FIAC

Jack Vanarsky. Un vuelo de hojas muertas, 1991. Escultura animada. PVC, y caja de madera - mecanismo eléctrico. 24 × 76 × 37 cm (9 ½ × 30 × 14 ½ pulgadas). Galería Jean Boghici.

Feriadic 2003 - feb 2004· Por Christine Frérot

FIAC

El auge del arte chino contemporáneo

En cuanto a la FIAC, este año estaba celebrando su trigésimo aniversario; 30 agitados años, cambios, desafíos, sorpresas y, en la actualidad, un cuestionamiento sobre su orientación, debido a la fuerza con que han ingresado varias nuevas ferias en el panorama artístico mundial. “¿Arte moderno o arte contemporáneo?”; éste es el dilema que tuvieron que afrontar los organizadores de la FIAC desde su creación, y es probablemente esta duda la que contribuyó a “neutralizar” en parte las ambiciones de la FIAC que, sin embargo, ha buscado innovarse en repetidas ocasiones: la imposición del one-man-show apreciado en mayor o menor grado por las galerías; la creación del “Sector Perspectivas” para las galerías jóvenes (para citar solamente los efectuados en los años noventa) y, en el 2000, el departamento de video bautizado “Video Cubo”. 

Feria: FIAC — imagen 1
Thomas Ruff. Máquina No. 0980, 2003. Fotografía a color. 130 × 172 cm (51 × 67 ¾ pulgadas). Edición de 5. Galerie Nelson.

Las divergencias habidas en el seno de las sucesivas directivas, la indecisión entre una apertura más marcada hacia el arte contemporáneo y el mantenimiento de una imagen “clásica” dando la primacía al arte moderno, y la incertidumbre del mercado del arte en Francia pueden contarse entre las razones que indujeron a algunas galerías francesas a abandonar la FIAC. Esta deserción es también sin duda la causante de la creación de Art Paris, aunque ésta no podría, en ningún caso, considerarse la “feria de los rechazados”. La existencia de dos eventos de dimensión internacional en el mercado del arte parisino constituye un hecho singular, que nos lleva a otra discordancia cultivada por los franceses en el panorama mundial: la “excepción cultural”, que Francia inventó y de la cual se ha convertido en heraldo y defensor emblemático en el mundo.

Feria: FIAC — imagen 2
Atelier Morales. Tendedera No. 1, de la serie La Tendedera o Palingénesis de la familia, 2003. Gouache sobre impresión numérica. 100 × 70 cm (39 ⅓ × 27 ½ pulgadas). Galería Nina Menocal.

Pero en materia de ferias, “la excepción cultural”es tal vez menos brillante de lo que quisiera parecer. La FIAC, que desde hace treinta años ha ocupado un lugar vital en la creación artística francesa, se encuentra enfrentada a un momento decisivo de su historia.

En efecto, la feria es administrada por dos organismos que se encuentran en conflicto o por lo menos en oposición: el Cofiac, presidido por el galerista Yvon Lambert1, y la compañía organizadora Reed, cotizada en la Bolsa (que se encarga de la administración de 560 ferias y salones en el mundo, 15 de ellos en Francia), cristalizan el difícil equilibrio —anhelado por la FIAC— entre la dimensión cultural y la dimensión comercial, debiendo esta última ser rentable a los ojos de Reed para que la Feria parisina tenga justificación. Este “efecto de oscilación” que ha podido observarse entre lo moderno y lo contemporáneo fue corroborado por la galerista Anne de Villepoix (candidata a la sucesión de la dirección de la feria y una de las primeras en defender la presencia de artistas jóvenes).

Ella considera que: “la FIAC no ha tenido una actitud suficientemente agresiva frente al mercado internacional ni un concepto suficientemente dinámico”. Y los comerciantes de arte no pueden evitar comparar una y otra vez  a la feria parisina con la Feria Bâle, que ha tenido una evolución fulgurante en el curso de los últimos diez años.

Feria: FIAC — imagen 3
Jean Baptiste Huynh. Mali, Pied, 2003. Prueba de clorobromuro de plata sobre sal. Galerie Marwan Hoss.

A pesar de estas constataciones, la FIAC, con sus 70.000 visitantes, sigue siendo la segunda feria de arte contemporáneo más visitada en el mundo, con una duración promedio de visita de siete horas por cada visitante.

