Exposición Individualdic 2003 - feb 2004· Por Eva Grinstein

Esteban Pastorino

Museo de Arte Moderno de Buenos Aires – MAMBA

La obra de Esteban Pastorino (Buenos Aires, 1972) comenzó a circular tímidamente a fines de los noventa, en medio de la fiebre fotográfica que se apoderó de galerías y museos argentinos. Su mirada no tardó en destacarse: casi sin el consentimiento del artista, se supo que la mayoría de sus imágenes eran obtenidas mediante cámaras y procesos modificados, lo que lo convertía en un raro ejemplo de sofisticación frente a decenas de cultores de la instantánea urbana y “ultra natural”. En efecto, los paisajes que Pastorino exhibió en 2001 en el ICI-Centro Cultural de España (su primera exposición en un espacio central del medio porteño) eran panorámicas exageradamente alargadas que convertían al objeto fotografiado (pequeños pueblos de la Pampa) en finas líneas de horizonte sesgadas por luces o casitas: la percepción de la imagen se entroncaba de manera directa en la sensación que se experimenta en el espacio real. El “truco” —que no era tal, más bien habría que hablar de recursos— era la exposición de la película durante varios segundos, amén de manipulaciones en la máquina que matizaban las referencias de tridimensionalidad (la perspectiva) proponiendo una extraña relación de figuras sobre fondo.

Exposición Individual: Esteban Pastorino — imagen 1
Esteban Pastorino. Maltería-Hudson, 2003. Fotografía a color, copia tipo-C. 97 × 117 cm (38 ⅘ × 46 pulgadas).

La experimentación con la técnica no se vincula, en el caso de Pastorino, con la búsqueda de originalidad o con la necesidad de encontrar un estilo personal. Se diría que sus preocupaciones son extra artísticas: formado en un colegio técnico y luego como ingeniero mecánico, se aproxima a las herramientas de la producción con la curiosidad de quien sabe desde niño que es preciso armar y desarmar para encontrar los mejores resultados, los insospechados. De la etapa de las panorámicas han surgido dos series ligadas a la llanura pampeana, una que abarca pueblos completos en una sola toma y otra de fotos nocturnas donde apenas se ven algunas luces y contornos. En paralelo, realizó un ensayo en blanco y negro sobre la obra monumental de Francisco Salamone, arquitecto que esparció bizarros mataderos y cementerios en pueblos remotos de la provincia, en la década del treinta. Luego, esta técnica de exposición prolongada dio lugar a un trabajo en esquinas peligrosas de la ciudad de Buenos Aires: registros de sucesos mínimos y azarosos, y por lo tanto, con un valor documental difícil de cuestionar.

El interés por la “validación del azar”, como él mismo define su actitud, llega a su apoteosis en la nueva serie que el artista presenta en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. Se trata de un conjunto de vistas aéreas de determinados sectores de la ciudad que resultan vagamente reconocibles. El fuera de foco y el punto de vista poco usual provocan en el espectador un efecto de extrañamiento frente a estos paisajes urbanos que en un primer momento parecen maquetas. Interesado por sobre todas las cosas en la forma en que operan los códigos de representación y lectura, Pastorino disfruta esa desorientación porque se trata de un verdadero hallazgo: no ha sido él quien ha tomado las decisiones de las fotos, sino una cámara montada sobre un barrilete y operada a control remoto. El artista participa en la construcción de la imagen sólo cuando elige a grandes rasgos la orientación de la lente, el resto es imprevisible; es la máquina la que establece por su cuenta dónde hará foco y dónde no. Los resultados son sorprendentes y efectúan un guiño en torno a la cuestión de la objetividad fotográfica, tema que apasiona a Pastorino. Frente a su voluntad sistemática por borrar las huellas, los deícticos personales que lo revelarían como autor, aparecería la técnica como única responsable del arte: una mentira discursiva que nos vemos llevados a creer en aras de la supuesta neutralidad de los medios; un ardid fuertemente subjetivo y acaso también narrativo; un relato en el que no hay ego ni deseo, sólo leyes científicas. Recientemente becado para realizar una residencia en la Rijksakademie de Holanda, Pastorino tendrá tiempo de sobra para inventar nuevos artefactos y para ocultarse tras esas invenciones.

EVA GRINSTEIN

Esteban Pastorino, por Eva Grinstein | artnexus