El artista cubano que reside en La Habana, Alexis Leyva Machado, mejor conocido como Kcho en el mundo entero, tiene sus reliquias sensibles: las favelas, ranchos o villas miserias, características de la sociedad cultural latinoamericana. Hace 15 años las expuso por primera vez sin mayor elaboración plástica, pero sí como resultado de un proceso de apropiación de una realidad que parafraseó hacia el nivel de lo artístico. Ésta es la faceta conocida. El parafraseo como recurso temático y plástico avanzó, ha pasado por varias etapas, para convertirse desde hace unos pocos años en una compleja resolución de conflictos, a resolver partiendo de “... un universo lleno de pequeñas islas que son ideas”, según sus propias palabras.

Archipiélago, muestra que implica la idea contenida en las obras vistas en la Galería Juan Ruiz de Maracaibo, podría considerarse como un recorrido sinóptico de lo que ha pasado en su obra desde los comienzos. Están presentes las favelas, los remos, la jungla de Lam, la torre de Tatlin, ahora conjugado en un lenguaje plástico en sepias, blancos sucios y negros manchados, gama de colores limitadísima pero eficaz en acción isomórfica con el tema. Un universo en solitario que el artista desarrolla a partir de una vida gregaria tribal (Kcho es muy generoso y sencillo, dicen los amigos). Indagar en el entorno, exterior e interior a sí mismo, es acción creadora basada en el rescate de la memoria a partir de la exploración del objeto con argumentos ontológicos. La idea primera es la reconstitución de aquellos que pueblan la realidad que le interesa para elevarlos a otro contexto. La metamorfosis, paradójicamente, genera una reducción de su fractura social como elemento protagonista. Los objetos propios de la cotidianidad de un sector, favelas, botes, remos, se comportan como personajes de migraciones y archipiélagos, son parte de una sociedad que los homogeneiza dentro de su realidad real. Kcho elabora un discurso, aparentemente inútil, sobre el arte que, sin embargo, se inserta como protagonista de una historia universal.
Excelente dibujante, el artista se comporta como el escultor que maneja con precisión el plano y los recursos tridimensionales. En el nuevo trabajo que comienza a dar a conocer, el espacio del dibujo se hace espacio escultórico, y viceversa. El principio es sencillo. El proceso contrapuesto modifica el aspecto del objeto representado en el caso de la tela y el objeto real presentado en el caso de las esculturas. Así, las favelas en miniatura sostenidas por la llanta verdadera, gracias al acto creativo artístico, se transforman en un acontecimiento imaginativo para convertir la realidad en apariencia. La significación inicial se neutraliza al mostrar descarnadamente la humildad de su significado. Kcho muestra la realidad como un sueño que en proceso de rectificación la convierte en irrealidad, decisión sencilla de reemplazar una realidad por otra, proceso donde radica la importancia de sus planteamientos. Sin eliminar las cualidades físicas del objeto, ni sustituirlas, la misma operación que sucede en las decisiones de utilizar el “objeto encontrado”, logra reemplazar su contexto y relevar su significado. Igual ocurre con el cambio de un material por otro; por ejemplo, de la casita-copia en cartón y pedacitos de madera y latón montada sobre la tripa de goma infladísima más de un lado que de otro, pareciéndose a una ola en vaivén, engendra otra imagen en bronce.
Las Migraciones,como propuesta plástica y temática, abrió paso a Archipiélagos, una filosofía de lo obvio. El artista se convierte en ambos casos en un comunicador; los objetos en personajes que propician la comunicación con el que mira. En un intercambio de significados expresados a través de sus propios interlocutores, el influjo de la corriente sensible del tema, se hace visible en una atmósfera perceptible sólo a partir de la información que se obtiene de los objetos reales y su contenido. Así, Kcho hace una propuesta visual contenedoras de significados múltiples.
BÉLGICA RODRÍGUEZ
