Exposición Individualdic 2003 - feb 2004· Por Caridad Blanco de la Cruz

Antonio Eligio Fernández (Tonel)

La Casona

Cuando se franqueaba la puerta de entrada a la exposición, ubicada en al segundo piso de la que fuera antaño la casa de los Condes de Lombillo, y donde radica hoy La Casona1, era imposible sospechar que “pesara” sobre nuestras cabezas el dibujo en la pared de un corazón semejante al que en 1980 Antonio Eligio Fernández (Tonel) realizó para ilustrar la portada del número 100 de la revista Revolución y Cultura.

Así, daba inicio Conversación con “La primera carga”, la reciente exposición de Tonel en La Habana, conformada por dos instalaciones. Una, la que daba título a la muestra, y otra nombrada Héroes de Baikonur. 

La primera de ellas reunía un gran conjunto de elementos aparentemente inconexos entre sí. La relación entre ellos no era lo suficientemente explícita para un cómodo y ya habitual entre nosotros ejercicio de interpretación.

Tres dibujos de gran tamaño realizados directamente sobre la pared, diferentes tipos de reproducciones (un manual comercial, acerca de ventiladores; páginas de ilustraciones científicas, pertenecientes al libro Contrapunteo cubano del tabaco y del azúcar de Fernando Ortiz, y un grabado), un video y una precaria construcción ubicada en el centro de la sala, entre otros objetos, conformaron Conversación con “La primera carga”2.

Exposición Individual: Antonio Eligio Fernández (Tonel) — imagen 1
Antonio Eligio Fernández (Tonel). Conversación con la primera carga..., 2003. Instalación, madera, metal, bloques de construcción, dibujo sobre pared, fotografía, video, objetos. Dimensiones variables.

El corazón, al que hicimos referencia con anterioridad, ofreció las primeras claves. Podía ser esa palabra del reino del bolero, de la música de las cantinas, donde la gente acude a diluir en alcohol las penas, mientras otros se dicen frases picantes al oído; preludio de un encuentro íntimo pero furtivo en cualquier sitio destartalado o en el primer lugar oscuro que se preste para la ocasión.

Pero su corazón era más que eso; era, como lo nombra el lenguaje popular, la bomba. Bomba que no solo se ocupa de repartir la sangre en el cuerpo o alude a la pasión o la bondad, sino que es también referencia al motor que roba agua cuando ésta no tiene suficiente fuerza para llegar a algunas casas tal vez marginales y, por supuesto, extremadamente periféricas. Pero, sobre todo, es la expresión que se usa en la música popular bailable en el instante en que la voz que canta pide al teclado, al piano, al bajo y en general a los instrumentos de percusión una descarga fuerte, una sacudida; y es el momento de mayor excitación entre los bailadores y cumbre de lo que llamamos “recholata” y el lenguaje marginal traduce como despelote.

Era, sin embargo el video colocado sobre un burdo pedestal de ladrillos el que ofrecía las claves para comprender el juego de asociaciones propuesto por Tonel. La narración (conversación según el artista), pero sobre todo contrapunteo, se estructuraba a partir de pequeños segmentos en los que intervenía fundamentalmente canciones de Juan Formell y Los Van Van y José Luis Cortés y NG La Banda, dos grupos musicales muy populares en Cuba y también fuera de ella.

Pero, esencialmente, el diálogo visual más sugerente fue el que se estableció entre los fragmentos de La primera carga al machete3, supuesto testimonio del inicio de nuestras guerras de independencia y alguna que otra escena del filme María Antonia 4, donde eran mostrados los conflictos y simultáneamente la visualidad de ciertas zonas marginales, en relación con el proceso de materialización y funcionamiento de una pieza de Tonel de corte antropológico nombrada Homenaje al agua con azúcar. Ésta, realizada en el año 2001 conformó un ambiente híbrido en el que se recogían ciertos aspectos de corte histórico, pero también dejaba que el público se asomara a la actualidad, donde a modo de chiste apareció esa mezcla dulzona que ha mitigado el hambre y la fatiga de la nación, es decir, de sus gentes, desde los tiempos fundacionales y en la cual pasado y presente se enlazan constantemente en relación con el instinto de constante supervivencia.

En cada fragmento del video interactuaban momentos esenciales del filme, particularmente el de Manuel Octavio, con la construcción del ambiente que fue en definitiva Homenaje al agua con azúcar. Pudo verse la colocación de cada tronco para conformar aquella atmósfera y cada uno de sus detalles, así como también fueron insertados de modo orgánico otros fragmentos de obras suyas como un pedazo de esa Cuba que fue País deseado o II Retrato como intelectual orgánico homenaje a Gramsci. Estos elementos filmados a color contrastaban con el silencio de las fuertes imágenes en blanco y negro (y también violentas) de La primera carga.

La atmósfera que Tonel recreó se estructuró a partir de una estética relacionada con esos lugares donde se sobrevive con precariedad y de los cuales el artista bebe lo relacionado con la inventiva y el diseño improvisado de los sectores más humildes, que ofrece siempre ingeniosas soluciones alternativas a sus necesidades.

Pero Tonel no nos cuenta una historia ajena. Comprometida con ella están su trabajo, él mismo y su familia. La cultura es el territorio que posibilita interconectar cosas disímiles y donde se disecciona la historia como proceso visto no sólo en el tiempo, sino también en la exhibición de su presente promiscuo. Las cosas y las situaciones coexisten, al tiempo que se yuxtaponen.

