad entre la pintura y el dibujo, desde sus definidores más esenciales: el color y la línea, respectivamente. Los trazos contornean formas saturadas de pigmentos y, por otro lado, las áreas segmentadas por el color generan, en su (des)encuentro, ejes rectos y diagonales. Estos últimos y el rejuego con diferentes planos imparten, así mismo, tensión y movilidad a las composiciones.

Si en muestras anteriores la artista exhibía por separado a sus mujeres (geishas, lesbianas) o a sus hombres (machos, marineros, gays), en esta exposición hace que ambos sexos confluyan. Son uno, pero dividido, como el Andrógino de la mitología griega. Son complementos imantados que se atraen; y polos que, por cuanto tienen de iguales, se mantienen apartados. Son el uno y el otro que convergen, precisamente, en sus alteridades. 

La muestra El dominador... incluye también a hombres-bestias (¿faunos?) y ¿mujeres? caníbales; así como animales de identidad desconocida que, además de una posible zoofilia, parecen alegorizar instintos y comportamientos salvajes presentes en algunos humanos. Placer, violencia y muerte emanan a ojos llenos. Y es que, desde hace varios años, el discurso artístico de esta pintora y dibujante cubana ha discurrido en torno a la traumática relación de Eros y Tánatos.

ISRAEL CASTELLANOS LEÓN

Rocío García, por Israel Castellanos | artnexus