Exposición Individualdic 2003 - feb 2004· Por Verónica Cordeiro

Jorge Macchi

Galería Luisa Strina

Cuando se toma en consideración el mundo visualmente congestionado en el que vivimos, la amnesia receptiva parece llegar no sólo como un síntoma instantáneo sino también como una reacción subconsciente para la supervivencia. Por otra parte, “el hábito es un gran atenuante”, como lo comenta Vladimir, de Samuel Beckett, en Esperando a Godoy. ¿Cómo nos protegemos contra el exceso de nuestra intrincada realidad material y, al mismo tiempo, permanecemos conscientemente desanestesiados de ella? Selección, escrutinio y recontextualización creativa son quizás la mejor forma de abordar estos dos movimientos al mismo tiempo. Al escoger el tema de las noticias que pronto se olvidarán, el artista Jorge Macchi (Buenos Aires, 1963) prolonga el recuerdo del suceso en cuestión; por otro lado, al apropiarse del material que escogió y reconfigurar su lógica informativa y existencia real, le ofrece al espectador una forma alternativa de percibir la realidad cotidiana —una que, irónicamente, desencadenará en más alto grado su interés por el tema original.

En esta exposición, Macchi reveló hasta qué punto estaba preparado para rescatar los recuerdos pasajeros, sólo inolvidados por aquellos directamente involucrados en su evento. El meticuloso trabajo que se percibe instantáneamente en su obra es en sí un acto de resistencia contra la inmediatez y la rudeza de la información visual y la vida urbana contemporánea, en general. Es una lección de tranquila contemplación para todos aquellos que estamos atrapados de manera inextricable en el relámpago arrollador del estilo de vida urbano actual.

Exposición Individual: Jorge Macchi — imagen 1
Jorge Macchi. Monoblock, 2003. Papel (obituarios de periódicos). 93 × 73 cm (36 ½ × 28 ¾ pulgadas).

Monoblock (2003) es un claro ejemplo: páginas recortadas, rasgadas, de obituarios tomados de los periódicos fueron sobrepuestas, revelando, a través de las incisiones rectangulares hechas por el artista, un diseño funerario compuesto de símbolos de muerte (cruces, la estrella de David) y una estructura formal que imita cementerios y tumbas individuales. En su totalidad, la composición (de 93 x 73 cm) corresponde a un ladrillo cuyas ventanas dan inequívoca visibilidad a la muerte. La obra tiene un atractivo estético extraordinario que, sin embargo, no deja de llamar la atención hacia el recuerdo de su fuente original: muertes reportadas, obituarios tristes o impersonales, y el contenido personal presente en los espacios públicos (o estructuras habitadas).

Había otra obra maravillosamente poética, compuesta también de material de periódico: Libro de citas (2003): dos páginas blancas unidas por la imagen de comillas recortadas de periódicos: una alusión que de inmediato interpreté como que hay tanto que decir y tan poco que entender en las noticias; o la eterna paradoja del significado: hay tanto y tan poco que decir. Las palabras que estaban dentro de las comillas habían sido recortadas y únicamente quedaba un rectángulo vacío…

La obra de Macchi no sólo es poética, se deriva de una inclinación metafísica similar a la ficción borgiana y a la fábula calvinesca. Guía de la inmovilidad (2003) es, en cuanto a la forma, una construcción similar a la de Monoblock: capas de páginas recortadas sobrepuestas que, juntas, crean nuevas configuraciones. En este caso, las páginas fueron tomadas de mapas de calles. Todas las cuadras entre calles que se cruzaban fueron cortadas, de modo que el mapa se transformó en una compleja red cuya densidad provenía de la superposición de varias páginas. El mapa finalmente obtuvo tridimensionalidad, aunque muy diferente a la de un modelo arquitectónico; más bien, era un volumen inmaterial o “vacío” que nos recordaba los laberintos de Jorge Luis Borges, o las ciudades invisibles de Italo Calvino, y las estructuras de supercuerdas sobre las cuales leemos en física teórica. Una malla de direcciones, similar también a las desconcertantes ramificaciones de un árbol: ¿posibilidades ilimitadas o encuentro casual?

En Intimidad (2002), ocho balcones blancos, idénticos, fueron pegados a la pared en dirección vertical, a intervalos regulares uno de otro. Con un estilo minimalista a la manera de la estética de Judd (aunque delicado y ligero), esta instalación escultórica alcanzaba la altura de una persona promedio (175 x 30 x 8 cm). Se hallaba en el primer piso de la galería, casi en frente de una huella de zapato gigante pegada directamente a la pared. Mientras los balcones formaban un modelo perfectamente geométrico, las marcas individuales de la huella de zapato se expandían descontroladamente hacia fuera. ¿Cuál es la relación entre nuestro artificio arquitectónico y las huellas que, sin pensar, dejamos al pasar? En Intimidad, las estructuras de aluminio y madera que, supuestamente, les dan a quienes viven en apartamentos una bocanada de aire fresco mientras que, paradójicamente, aumentan su falta de espacio son fijas; también son un soporte humano varios metros por encima del nivel del terreno; las marcas de tierra y pegamento dibujadas sobre el muro evocaban el lado fugaz de la vida, precisamente aquel que no permanece y no puede ser apoyado: de ahí el título de la obra, Fuegos de artificio (2002–2003).

En un accidente automovilístico visto desde arriba (Accidente en Rotterdam, 1998), y desde diversos ángulos (seis fotografías de 56 x 56 cm cada una), se podían hacer diferentes interpretaciones, dependiendo de quién vio qué desde dónde. Un carro negro y uno blanco chocaron formando un ángulo recto entre ellos. Macchi, quien trabaja con video y fotografía así como con escultura, dibujo, pintura e instalación, entiende claramente la cualidad ilusoria de un lente. Una sombra bien definida en forma de cruz enfatizaba la configuración matemática formada por los carros, pero su relación física podía ser también una simple plataforma para fomentar lecturas simbólicas en las cuales la oposición (colores blanco y negro, ángulos que se entrecruzan) y lo inevitable están en duda, así como la curiosa dimensión del área circundante con relación a los autos de juguete.

Son varios los problemas planteados por las obras de Macchi, pero las soluciones no se encuentran en una respuesta. Las respuestas no son conclusiones ni soluciones sino reflexiones y posibilidades, y gatillos de la imaginación en donde la realidad y la fantasía están en constante relación.

VERÓNICA CORDEIRO

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