Exposición Individualdic 2003 - feb 2004· Por Justo Sánchez

Miguel Florido

Cernuda Arte

Es un opus meditabundo el de Miguel Florido: lienzos que según el propio pintor emanan de la observación y la introspección, de la visión del objeto como una extensión del propio creador. El joven cubano llega al sur de Florida tras cosechar éxito con importantes coleccionistas norteamericanos en Art Chicago. Completamente autodidacta, Florido ya ha tenido exposiciones en Texas, Panamá, y La Habana. Su obra se ha dado a conocer en ARCO, ArteBA, en San Juan de Puerto Rico, Barcelona, París y Amsterdam.

Las tres series que conforman Sueños y esperanzas en Cernuda Arte (Cuerpos sin vida, Puerta azul y Papeles) permiten vislumbrar un mundo quedo donde el género del bodegón no se utiliza como ardid jactancioso de virtuosismo técnico. Aquí hay un vínculo con la nostalgia y con la exploración de la metafísica de la presencia. Su última serie, Papeles, con referencias a los Paquetes de Claudio Bravo y, sobre todo, a la obra del holandés Cornelio Norberto Gijsbrechts, mantiene la parquedad floridana. Este silencio no es sólo producto de su disciplina gramatical sino de la austeridad de su vocabulario y la transparencia de su enfoque que cada vez se aclara más.

Exposición Individual: Miguel Florido — imagen 1
Miguel Florido. Tendido de la esperanza, 2003. 138,4 × 119,3 cm (54 ½ , × 47 pulgadas).

En la orquídea de Sólo tú (2003), en la hoja de plátano de Aún aguardo tu presencia (2002), en el retrato Yo siempre enamorado de ti (2002), se pone de manifiesto el anhelo de una presencia y un significado trascendente. En una primera lectura, la presencia suspendida en la atemporalidad floridana sirve como metáfora del amor que marcó profundamente la vida del joven artista. Siendo coherente con la idea de “vanitas” que estudia en su opus, Florido nos pone en contacto con la idea de que la compañía física y la unión que vienen como consecuencia del amor son efímeras y pasajeras. Éste es el creador de graphos para salvar la distancia, para disipar la separación y la ausencia y para reflexionar sobre la brevedad de las convergencias.

En una segunda lectura, la obra de Miguel Florido puede verse como un caso muy revelador en el estudio de la cultura visual cubana. Aislado geográfica e institucionalmente de los centros pedagógicos oficiales como ENA, ISA y San Alejandro y del quehacer del mundo artístico oficial capitalino, Florido ha echado mano de las olvidadas raíces españolas de la cubanía y se ha apropiado de una forma muy particular del idioma de Zurbarán y Sánchez Cotán. Un viaje a Madrid le permitió profundizar su incursión en el barroco.

Un tercer acercamiento nos pone en contacto con la dimensión nacionalista de la obra floridana. La bandera cubana hace su aparición en Sueño o esperanza (2002) así como En un rincón del corazón (2002), de su serie Paquetes. El contorno de la isla se perfila en Tendido de esperanza (2003). Los bodegones de la serie Puerta azul así como los de Cuerpos sin vida se componen de frutos típicos de la campiña cubana,  que el artista recoge de su entorno inmediato en San José de las Lajas. Si bien pueden ser afirmaciones de identidad nacional, Florido sugiere una apertura a la esperanza de otra presencia: la de una identidad nacional reconciliada y armoniosa.

Por último, una deconstrucción de Florido pudiese bien llevarnos a las ansias logocéntricas de este artista, a sus necesidades de un “significado trascendente”, de su nostalgia de un equipo epistemológico y metafísico que garantizara su edificio filosófico, religioso y afectivo. Es éste su quehacer artístico y su móvil lírico. Su búsqueda alimenta su poesía. Su afán lo adentra más en el lenguaje del silencio.

JUSTO J. SÁNCHEZ

Miguel Florido, por Justo Sánchez | artnexus