Con sus 174 galerías dispuestas sobre 10.500 m2, sus 17 exposiciones temáticas, sus 11 nuevas galerías sobre 18 en el Sector “Perspectivas” y 9 instalaciones-videos en el “Video-Cubo”, la edición 2003 de la FIAC alcanzó un buen nivel y diversidad. Pero un hecho sin precedentes en su historia atenúa un poco esta relativa euforia: la deserción de varias galerías importantes. Citaremos solamente a las jóvenes galerías norteamericanas Anton Kern, Gavin Brown Enterprise y Tanya Bonakdar; a pesos pesados como las londinenses Waddington y White Cube; a la galería suiza de Zurich, Hauser & Wirth; a Anthony Meier de San Francisco y a la francesa Chantal Crousel. Todos estos estuvieron presentes en la nueva feria europea organizada por la revista Frieze, que abrió sus puertas en Londres, cuatro días después del cierre de la FIAC.

En lo concerniente a la presentación de las obras, no hubo realmente sorpresas ni novedad, ni en el concepto ni en la organización del espacio. El esquema de recorrido sigue siendo el mismo, globalmente cronológico, y la feria inicia con el arte de comienzos y mitad de siglo para avanzar progresivamente en el tiempo y los movimientos que marcaron el siglo XX, y terminar con el arte contemporáneo, en el sector de “Perspectivas” y el “Video-Cubo”. Una “museografía” histórica tradicional que, por otro lado, puso en evidencia muy pocas grandes piezas. Aquí la pintura siguió ocupando el lugar de honor, con un puesto importante para la fotografía, mientras que las instalaciones resultaron más bien escasas. El conjunto alcanzó una cierta calidad, sin grandes sorpresas pero con un buen nivel general, aparte del sector “Perspectivas” que resultó decepcionante y no reveló nada novedoso. Sobre este punto nos contentaremos con mencionar lo que nos pareció realmente interesante. 

Feria: FIAC — imagen 4
Cirenaica Moreira. Árbol que nace torcido jamás su tronco endereza, 2003. Fotografía b-n. 100 × 80 cm (39 ½ × 31 ½ pulgadas). Edición ⅕. La Casona.

Desde la entrada, seis grandes galerías se ofrecían de golpe al visitante. La mirada era atraída por el conjunto de arte decorativo de frascos multicolores de gran formato de Jean-Pierre Raynaud en Pieters (Knokke), pero quedaba definitivamente atrapada sobre el imponente panel en madera pintada de blanco de Louise Nevelson en JMG (París), Dawn Wedding Chapel IV de 1959-1960. Donde Claude Bernard, el anunciado one-man-show de Roberto Matta no tuvo lugar y fue reemplazado por un colectivo donde se destacaban algunos bellos dibujos de Sam Szafran, de 1975, y una tela de gran formato de Armando Morales, de 1992, Bosque tropical. El espacio Chillida, donde Colón XVI (Bilbao) con sus magníficos  dibujos y esculturas. En cuanto a la galería Marlborough (Nueva York), consagró su espacio al pintor chino residente en Francia desde 1948, Zao Wou Ki (Pekín, 1921). Las influencias de Michaux se hacen sentir en la obra de este artista, sutilmente gráfica y cromática, tanto en las telas como en los dibujos. Seguidamente, en Louis Carré (París), se destacaba la importante retrospectiva reservada al pintor Hervé Télémaque (Haití, 1937, residente en París desde 1961) y sobre todo unas pinturas de los años sesenta expuestas por primera vez y que mostraban la precoz modernidad del pintor. Como siempre en Denise René (París), la exposición estaba dedicada a los cinéticos latinoamericanos, pero esta vez en un espacio muy ecléctico y demasiado cargado que impedía en cierta medida la buena visibilidad del conjunto. Marwan Hoss (París) presentó las sobrias y majestuosas fotografías de Mali, especialmente ese pie decorado, de 120 x 120cm de 2003, fotografiado en primer plano por el francés Jean-Baptiste Huynh (1966), artista que se encontraba en la Galería Mario Sequeira de Braga (Portugal). En esta FIAC la fotografía estuvo menos presente que en los años anteriores, pero sus representantes fueron de calidad: Sophie Calle, Dormí en la cima de la torre Eiffel y Habitación con vista de 2003, en la galería de Emmanuel Perrotin (París), y más que nada la muestra individual del alemán Thomas Ruff en la Galería Nelson (París), que puso sobriamente en escena unas imponentes y misteriosas máquinas industriales, con grandes fotografías trabajadas a la manera de estampas antiguas, coloreadas en azul-grisáceo o sepia.

En cuanto a las galerías italianas, un total de 15, vinieron con fuerza este año a la FIAC, confirmando la dimensión europea de esta feria, junto a las belgas (12), alemanas (11) y españolas (10); las inglesas se habían reservado para la Frieze y las americanas estaban casi ausentes. Los italianos presentaron sobre todo artistas del Arte Povera. La Galería Continua de San Gimignano, junto a los “modestos” Altares de luz del chino Chen Zhen, ésta presentaba varias obras de Loris Cecchini (Milán,1969), artista presente en la Bienal de Venecia de 2001, con la instalación Density Spectrum Zone 1.0 (monologue patterns) 2002. Este artista desarrolla, a partir de dibujos realizados por computador, espacios construidos en materiales diversos en los que, para hacer frente a la tecnología, cohabita siempre una nota de precaria realidad cotidiana (por ejemplo, aquí, la silla).

