Exposición Individualsept 2003 - nov 2003· Por Ingrid María Jiménez Martínez

Rosa Irigoyen

Galería Botello

La última exposición de Rosa Irigoyen en la Galería Botello de San Juan comprende ocho fotografías impresas digitalmente y tres videos en DVD. Las fotografías versan sobre el tema de las uñas pintadas por manicuristas profesionales en contextos inesperados que no se relacionan tradicionalmente con la representación del cuerpo femenino en el arte puertorriqueño, en la revistas de modas y maquillaje y en los medios de comunicación masivos. La artista se inserta en una disquisición visual dentro de un arco teórico que une la transgresión, el kitsch y los códigos relacionados con el cuerpo femenino. Irigoyen, quien posee una trayectoria artística sólida y estudios graduados en bellas artes en el Vermont College de la Universidad de Norwich en Montpelier, Vermont, parte de su propia experiencia personal para investigar prácticas y técnicas que emplean algunas mujeres para embellecer su cuerpo, en este caso las manos.

Las ocho fotografías que componen esta serie están complementadas por varios DVD que documentan la técnica minuciosa de pintar sobre uñas plásticas motivos florales, geométricos o figurativos y las tareas hechas por la artista luego de pegarse uñas postizas.

Exposición Individual: Rosa Irigoyen — imagen 1
Rosa Irigoyen. Niña-Flor, 2003. Fotografía impresa digitalmente. 5 x 15 cm (2 x 6 pulgadas).

Las manos de Irigoyen “posan” en la serie de fotografías. Sostienen un peluche, agarran un pedazo de carne cruda y unas frutas. Descansan sobre los genitales de su mascota, la pierna de su hijo o sobre la piel manchada de lunares. Las uñas pintadas en una de las fotografías se entrelazan con otras sin decoraciones denominadas practice nails recalcando el doble artificio que delata un punto de unión entre el artista y el manicurista: el arte de pintar. Los “paisajes pintados” o los motivos florales en el pequeño formato de las uñas plásticas nos hacen pensar en las pinturas chinas en miniatura y en un tipo de trabajo que consume mucho tiempo y requiere paciencia.

Irigoyen ennoblece un oficio que forma parte de una industria millonaria, adjudicándole un contexto artístico. Resalta el artificio y la artificialidad que le une al arte de la fotografía y alude a la posibilidad que ofrece ese métier de que toda mujer o todo cliente pueda ser un artista. La revista titulada Nails Magazine que se anuncia en la red (Internet) afirma: “¡Manténgalo sencillo! No todo el mundo nace artista. No permita que ello se interponga entre usted, sus clientes y el arte de las uñas. Usando escarcha, pintura, barniz de uñas y diseños ya preparados hace de la más torpe un Picasso”.

El acercamiento como estrategia fotográfica en las obras de Rosa Irigoyen privilegia un fragmento del cuerpo de la mujer, la mano, a la vez que fuerza al espectador a mirar lo que tradicionalmente estaría ausente de la representación del mismo. Las uñas, el locus de este arte y metonimia del cuerpo femenino, complementan los gestos faciales en el lenguaje de la coquetería femenina. La belleza kitsch de los pequeños motivos florales de las uñas se contrapone a lo abyecto de las heridas, los genitales de un animal o la textura rugosa de un pedazo de carne cruda. Crudeza, artificio y belleza kitsch se reivindican como parte de un arte transgresor que tiene como punto de mira la subjetividad femenina. Irigoyen no escatima con los ángulos visuales para dejar constancia de una búsqueda del ser en las antípodas de lo abyecto y lo decorativo, en la encrucijada de un cuerpo que envejece, cambia y registra las huellas del tiempo. Su búsqueda se sitúa en las manos que acarician, cocinan o hablan el lenguaje de la seducción.

La yuxtaposición del vientre flácido con una herida y las uñas pintadas en la obra titulada Flower Girl es una propuesta que transgrede el canon de belleza de los mass media en una cultura local que se enorgullece de tener cuatro Miss Universe. Se contrapone en algunas fotografías la tensión entre la naturaleza avasalladora, el paso del tiempo y el esfuerzo humano por recuperar la juventud perdida que sólo puede lograrse a través del artificio. Nails es un desafío al materialismo del cuerpo, a la concepción de que el ser comienza y termina en el cuerpo flácido, envejecido o herido.

Tradicionalmente las obras de arte explican el mundo y hacen que el observador se sienta cómodo en él. Por una parte, Nails nos explica un aspecto de la vida cotidiana de la mujer en Occidente; no obstante, al subvertir convenciones relacionadas con la manera de representar esa cotidianidad, la artista no parte de la idea de hacer que el observador se sienta cómodo en ella. Fotografías como Sangría o Nuez moscada subvierten el canon de la belleza comercializada, rompen con su tiranía y con su sentido doctrinario. Por otra parte, la obra de Irigoyen no es una violación al canon artístico puesto que se inserta en la tradición del shock o de la provocación que desde Manet en el siglo XIX y Duchamp en el XX ha trazado una trayectoria que encuentra su origen en la libertad alcanzada por el arte en la modernidad.

La transgresión del arte Irigoyen es contra una temática decorosa y light que se espera en la plástica puertorriqueña. Esta exposición en el contexto local puede ser un enfrentamiento con las sensibilidades estéticas de un público acostumbrado a lo proper en el arte. Nails hace transparentes los “códigos” asociados con mujeres de sectores marginados en el arte local, su referente es la moda de secretarias, domésticas, cajeras y empleadas en empresas privadas y públicas. Irigoyen asume el sentido estético de las mujeres asalariadas y lo mezcla con el feísmo de lo abyecto, lo cómico y lo banal.

Esta exposición hace también transparente la complicidad del arte con las fantasías licenciosas que tienden a reforzar la sexualidad convencional y las representaciones de género desiguales. Rosa Irigoyen además, cuestiona y desmantela con humor, valentía y creatividad el proyecto cultural folclórico, o neonacional que aplaude lo que algunos llaman la "cultura viva". Aquel que pretende preservar lo que cree es auténticamente puertorriqueño.

Dado que la visita a la galería de arte no es una experiencia socializada en Puerto Rico, Nails no causa revuelo o no incita a que la “multitud pierda el control sobre sí misma”. La obra de Rosa Irigoyen sin ser causa de revuelo, no obstante, puede suscitar desconcierto e incomodidad entre el público que frecuenta las galerías y motivar al conocedor de la historia de las transgresiones artísticas a una reflexión. Un logro, entre muchos otros, de esta propuesta artística parece residir en la exigencia de un acercamiento reflexivo por parte del observador y en la expansión de una definición del arte nativo.

INGRID MARÍA JIMÉNEZ MARTÍNEZ