Pablo Vargas Lugo (Ciudad de México, 1968) es un artista cuya producción nunca deja de sorprender. Su obra se caracteriza por un perfecto y minucioso uso de los materiales, una estética refinada y un contenido conceptual complejo. Se ve una pasión por las formas, los significados, jugar con ellos al intercambiarlos y un notable sentido del humor. La mayoría de sus piezas tienen títulos que juegan con el lenguaje y hablan de un gran conocimiento de la historia del arte, y del mundo en general. Algunas de sus obras más conocidas son la serie de collages de papel calado de formas abstractas pero reconocibles. Sus mapas rotos en cajas de luz hablan de un reacomodo de las partes, jugando libremente con los planos de representación sin volverlos completamente abstractos, sino dejando su esencia visible y reconocible al espectador, cualidad que se repite en gran parte de su producción.
Vargas Lugo exhibe en la Sala de Arte Público Siqueiros una obra que a primera vista desconcierta, pero que ciertamente al experimentarla sorprende y hace reflexionar profundamente al espectador. Vague Statistique se exhibe en El Cubo, sala de exposiciones temporales donde se producen piezas hechas ex profeso promoviendo un diálogo con la obra del muralista que se exponen permanentemente, y el arte emergente.

Al caminar hacia la sala, se ven tres monitores de diferentes tamaños apilados uno sobre otro, acorde a su tamaño. En cada monitor se ven números negros sobre fondos blancos simulando un reloj, que aunque caligrafiados, fueron procesados digitalmente, marcando una ambivalencia entre lo humano y tecnológico, aludiendo a la perfección de ambas maquinarias, así como lo que implica un reloj que va marcando o contando el paso del tiempo o cualquier otro valor cuantificable. De frente a los monitores y cargado hacia el lado izquierdo de la sala, se ve una especie de plataforma color cemento gris y azul de forma indefinida que recuerda vagamente un basamento piramidal y la cual tiene una grieta que la divide en los dos campos de color. A ésta, se puede acceder a partir de un par de escalones y para poder montar en la estructura hay que quitarse los zapatos. La plataforma se va elevando en talud dejando como punto más alto la orilla angular de la estructura. Los colores en la estructura desconciertan y abren más interrogantes, ya que por su forma, parecería ser una interpretación del mar y del océano, pero invertido. Una vez más, como bien dice la hoja de sala, en la obra de Vargas Lugo nada es lo que parece. La obra la completa una proyección de gráficas en movimiento sobre fondo blanco, las cuales salen de un proyector colgado del techo que proyecta las gráficas, tomando parte del piso y de las paredes. Para verlas en pleno, hay que hacerlo desde el extremo más alto y angular de la plataforma.
Ahora bien, si se sube a la plataforma, se camina hacia la punta y se dirige la mirada a la proyección de las gráficas, dejando atrás los monitores, por la misma inclinación de la estructura, se tiene que adoptar la postura física que se toma en la proa de un barco, en la cima de una montaña o acantilado. El movimiento de las gráficas es como el de las olas del mar, el de los relojes caligrafiados no corresponden a ningún orden o lógica aparente en la obra, sino más bien a un conteo sin fin que se repite después de un tiempo determinado, y que marca una relación directa de indefinición ante todos los elementos. Ahora bien, lo poderoso de la obra es la sensación y la experiencia de las partes en conjunto. Por un lado, la postura que se tiene que tomar para ver la proyección en movimiento desde la parte alta de la plataforma recuerda a la retratada en el famoso cuadro de Caspar David Friederich titulado Wanderer above the Sea of Fog de 1818, donde un personaje de espaldas en la cima de una montaña ve hacia adelante, a las nubes y al mundo, con actitud contemplativa, y una postura segura. Esta imagen, emblemática del romanticismo alemán, trata precisamente de eso, de contemplar lo que es inconmensurable. En el caso de Vargas Lugo, contemplar la Vague Statistique (Estadística vaga) que es a su vez un juego de palabras entre una ola estadística, o una vaga estadística. Tanto hacia un extremo como hacia el otro de la plataforma, con los relojes que marcan un ritmo preciso y constante, pero para verlos hay que voltear la mirada, dejar el movimiento orgánico de las gráficas, haciendo imposible ver o experimentar todas las partes de la instalación a la vez. La experiencia es, por lo tanto, acumulable y por pasos.
Vague Statistique es una de esas obras que retan. Si se ve pasivamente, la obra puede ser clasificada como una estructura, tres monitores y una proyección. Pero si se experimenta activamente entrando en la fantasía de que nada es lo que parece, el mundo cambia radicalmente. Encerrado en un cubo totalmente blanco, existe un mundo fantástico donde sólo se requiere entregarse a cambiar los esquemas y aceptar los nuevos referentes propuestos para el artista. Vargas Lugo tiene esa capacidad, la de reordenar al mundo sin caer en la esquizofrenia, sino en el cambio de velo que deja reconocible la esencia intercambiando los valores de representación.
FRANCISCA RIVERO-LAKE