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Herve Telemaque. Aerolitos para la risa, 1962. Óleo sobre lienzo. 140 × 110 cm (55 × 43 ½ pulgadas). Galerie Louis Carré.

Este año, el arte de América Latina desertó de las salas de exposición de la FIAC. No sólo sus galerías, que contaron con sólo tres representantes —Nina Menocal de México, Jean Boghici de Río de Janeiro y La Casona de la Habana (Sector Perspectivas)—, sino también sus artistas, desperdigados en diferentes stands fuera de los ya mencionados. En Jean Boghici, se reconocía la nostalgia de los años sesenta con Flavio Shiro (1963), Krajcberg (1963), Soto y Arden Quin, así como dos modernistas brasileños: Pont Neuf de Tarsila do Amaral, pintado en París en 1923 y Cabeza de mujer, pintada en 1927 por Vicente do Rêgo Monteiro. Una pequeña escultura animada del argentino Jack Varnarsky (Vuelo de hojas muertas, 1991), excelente artista nacido en 1936 y radicado en París, nos recordaba que su trabajo, a la vez poético y humorístico, debería ser mostrado más a menudo internacionalmente. En Nina Menocal hubo varias pinturas de los mexicanos Miguel Ventura y Gabriel de la Mora, este último haciendo alusión a la globalización con sus indígenas “vestidas” en Louis Vuitton. Sobresalieron en especial las fotografías de dos artistas cubanos instalados en París, ambos arquitectos de formación, Teresa y Juan-Luis Morales (1960 y 1961), que trabajan juntos bajo el nombre de Atelier Morales y abordaron el caos social y familiar actual, bajo la forma de un desorden estético-espacial de gran fuerza visual, en donde se mezclan naturaleza tropical y cotidianidad.

La Galería Casona de La Habana presentó varias fotografías de la joven Cirenaica Moreira (1969), con un enfoque poético y misterioso de la femineidad, del cuerpo y de su transformación, que nos recuerda —en parte— los trabajos de Tina Modotti y Marta María Pérez Bravo. En cuanto al peruano Jota Castro (presente cada vez con más frecuencia en los nuevos sitios de arte contemporáneo parisinos), estaba muy bien representado por la galería francesa Kamel Mennour (París): el neón Mosquée-Night-club, bandera francesa en seda sobre la que aparece, bordado en árabe, chino y urdu (los tres idiomas más hablados por la inmigración en Francia), el texto de J. Castro, irónico y provocador, titulado “Bienvenidos extranjeros”; y por último un video que presentaba el informe completo de una discusión entre Schultz y Berlusconi, el primer día de la Presidencia italiana de la Unión Europea.

Feria: FIAC — imagen 6
Luo Xu. Sinfonía de piernas, 2001. Poliéster pintado. 200 × 360 × 156 cm (78 3 × 141 ¾ × 61 ½ pulgadas). Foto: Caroline Puel. Galerie Xin-Dong Chen.

La verdadera sorpresa de este año en la FIAC fue la importante participación de los artistas chinos, tanto los de la diáspora como aquellos que trabajan en China, representados por galerías occidentales y chinas. La presencia de estos artistas se vio sin duda favorecida por la celebración del año de la China en Francia, para lo cual se organizaron varias exposiciones simultáneas en París, en el marco de este evento oficial: una exposición multidisciplinaria (artes plásticas, arquitectura, video y cine) sobre la joven creación china, en el Centro Georges Pompidou; la primera retrospectiva de Chen Zhen (1955-2001) en el Palacio de Tokio y la retrospectiva de Zao Wou Ki, en el Museo del Juego de la Pelota. La Galería de Francia presentó los inmensos retratos de Zhang Xiagang, pero sobre todo la muy enigmática serie de cinco “rostros” en gris y blanco de Lin Tian Miao (nacida en 1961 y que trabaja en Pekín) enriquecidos con diversos materiales, hilos y bolas de algodón que creaban una especie de presencia ingrávida (Focus N˚ 9), así como el magnífico tríptico de Fang Lijun, grabado sobre papel de china con la concepción del espacio y el grafismo de los paisajes tradicionales. Dos de las tres galerías presentaron exclusivamente arte chino contemporáneo, la Galería Albert Benamou (París) emparejada para la ocasión en el stand con la Galería Xin-Dong Cheng (París-Beijing), presentaba a la vez fotografías y pinturas recientes de artistas residentes en China. En esta última, destacamos algunos retratos al óleo sobre lienzo en colores muy ácidos o chillones, con un concepto heredado de la publicidad, de Feng Zhengjie, y fotografías de Ma Liuming, quien reconsidera la sexualidad proponiendo una hibridación entre el hombre y la mujer, en donde el cuerpo es siempre deformado. Un video —casi el único presentado en stands, sin contar los del "Video Cubo"— de Wang Gongxin (1954), titulado Karaoke, de 2002, presentaba una variación sobre primeros planos de cantantes cuyas bocas y dientes agrandados eran el punto focal. En cuanto al fotógrafo Weng Peijun (1971), su adolescente impasible, de espaldas al espectador, contempla la ciudad haciéndonos compartir su mirada invisible. Debemos destacar una espectacular y muy inquietante escultura de Luo Xu (1958), artista residente en China en el Yunnan, que representaba un juego de piernas en plástico rosa, uno de cuyos pies terminaba en un pequeño zapato semejante a los que, hasta la década de 1940, debían calzar las jóvenes chinas para impedir el crecimiento normal de sus pies y responder así a los criterios de belleza (y alienación) exigidos por la sociedad masculina.

