Haciendo alusión tanto a la política fronteriza como a la vanguardia norteamericana de las décadas de 1960 y 1970, los ingeniosos objetos de Margarita Cabrera son una golosina para los ojos, a la vez que juegos lingüísticos. Cabrera, quien reside actualmente en El Paso, Texas, expuso antes en Nueva York en la S-Files, de 2002, en el Museo del Barrio, así como en una colectiva en la Galería Rotunda, de Brooklyn. Su exposición en la Galería Meltzer, Appliance: all tools must be kept ready for instant use, es su primera muestra individual en Nueva York. Al ver sus hermosos, humorísticos y frívolos objetos, uno se acuerda de la reflexión de George Kubler, quien dice que una obra de arte es tan inútil como útil es una herramienta. Esta proposición nace en las obras de Cabrera, cuyo propósito es reconstruir objetos utilitarios en forma de arte, despojándolos de cualquier posibilidad funcional.

En sus obras de 2002, Cabrera utilizó los artefactos reales como parte principal e infraestructura de la escultura, agregándoles bordes de vinilo, cables y enchufes. La excepción es un procesador de alimentos cuya única parte “real” es un disco para tajar. La disfuncionalidad que la artista les otorga a estos “aparatos” pone de relieve las motivaciones políticas que hay detrás de ellos. Como representaciones de la clase de objetos que se producen con frecuencia en fábricas donde se explota a los trabajadores a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México, estas creaciones llevan consigo insinuaciones políticas sobre uso, valor, trabajo, y la economía global. Instrumentos que fueron comercializados en masa por primera vez durante mediados del siglo XX para ayudar a la privilegiada ama de casa moderna con sus labores domésticas, estos objetos se traducen en las manos de Cabrera en obras que enmarcan la existencia de los trabajadores que los fabrican. De manera simultánea, los aspectos físicos de los objetos hacen referencia a la sensibilidad pop de las esculturas de Claes Oldenberg. La repetición de imágenes en su obra, en particular en las nuevas piezas acolchadas, citan las obras seriales de Andy Warhol.
Los acolchados son un desarrollo relevante en las esculturas de Cabrera. Como parte importante de la historia del arte norteamericano y la cultura material, los acolchados llevan narrativas en las cuales se tejen tradiciones folclóricas y nociones de lo auténtico. Al colocar sus aparatos icónicos dentro de los motivos de patchwork de este medio tradicional norteamericano, la artista también materializa la historia y el papel de estos objetos en la cultura y la vida política de Norteamérica. Aumentando la sensibilidad textil de las piezas, Cabrera continúa con su práctica de dejar largos extremos de hilo colgando de las costuras de sus objetos. Pendiendo de los acolchados perpendiculares, estos hilos les dan vida a las obras, agregándoles un efecto tridimensional.
Además de las referencias a las fábricas de aparatos, estos objetos aluden también a las conocidas fábricas de la industria de la moda. El brillante pespunte contrasta agudamente con el vinilo al que mantiene unido, sugiriendo el interminable trabajo a destajo producido en las fábricas de ropa. Su Sewing Machine (2003) pone de relieve esta referencia así como una intención postfeminista que es acentuada en su Cleaning Supplies (2003). La esponja de vinilo, el tarro de limpiador Ajax, la botella de Windex y el estropajo para el inodoro, todos colocados dentro de una maleta de vinilo, sugieren la interminable labor asociada con estos objetos y la inutilidad que implica usarlos como ella lo propone. El título de la exposición también sugiere la presión de la vida contemporánea, en la que lo social y lo comercial a menudo se mezclan de manera preocupante para formar una existencia en la cual la vida y los productos, los aparatos y las sensibilidades están todos intrincadamente ligados.
La cuidadosa atención de Cabrera a la forma, el diseño y el color de la obra las hace, en el fondo, muy atractivas. Su presentación, semejante a la de un juguete, sugiere los estantes de la sección de aparatos pequeños de una tienda por departamentos. Desdibujando la diferencia entre el objeto real y sus versiones, la artista crea un juego lingüístico en el cual el artefacto real y su representación se mezclan de tal forma que terminales de contacto reales salen de los enchufes de vinilo, las formas geométricas perfectas de las aspas sobresalen de la batidora y los canales y planchas de cocción labradas de la waflera están trazados con cordoncillo de vinilo y acompañados por un cable del mismo material.
El discurso de Cabrera, ofrecido con un humor seco, un agudo sentido del diseño y un sabihondo comentario político, está bien representado por sus objetos, que atraen tanto a los deseos de la vista y el tacto como a las sensibilidades de la mente.
ROCÍO ARANDA
