Cual extracto pequeño de un laberinto creado por Jorge Luis Borges, el sueño dorado del artista chileno Pablo Rivera se erige fuerte y pesado sobre la base de 16 columnas. Es geométricamente perfecto y permite, además, que el ojo despierto del espectador no sólo lo contemple, sino que también penetre en cualquier espacio de su interior. Puede describirse como un cubo desnudo, una estructura sin trama, y lleva por nombre Minimal # 3: The Golden Dream.
La obra conceptual de gran formato, creada en 2001, ocupa (con sus medidas 6 x 7 x 2,20 metros) todo el espacio de la sala RG Celarg, en Caracas. Lo más luminoso en ella son el volumen y las distintas divisiones que exhibe, pues representa, desde el punto de vista de la figura, la recreación irónica del esqueleto de una vivienda social chilena de principios del siglo XXI.
Rápidamente, el visitante captará en la escultura (pues Rivera se hace llamar así: escultor en el sentido de organizar objetos en un espacio) elementos propios del minimalismo, movimiento estético del siglo XX que nació en Estados Unidos, en 1965, y que se reconoce por la simplificación de la forma, es decir, un «arte reducido» que se construye, sobre todo, a partir de la esencia de las estructuras primarias.

A ratos, la imagen fría y solitaria de Minimal # 3: The Golden Dream recuerda la obra del norteamericano Sol Lewitt: el escultor y grabador de Connecticut, quien, desde principios de la década de 1960, empleó armazones modulares tridimensionales (sobre todo el cubo) como una fuente de inspiración para expresar una serie virtual e infinita de combinaciones. Todo esto lo repasamos mentalmente mientras Elisa, una joven estudiante de arte, cruza y cruza, durante interminables horas, las paredes invisibles de las cinco pequeñas habitaciones que conforman la pieza o casa imaginaria.
Por una parte, la propuesta de Rivera funge como una crítica, sin cortapisas, al espacio precario y miserable de las viviendas básicas donde el chileno contemporáneo debe vivir. De acuerdo con sus afirmaciones en algunos medios de comunicación social, el Estado es responsable de dicha circunstancia social. Nada más. Por otra parte, constituye, sencillamente, una excusa estética de la cual el creador se sirve para poder transformar la arquitectura en un objeto mismo.
En cuanto al color, toda la estructura está tapizada con un papel dorado. En detalle, dicho tapiz está constituido por una multiplicidad de pequeños círculos (con una estrella de cuatro puntas en su interior) que se repiten hasta el infinito. ”La idea es que el dorado actúe como una especie de venda en los ojos, al momento de visualizar un problema tan crudo como el de la pobreza”, explica Rivera.
De igual manera, hay que destacar que la obra no está iluminada directamente, con el único propósito de evitar que ese dorado encandile la sala y las pupilas de los espectadores. No obstante, Minimal # 3: The Golden Dream se aprecia bien desde cualquier ángulo, muy a pesar de algunos detalles que, en cuanto al pegado del papel, es posible advertir en los ángulos y empates de las columnas.
Otro dato interesante es que Pablo Rivera concursó con esta escultura en la vigésima quinta edición de la Bienal de São Paulo, que se llevó a cabo entre marzo y junio de 2002. Así mismo, su Minimal # 2 fue mostrado en la exposición ARS 01, Unfolding Perspectives que se presentó en el Museum of Contemporary Art Kiasma, Helsinki, Finlandia, en 2001. En general, su obra —vinculada al temario urbano—, también ha sido apreciada en colectivas organizadas en Brasil (I Bienal del Mercosur, Porto Alegre); y Estados Unidos (Prospect & Perspective: Recent Art from Chile en el Museo de Arte de San Antonio).
El creador, nacido en Santiago de Chile, en 1961, es licenciado en Artes egresado de la Universidad Católica de Chile y, durante un año, cursó estudios en el Royal College of Art de Londres. En la actualidad, se desempeña como profesor de Artes Visuales en el Uniacc y Arcis de Santiago, ciudad donde habita y trabaja.
Los críticos lo consideran uno de los artistas más conocidos del circuito de arte alternativo y han afirmado que su conceptualismo se concibe a partir de la ironía. Desde 1990, sus exposiciones han sido: Fragilidad de zona (instalación con Álvaro Oyarzún), en el Instituto Cultural de las Condes; Digalbondinga en el Museo Nacional de Bellas Artes; Purgatorio (1995), en el Cementerio General de Santiago; Purgatorio (o Decoralia, pieza para parques públicos), en la Feria Persa Bio–Bio; y Menos es más en la Galería Animal. El tema de la belleza, dice Rivera, no le interesa mayormente. ”Pienso que a estas alturas la belleza es un concepto instalado en la cultura. Como artista no debo estar sujeto a un medio, ni menos a un estilo, sino a buscar las herramientas adecuadas para generar mis preguntas”.
PABLO VILLAMIZAR
