Se puede considerar que la pintura titulada Keeping Distances (An American Portrait), 2003, crea el marco para estas nuevas obras del pintor argentino Sebastián Spreng. También puede considerarse como la iniciación de nuevas direcciones para el artista, famoso por sus nadadores solitarios, imágenes acuáticas y paisajes aislados. Trabajando todavía sobre lienzos cuidadosamente preparados con capas de yeso y pigmentos para obtener texturas aterciopeladas, provocadoras marcas e imágenes etéreas, Spreng también está explorando los medios para llevar a sus obras una estética más minimalista, con el fin de impregnarlas de inquietante nostalgia. Keeping Distances se refiere al viaje en tren que con frecuencia hacía cuando era niño. El monótono paisaje de las pampas argentinas es capturado en marcos repetidores, y con tales recuerdos renovados, Spreng perpetúa el paisaje desde la perspectiva de su nuevo hogar en los Estados Unidos y su ahora familiar y similar paisaje, el mismo que fuera interpretado por los pintores del Paisaje Romántico Americano del siglo XIX.

El Paisaje Romántico era osadamente vacío, desprovisto de objetos y narrativa; sólo la esporádica y solitaria confrontación de una única figura o un árbol solitario rompía la hipnótica simplicidad de la composición de la pintura. Las ininterrumpidas líneas del horizonte bordeadas de árboles y las infinitas extensiones de cielo de Sebastián Spreng inspiran el mismo ambiente de perturbador silencio: el ambiente que trae recuerdos a la memoria. Él contempla los recuerdos como viejas fotografías que se han vuelto casi monocromáticas a medida que sus formas se difuminan en delicada neblina. La composición es tan reducida como el tema, y en estas últimas obras esta reducción lleva a fomentar la abstracción y el minimalismo, tal vez el mejor método para expresar los frágiles y trascendentales aspectos de la vida que tales recuerdos evocan.
Las pinturas de esta exposición tenían la capacidad de convertir lo natural en algo mucho más profundo que la mera descripción; sus hermosos colores, tan cuidadosamente aplicados, evocaban ambiente y misterio. La serie empieza con su exploración más a fondo de la imagen de la isla, que durante años ha sido una presencia fundamental en su obra. Sin embargo, después de la primera pintura, Breaking the Waves, 2002, el agua desaparece y la isla y el paisaje adquieren una cualidad más translúcida, casi confundiéndose con sus alrededores, como si fueran un campo de color de la memoria. La isla ya no es para los vivos. Es una necrópolis flotante rodeada por los precursores de guerra y pérdida. Hay una religiosidad dominante en muchas de las pinturas, si bien sólo el color transmite el clima del mensaje. Lava, 2003, es en especial ardiente en su intensidad del color, brillantes rojos y anaranjados, y el solitario árbol es sólo un diseño para asegurar las fuertes líneas horizontales. ¿Es éste el árbol que sobrevive eternamente? Hay una atmósfera hermética envolviendo su distante presencia. El árbol se ha convertido en una especie de anécdota para dar perspectiva y servir como punto de referencia.
En The Mammoth of Memory, 2003, los árboles adquieren una cualidad antropomórfica, como recuerdos encarnados. Las nubes flotan en el aire a medida que sus formas elefantinas marchan solemnemente sobre el terreno. Curiosos atributos de sentimientos humanos les son dados a sujetos no humanos a cambio de emociones imposibles de describir, excepto en color y formas primarias. El cielo brilla de paz y esperanza, como un puente entre lo natural y lo sobrenatural que lleva al espectador ante la infinita extensión de la tierra, el cielo y el horizonte. Luz, color, nube y tierra se funden en un todo indivisible de brillante energía.
A medida que Sebastián Spreng busca los medios para crear tan inquietantes honores a la memoria de tiempo y lugar, sus pinturas se han vuelto más luminosas. A punto de la abstracción total, ellas manifiestan un ambiente que lo invade todo y que brilla de misterio. Sus experimentos continúan con lienzos más grandes cuyas imágenes están contenidas dentro de la oscura pintura de marcos autorreferenciales que evocan alusiones a desteñidas fotografías con bordes en sepia, en especial al contrastar con la riqueza de color que describe su imaginería. Esta profundidad de color y espontaneidad de líneas que surgen de la superficie preparada con yeso también aviva la imaginación para ir más allá de lo ordinario y le concede al espectador momentos de introspección y una mirada al pasado.
CAROL DAMIAN
