El estado Zulia es uno de los polos de desarrollo económico y cultural del occidente de Venezuela. Maracaibo, su capital, es a su vez una ciudad abierta, moderna y vivaz en la que la cultura encuentra importantes espacios en instituciones y museos sino también dentro de un sólido mercado de arte manifiesto en un notable movimiento galerístico. Uno de los centros más relevantes en este circuito es la Galería Moro, que celebró su noveno aniversario, de trabajo interrumpido en pro de la promoción del arte venezolano contemporáneo, presentando la primera individual del artista Luis Lizardo en Maracaibo. La muestra reunió un conjunto de miniaturas fotográficas, que constituyen un reciente acercamiento experimental a la fotografía emprendido por este artista conocido ampliamente por su trabajo como pintor, junto a un grupo de poéticas pinturas que enlazan con su estilo abstracto de siempre.

Luis Lizardo (Caracas,1956) pertenece a la generación de artistas venezolanos dedicados a la pintura en una época en la que la tendencia general de las artes era el abandono de los géneros convencionales. Frente al supuesto agotamiento de las posibilidades expresivas y discursivas de las bellas artes, resumido en la sentencia “la muerte de la pintura”, Lizardo se aboca desde la década de los ochenta a la construcción de un universo pictórico cercano a la abstracción, pero fuertemente ligado a la contemplación del mundo natural, en el que los colores de la tierra y la vegetación se solapan para construir bosques de veladuras, abiertos a múltiples lecturas. Paisajes interiores, viajes introspectivos, campos de paz y recogimiento, representación del follaje tropical, espejos de agua o simplemente el placer tangible del color, sus obras permiten interpretaciones infinitas, son espacios abiertos en los que el espectador participa sensorial y emocionalmente. Lizardo trabaja como el guía de una expedición fantástica, presentando ante nosotros sus grandes telas como recorridos por una zona sutil e íntima que incita a la contemplación.
La selección de piezas reunidas en la Moro es parte de su producción reciente. En primer término grandes pinturas de fondos claros sobre los que el artista ha ido superponiendo extensas capas de color, en tonos verdes y ocres, para producir un efecto simultáneo de transparencia y profundidad, obras en las que predominan la mancha y el suave gesto cromático, la alternancia entre luces y sombras que provoca una sensación de levedad, de presencia natural evocada que nos arropa pero no puede ser reconocida explícitamente.
Paralelo a estas grandes obras, y expuesta en la última y más íntima sala de la galería, nos encontramos con las fotografías de Luis Lizardo. Es un trabajo experimental conformado por pequeñas imágenes, casi miniaturas fotográficas tomadas con una Polaroid, pertenecientes a la serie Miradas de bolsillo del 2002, en las que el pintor emprende un ejercicio como fotógrafo intentando separarse de las meras etiquetas genéricas. Objetos cotidianos, paisajes y rostros son algunos de los temas elegidos por el artista en estas imágenes en las que la fotografía se aleja de su condición objetiva para acercarse a la abstracción. El juego de disolución y levedad es favorecido no sólo por las tomas casuales, y hasta desenfocadas, sino también por lo diminuto del formato que dificulta la identificación de la imagen con su referente real, dotándola de cualidades sutiles. Así, los dos ejes de trabajo presentados en la exposición se nos muestran en toda su coherencia; estas pinturas y fotografías no sólo son obra de un único artista, sino que además habitan juntas en el ámbito de la sutileza, pertenecen a un mundo en el que el azar y el orden se interceptan armoniosamente provocando ese murmullo vibratorio y mágico al que nombramos arte.
SUSANA QUINTERO