Algo que salta a la vista es el hecho de que la obra de Tonel tiene la riqueza de la sugerencia, a veces incluso de la elipsis, al conectar cosas que aparentan no tener nada que ver entre sí. De hecho, la historia fue la protagonista de su exposición. Por un lado, una historia que se narra a partir de ciertas continuidades, como esa que nos permite establecer una relación entre aquellos negros que fueron liberados pero cuya verdadera libertad sólo podía conseguirse haciendo uso del machete. Los descendientes de aquellos esclavos que un día fueron los protagonistas de la primera carga al machete son los que después cortan la caña en los cañaverales, los que viven en los solares, los que conforman equipos de pelota. Son los mismos que están tocando la música y haciendo esas canciones que crean un ambiente, como bien me dijera el artista una tarde de julio.

Si Tonel en la primera instalación sostiene en realidad un estrecho diálogo con la historia tras convertirla desde allí en protagonista principal, en Héroes de Baikonur, Tonel se permite jugar con ella, instrumentarle un conjunto de ficciones, a ciertos asuntos que tienen localización en eso que pudiéramos denominar la realidad, particularmente la nuestra.

Como si hubiera sido un segmento de un museo de ciencias, Tonel dispuso cada uno de los detalles que constituían esta instalación. Una foto donde su abuelo Antonio fungía como líder de un grupo internacional de científicos dedicados a la ciencia espacial (cubanos, alemanes, soviéticos y norteamericanos). La foto supuestamente tomada durante la celebración del exitoso lanzamiento de un cohete construido por ellos mismos que había despegado del barrio de Marianao el 24 de septiembre de 1976 y retornado exitosamente a Baikonur en Kazajstán, lugar que con anterioridad perteneciera a la antigua Unión Soviética.

Éstos son algunos de los datos que podrían extraerse de la narración que acompañaba a la fotografía, escrita de puño y letra del artista, en la cual Tonel entremezclaba diferentes grados de ficción con elementos que intentaban dar fe de la veracidad del juego que él mismo se había inventado. Resulta muy sugerente que los denominados por él como Héroes de Baikonur fueran Maiakovski, Gramsci y Lenin, junto a sus abuelos paternos Carolina y Antonio. Los tres primeros personajes públicos cuyas vidas también participaron del drama que a alguno corresponde vivir fueron además tocados de muy diversas pero decisivas maneras por la filosofía marxista y tuvieron además una estrecha relación con la repercusión de la Revolución de Octubre; sus abuelos, figuras privadas, de algún modo fueron tocados por igual suceso. Alrededor de una figura que semeja un cohete (y es al parecer el tanque de combustible de un Mig 21), objeto que sobrevive en algún sitio de nuestra ciudad, Tonel construyó el entramado de un relato revelador del impacto de la URSS en la cultura y la historia cubanas. Existe una escuela y un enorme parque en la periferia de la ciudad que llevan el nombre de Lenin, celebrábamos su cumpleaños y su imagen formaba parte no sólo de las oficinas, de los dirigentes, sino que ambientó incluso las casas de los trabajadores.

Baste recordar someramente estos aspectos para darse cuenta de la huella de la cultura soviética en varias generaciones de cubanos, incluidos desde nuestros abuelos hasta nosotros mismos, fenómeno que no ha tenido igual repercusión, por supuesto, con los nacidos en las dos últimas décadas.

En una vitrina colocó un conjunto de objetos pertenecientes a su familia (desde camisas marca Radar, prendedores o pasadores), algunos entregados al artista durante su vida estudiantil, que insistían en colocar el impacto del que veníamos hablando en una relación más íntima, vinculándose a la familia del artista desde una posición desenfadada y lúdica. Para ello se valió además de fotografías que contrario a lo que, pudiera suponerse, ponían en entredicho esa supuesta objetividad que el público les atribuye como expresión de lo real o de la verdad.

Es cierto que si Maiakoski pudo coincidir en un tranvía o en una calle con sus abuelos y también, por qué no, con los míos, tal vez incluso sus miradas se cruzaron o tropezaron en alguna esquina de la ciudad.

Todo es posible en estas narraciones propuestas por Tonel. Quizás fue Lenin quien realmente suscribió el Manifiesto surrealista, como intentaba probar la reproducción de una página de un libro en la cual se comparaba su caligrafía con la de Tzara. Muchos son los hilos que conectan estos espacios, estos hombres, estos objetos o estos lugares, quizás sean tan ciertos como los dibujos a tinta que casi iniciaban un nuevo relato en la historia que nos proponía Tonel donde casi estaban vivos muchos de los artefactos que han sido lanzados desde el cosmódromo de Baikonur.

NOTAS

1. Una de las galerías que conforman Génesis Galerías de Arte. 

2. Los dibujos mencionados, además de El corazón, partían de otros, realizados a tinta sobre cartulina; y son: El bien dotado y ¡Al machete¡, ambos de 1991.

3. La primera carga al machete, ficción con pretensiones documentales, realizada por Manuel Octavio Gómez en 1969;

4. María Antonia, filme de 1991 del director Sergio Giral.

CARIDAD BLANCO

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