Otra galería europea, la Chinese Contemporary Ltd. (Londres) fue la primera galería occidental (creada en 1995) en mostrar exclusivamente el arte hecho en China. Esta galería escogió el tema del pequeño Libro rojo de Mao, luego de constatar la recurrencia de esta imagen en la obra de la mayoría de artistas chinos. En ella se destaca un amontonamiento de libritos rojos en porcelana (600) de Xu Yihui (1964) y las fotografías del mismo librito de Hong Hao (1965). Pero lo que atrajo especialmente nuestra atención fueron las pinturas, de factura extremadamente delicada de Wei Dong (nacido en Mongolia en 1968), un artista que juega al mismo tiempo con la ambigüedad sexual de sus personajes y la multiplicidad intrincada con  referencias a la historia, tanto factual como política (Libro rojo, uniforme, porcelana, gorra, condecoraciones, etc.) o artística (pintura tradicional en seda, pintura de paisajes) de su país (Souvenir No.2, 2003).

Feria: FIAC — imagen 7
Xu Yihui. 600 libritos rojos, 2003. Porcelana. 200 × 200 × 80 cm (78 ¾ × 78 ¾ × 31 ½ pulgadas). (c) Gonzague Defois. Chinese Contemporary Ltd.

Dos videos merecen mención especial: el del noruego Sven Pahlsson (Galería Spencer Brownstone, Nueva York) sobre el infierno de los malls y la sociedad de consumo (Consuming Pleasures or Shopping Paradise, 99 cent Heaven, a search of a better life and lower prices ever, 2003), y sobre todo el del francoamericano Stephen Dean (1968, Galería Xippas, París), quien con su videoinstalación Volta 2002-2003, de 8.5 minutos, presentada bajo una carpa de lona, nos sumergió en el torbellino de las multitudes delirantes de los estadios brasileños, con un ritmo de tipo trance.

Al igual que el año pasado, la FIAC organizó, durante toda la semana, varios encuentros que abordaban temáticas relativas a la condición actual del artista (“Ser artista ¿a qué precio?”; “El arte comprometido”; “El arte y la ciudad” etc.), así como al arte contemporáneo chino, con el debate “Los artistas chinos y la globalización”, animado por profesores de la Universidad París 8. 

Este año, el recorrido de la feria exigió de nosotros un ejercicio de memoria más complejo pues nos invitó a "familiarizarnos” con una lengua desconocida, el chino, y nombres nada fáciles de retener. En esta FIAC 2003 muy correcta, gracias a un nivel artístico general que le permitió conservar su puesto frente a la competencia de las grandes ferias internacionales, la nueva y abundante presencia dará mucho que hablar en todas partes puesto que muestra cómo Europa se abre a un nuevo continente. En efecto, se cumplió el plazo que los artistas asiáticos habían tenido que esperar durante estos últimos años para finalmente dar libre curso a un imaginario explosivo, de gran riqueza formal, totalmente inscrito dentro de la problemática que, durante mucho tiempo, caracterizó a los artistas de América Latina: la confrontación-mediación entre la fuerza de su cultura de origen y su deseo de expresarla, y esa sed de modernidad y libertad que ha permitido a los artistas latinoamericanos alcanzar y ocupar en forma duradera un lugar importante en el panorama internacional del arte.

NOTA

1. Está prevista una reorganización del equipo directivo, al final de la FIAC.

CHRISTINE FRÉROT

Historiadora de arte dedicada a la crítica, la investigación y la enseñanza. Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales, París.

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