Exposición Individualdic 2003 - feb 2004· Por Victoria Verlichak

Roberto Elía

Centro Cultural Recoleta

La muestra antológica de Roberto Elía (Buenos Aires, 1950), que con la curaduría de Mercedes Casanegra se exhibe en el Centro Cultural Recoleta, recorre más de 30 años de trabajo, entre 1969 y 2003. El espectador tiene la posibilidad de sorprenderse una y otra vez ante la espléndida y coherente obra de Elía, que en su silenciosa consistencia llama a sentirse libre y a revisar las categorías preestablecidas.

Pinturas, objetos, instalaciones y obras sobre papel permiten verificar que el artista está interesado sobre todo en la poesía. Toda su obra es una búsqueda por establecer profundos vínculos entre el arte y la literatura. Su trabajo posee una refinada e íntima conexión con la escritura y no sólo porque éste modifica la relación de las palabras y de los objetos, ni tampoco porque escribe interminables e íntimos cuadernos en hojas blancas, sin renglones. Son cuadernos de navegación en donde vuelca sus ideas en forma constante. Los grandes de la literatura argentina —Jorge Luis Borges, Oliverio Girondo, Leopoldo Marechal, Macedonio Fernández, Julio Cortázar, Roberto Arlt— lo marcaron definitivamente.

Exposición Individual: Roberto Elía — imagen 1
Roberto Elía. Azul, 1999. Óleo sobre cartón. 55 × 70 cm (139,7 × 177,8 pulgadas).

Siempre dispuesto a reelaborar lo preexistente, siempre al borde de reconstruir el universo, el artista hace estallar la herramienta más allá de lo previsto y es capaz de infundir un alma a los transformados (¿transformadores?) objetos, contundentes esculturas, misteriosas escrituras, despojadas pinturas, delicadas cajas, que fabrica. La profunda mutación que sacude a broches, fósforos, pipas, paréntesis, huevos disecados de pescado, cañas, piedras, tizas, madera, pizarra, botón, hilo, lápiz, cajas y cajitas advierten sobre algo oculto por ser explicado.

La incorporación del broche a su mitología personal sucedió tempranamente, en 1969. Elementos emblemáticos, los broches de ropa desarmados, reconvertidos y resignificados, estrenan permanentemente nuevas representaciones. El broche-herramienta se convierte en rayuela, plumín, figura yacente, efigie humana, pareja amorosa, pasajero de la luz, pájaro, paréntesis, espacio de contención, terreno de interrogación, y deja de ser ese objeto que la mayoría percibe como utilitario. El broche le sirve como metáfora, como analogía de otras cosas y se constituye en el eje de una operación crítica, en un discurso sobre la libertad, sobre la literatura, acerca de la vida y la muerte.

Otro de los dispositivos expresivos de Elía es el paréntesis. Hay algo en las obras realizadas con la traza del paréntesis que en un primer instante evocan la infancia, la escuela primaria. Es que esas dos líneas paralelas, que se inclinan hacia adentro para permitir la inserción, aparecen primero como dos elementales palotes. Simples custodios de una frase autónoma, los paréntesis pueden también anunciar la interrupción, la suspensión o convertirse en dos manos dispuestas a recibir, a contener.

También la estructura del juego de la rayuela se incorporó de un modo simbólico a su trabajo con diversidad de formas. ¿Existen las coincidencias? Entre los agradecimientos de su novela de 1963, Cortázar incluye a Raymond Roussel, que 50 años antes había publicado Impresiones de África y que, como Rayuela, podía comenzarse en el primer capítulo o en el décimo, en cualquier otro. Los primeros trabajos de Elía se basaron en la delirante novela de Roussel y algunos posteriores se vincularon con la rayuela.

Los trabajos, una intrigante mezcla de crudos materiales y conceptos paradójicos, hacen trabajar a las ideas y generan ilimitadas variaciones líricas. Obligan a una mirada penetrante para intentar dilucidar las pistas reales y ficcionales que el artista entrelaza. En una doble acción, la obra legítima lo cotidiano e ilumina una ruptura que le otorga una reveladora dimensión, rica e insospechadamente fuera de tiempo y lugar.

Perceptivo y corrosivo, Elía trabaja con una red de significados, con datos literarios, políticos y sociales, armando una trama que aparece como algo delicado, prolijo y sin sobresaltos, pero que alude a una compleja subjetividad y a una turbulenta historia colectiva.

VICTORIA VERLICHAK

Roberto Elía, por Victoria Verlichak | artnexus