Brindemos. Otro sueño se ha hecho realidad en el campo cultural de Puerto Rico: el Museo de Arte Contemporáneo de Puerto Rico (el MAC), fundado en 1984 y que creció impresionantemente durante los últimos 18 años (muchas veces contra viento y marea) bajo la dirección de la doctora María Emilia Somoza, inauguró sus nuevas instalaciones en octubre de 2003. Lo que fuera la escuela pública Rafael M. de Labra en Santurce, en nuestra ciudad capital San Juan, es hoy un precioso museo de arte contemporáneo que invita a todos los amantes de las artes visuales a visitarlo y construir una amistad.
Repasemos algo del pasado de Puerto Rico: fuimos una isla pobre durante el período colonial, una sociedad rica en tradiciones pero donde la cultura, la arquitectura y las artes no crecieron como en México, Lima o La Habana. No obstante, tuvimos el regalo de dos pintores verdaderamente extraordinarios en los siglos XVIII y XIX: José Campeche y Francisco Oller. Aunque el puertorriqueño siempre ha sido enormemente creativo (pensemos en los santos de palo), hasta la reconocida Generación del 50, nuestra plástica se manifiesta esporádicamente y desigual. No tuvimos universidad hasta 1903 y la necesidad de tener museos de calidad dónde vernos y dejarnos ver no se comenzó a materializar hasta la postguerra. Aunque se empieza a coleccionar y a exponer arte mucho antes, nuestro primer museo, el Museo de la Universidad de PR, lo funda don Ricardo Alegría en 1949. Después de la creación del Estado Libre Asociado de Puerto Rico en 1952, el gobernador Luis Muñoz Marín funda el Instituto de Cultura en 1955 y nuestro desarrollo cultural (específicamente en la plástica) adquirió fuerzas impresionantes. (Desafortunadamente, el Instituto de Cultura Puertorriqueño nunca planificó un museo y las ricas colecciones del Instituto de Cultura Puertorriqueño siempre estaban escondidas, y sólo muy recientemente hemos podido ver muchas de las joyas de nuestra plástica). En 1959, don Luis A. Ferre, amante del arte europeo y puertorriqueño, filántropo y gobernador de Puerto Rico desde el 1969 hasta el 1973, funda en Ponce (250,000 habitantes) el magnífico y alucinante (tenemos en PR una de las mejores colecciones de arte prerrafaelista) Museo de Arte de Ponce, y en el año 2000, bajo el gobierno del doctor Pedro Rossello, se funda el que se nos había privado por tantas décadas: el Museo de Arte de Puerto Rico.

El Museo de Arte Contemporáneo de Puerto Rico fue fundado en 1984 por la profesora y artista María Emilia Somoza (Miyuca para todos), quien por dos décadas le ha dado toda su vida a un proyecto que definitivamente ha hecho mejor a Puerto Rico. Miyuca ha logrado lo casi imposible en nuestros países: que no haya duda de que su creación, el MAC, la sobrevivirá. Su visión, sus energías y su verdadera pasión han sido clave para comenzar (casi sin recursos económicos) una colección desigual pero respetable (dentro de las circunstancias) que incluye artistas de Puerto Rico, Latinoamérica, Europa y Estados Unidos. Y, finalmente, en 2002, bajo el gobierno de Sila María Calderón, Miyuca (siempre ayudada por una dedicada y paciente junta de síndicos) pudo ver cumplido uno de sus más importantes retos: que el MAC tuviera casa propia. Agradeciéndole enormemente la generosidad a la Universidad del Sagrado Corazón, institución que desde 1988 le brindó un excelente espacio en el edificio Barat y que patrocinara al MAC sin reservas, hoy el MAC expone con inteligencia y elegancia (en el exquisitamente restaurado edificio Labra) parte de su colección, y restablece un interesante diálogo con los otros museos de Puerto Rico.
La restauración del edificio Labra, una impresionante estructura de arquitectura georgiana, construida en 1918 (la escuela fue diseñada por el arquitecto Adrian C. Finlayson), comenzó en 1995. El arquitecto a cargo de este proyecto multimillonario fue Otto Reyes (quien también participó, junto al arquitecto Luis Gutiérrez, en la construcción del hermoso Museo de Arte de Puerto Rico). El resultado es impresionante y de seguro propiciará en el deteriorado Santurce nuevas posibilidades dentro del programa de revitalización de ciertas partes de San Juan. Cada salón de clases fue convertido en una galería de arte de 24’ por 28’ con techos de 14’ en el primer piso y 16’ en el segundo. Hay un patio interior. El edificio anuncia libertades y desarrollara encantos. Se trata de una nueva etapa, de un nuevo MAC. En su nueva casa, el MAC podrá continuar su excelente programa de exposiciones, tanto de artistas puertorriqueños como de artistas internacionales, exposiciones donde se han presentado tanto discursos tradicionales como controvertibles propuestas de avanzada dentro de las posibilidades de las postmodernidades.
El esfuerzo para que el MAC tuviera su espacio propio ha sido gigante y todo Puerto Rico aplaude a la doctora Somoza, a sus juntas de directores y a los que han ayudado de distintas maneras durante estos años de sacrificios y celebraciones. Ahora es el momento de revaluación y de esclarecer nuevas metas. La exposición con la que se inaugurará el nuevo MAC fue interesante y atractiva, pero dejó ver claramente que en general la colección no es de excelencia ni representa el verdadero arte contemporáneo puertorriqueño o internacional. Entendemos que el problema principal es la falta de fondos (públicos y privados) y no de ganas de acercarse a la excelencia. Tanto Miyuca como la curadora del MAC, Marianne Ramírez, han hecho “milagros” y exhiben con seriedad y orgullo el mejor arte al que tienen acceso. Ahora el MAC tiene que tratar de construir una colección de excelencia dentro de nuestras realidades. Tienen que convertirse no sólo en un museo de primera, sino en un verdadero museo de arte contemporáneo (en otras palabras, de arte del mañana). Tienen que tratar de seguir mirando hacia adelante, sin miedo y con pasión, distinguiendo y presentando el arte de aquellos artistas que eventualmente redefinirán los cánones, sin olvidar nunca los grandes que nos trajeron al presente: desde Duchamp hasta Torres-García. A Miyuca Somoza, a quien sólo podemos felicitarla por su visión y por su obra, también le podemos decir que tenemos entera confianza en que va a seguir abriendo más las puertas del MAC al arte que nos desconcierta, que nos reta, que nos hace pensar, que nos hace vulnerables, que nos facilita acercarnos a descifrar este corto viaje nuestro: al arte que eventualmente definirá nuestro tiempo.
*Cortesía: MAC, Puerto Rico.
MANUEL ÁLVAREZ LEZAMA
Crítico de arte.

