Los pintores cubanoamericanos Paul Sierra (nacido en 1944) y Sergio García (1959) expusieron simultáneamente en la Galería Naomi Silva, de Atlanta. Aunque los dos comparten el interés por el expresionismo y la descripción de imágenes moldeadas más por la visión interna del artista que por la realidad exterior, han llegado a soluciones completamente diferentes en su arte.
Paul Sierra
Las pinturas de Sierra incluidas en esta exposición presentaban su estilo particular y sus temas recurrentes. Sus paisajes, que representan a veces figuras solitarias, resuenan con gruesas pinceladas de empaste al óleo y colores brillantes. Sin embargo, sus representaciones de la naturaleza difieren ligeramente de una pintura a otra. En Summer Pond #5 (2001), el artista se deleita con una sinfonía de vibrantes verdes, azules y amarillos, mientras que en Home Bound (2002), la luz que baña el atardecer sirve para apagar sus colores, produciendo así un sereno distanciamiento de la realidad cotidiana. Fields of Color (2003), es más tranquila y meditativa que obras como Swimmer No.8 (2002) y Solitude #2 (2003), rebosantes de ligeros ritmos ondulantes. Este último enfoque apareció de manera más contundente en obras anteriores de Sierra que no fueron incluidas en esta exposición, tales como Lincoln Park Lagoon (2002), que nos recuerda los paisajes de Thomas Hart Benton por su calidad musical y sus líneas sinuosas.

En 1963, Paul Sierra y sus padres abandonaron Cuba y se establecieron en Chicago. De 1963 a 1967 asistió al School of the Art Institute de Chicago pero, finalmente, decidió retirarse si terminar su carrera. Durante los años que siguieron trabajó como director de arte para varias agencias publicitarias a la vez que continuó pintando a un ritmo intenso. Por último, pudo dedicarse a su arte todo el tiempo después de surgir al escenario artístico nacional a finales de la década de 1980 gracias a varias exposiciones itinerantes, incluída la controversial Hispanic Art in the United States, organizada por el Houston Museum of Fine Arts. El arte de Sierra también llegó a ser visto como controversial cuando otros artistas latinos argumentaron que su práctica artística carecía de compromiso político, pero el comentario social o político nunca fue el centro de su obra. Sierra encuentra inspiración para sus pinturas en diversas fuentes, incluídas la literatura y fotografías de revistas, pero principalmente en su propia imaginación profusa.
A finales de la década de 1980 y principios de los noventas, Sierra jugó con fragmentaciones tipo collage y extrañas yuxtaposiciones que les dieron a sus pinturas una ligera cualidad surrealista. Figuras vestidas con trajes de dos piezas —quizás miembros del mundo corporativo en el cual él trabajaba— se abrazaban mutuamente, dormían o se movían con calma a través de misteriosos espacios que cambiaban de manera ilógica de cuartos interiores a ambientes exteriores. Esta ansiosa fragmentación disminuyó a mediados de la década de 1990, cuando Sierra comenzó una serie de paisajes visualmente asombrosos, interpretados en un estilo más expresionista. En Lincoln Park Lagoon (2002), una obra que no se incluyó en la exposición de Atlanta, Sierra reflejó la luz más suave del paisaje de la región central de los Estados Unidos en una forma que nos recuerda mucho a Thomas Hart Benton debido a su cualidad musical y sus sinuosas líneas. Esta cualidad ondulante está presente en varias de las pinturas expuestas en Atlanta. Por ejemplo, en Swimmer No.8 (2002) y Solitude # 2 (2003), los ondulados paisajes parecen danzar en círculo alrededor de las solitarias figuras en el medio. Sus cálidos colores que brillan tenuemente deben parecer un espejismo en los largos e implacables inviernos de Chicago, donde reside el artista.
Sergio García
Mientras Paul Sierra ha sido reconocido como un prominente artista latino desde principios de la década de 1990, Sergio García todavía está en el proceso de surgir en el escenario artístico nacional de los Estados Unidos. García considera la mayoría de sus pinturas como autorretratos, y son también el resultado de una profunda y liberadora lucha psicológica con sus propias pasiones y obsesiones, que se llevan a cabo en la superficie del lienzo. Estos conflictos energizan una serie de tensiones que el artista incorpora a su obra: abstracción versus figuración, crudo manejo del pincel versus el empleo de tonos fríos o, incluso, colores vivos, y, por último, la oscura imaginería que raya en lo arquetípico que él emplea versus el significado positivo que encuentra en estos símbolos.

En Squashed Head (Cabeza aplastada) (1995-2002), García muestra una cabeza cercenada colocada sobre un pedestal pintado en la mitad del papel. A su alrededor, áreas negras crean la impresión de espacio, mientras que gotas de pintura negra sobre luminosos colores sugieren un hecho ominoso. Según el artista, cuando pintó esta obra, estaba preocupado por su reciente divorcio, y anhelaba poder desconectar su cabeza temporalmente para darle un descanso a su mente alterada. Esta búsqueda de alivio psicológico le da a esta pintura una cualidad catártica que es aparentemente confirmada por la intrepidez del color amarillo, lavanda, anaranjado y rosado, a los cuales el negro sólo sirve como intensificador.
García produce sus pinturas sobre lienzo de manera ritual. Coloca el lienzo sin templar en el piso y camina a su alrededor, lanzando primero materiales como cenizas e, incluso, escupiendo sobre la superficie, para mancharlo luego con diversos colores. A continuación, cuelga el lienzo en la pared y “se sumerge en lo desconocido”, porque no sólo pinta sin bosquejos sino también sin saber adonde lo llevará el proceso pictórico. Después de que la pintura está terminada, ataca el lienzo con un cuchillo con el fin de producir pequeños cortes que luego cose, para representar una curación simbólica de las heridas físicas, como en su pintura en medios mixtos War-Man (Hombre de guerra) (2002).
García ha vivido en Miami desde 1961, cuando sus padres salieron de Cuba y se exiliaron en los Estados Unidos. Artista autodidacto, comenzó a exponer sus pinturas en 1990. La música es una parte importante del arte de García: siente una profunda afinidad con Iggy Pop, su roquero favorito y mientras pinta, escucha música con un fuerte sentido del ritmo. Una de sus canciones favoritas es del famoso compositor cubano Benny Moré, un bolero cuya letra incluye la frase “dolor, dolor que llevo dentro, por lo mucho que has llorado”. Al integrar esta música a su proceso creativo, Sergio García transforma su creación de arte en una práctica autocurativa.
FLORENCIA BAZZANO-NELSON
